miércoles, 2 de septiembre de 2009

Naciones Unidas pide a los países reducir las emisiones de gases

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha dicho que, para hacer frente al desafío de cambio climático en el planeta, se necesitan esfuerzos mucho más decididos por parte de los países adelantados para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero.

A esta conclusión llegaron las Naciones Unidas en su "Estudio Económico y Social Mundial 2009: Promover el Desarrollo, Salvar el Planeta", divulgado hoy en Santiago de Chile por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

La publicación de este reporte tiene lugar pocos días antes de una reunión de alto nivel sobre cambio climático, convocada para el 22 de septiembre en Nueva York por el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon.

El informe señaló que el haberse perdido más de una década desde la adopción del Protocolo de Kyoto en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, sólo añade urgencia a los esfuerzos por cuidar el clima.

Sin embargo, afirmó que si los países desarrollados "comienzan a acompañar sus palabras con las acciones correspondientes, es muy poco probable que sus esfuerzos, por sí solos, sean suficientes para enfrentar el desafío climático".

Según el reporte de la ONU, "el cambio hacia patrones de alto crecimiento y bajo nivel de emisiones para hacer frente a los desafíos del desarrollo y del clima es a la vez necesario y viable".

"La lucha contra el calentamiento del planeta no es posible sin una eventual reducción de las emisiones de los países en desarrollo", lo que implicaría ajustes socioeconómicos potencialmente muy costosos y sin precedentes, en un mundo donde abundas las desigualdades", indicó.

La ONU también planteó que "lograr una transformación como ésa depende de la creación de un nuevo acuerdo global capaz de incrementar los niveles de inversión y canalizar recursos hacia una disminución del contenido de carbono de la actividad económica".

Agregó que la mayoría de los países en desarrollo carecen actualmente de los recursos financieros, los conocimientos tecnológicos y la capacidad institucional para poner en práctica estrategias frente a la urgencia del desafío climático.

Sostuvo que, de acuerdo al marco de responsabilidades comunes pero diferenciadas, "este cambio requerirá que las políticas climáticas de los países en desarrollo tengan un enfoque diferente al que se adopte en los países desarrollados".

En particular, requerirá una nueva agenda de política pública, con medidas de mercado y otras ajenas al mercado, mientras haga énfasis mucho mayor en que el que se ha observado en años recientes en la inversión pública y en políticas industriales efectivas, a ser implementadas por un Estado orientado al desarrollo.

La fórmula en los países desarrollados probablemente implicará un papel más amplio para los mercados de carbono, impuestos y regulaciones.

Para el éxito de ese cambio es determinante "la capacidad de los países desarrollados y en desarrollo de establecer un marco más integrado y programas conjuntos con objetivos comunes en materia, entre otras cosas, de adaptación al cambio climático, gestión de bosques, energía y erradicación de la pobreza".

El organismo reconoce un aumento máximo de la temperatura de dos grados centígrados por encima de los niveles preindustriales como meta para la estabilización de las concentraciones de carbono a un nivel que impida una interferencia antropogénica peligrosa en el sistema climático.

Esto corresponde a una concentración de gases de efecto invernadero (en términos del equivalente en dióxido de carbono (CO2) de entre 350 y 450 partes por millón (ppm) y a una reducción de las emisiones globales para 2050 del orden de 50 a 80 por ciento sobre los niveles de 1990.

El actual desafío es la consecuencia de más de dos siglos de crecimiento sin precedentes y niveles de vida cada vez más altos, alimentados por una cantidad y calidad de servicios energéticos en constante aumento.

Las fuentes de energía tradicionales (biomasa) fueron sustituidas inicialmente por el carbón y (a partir de comienzos del siglo XX) por el petróleo; hoy las fuentes fósiles de energía proporcionan alrededor del 80 por ciento del total de las necesidades de energía.

Estos servicios han estado distribuidos de manera muy desigual, y ello ha dado como resultado una marcada divergencia de ingresos entre el mundo desarrollado y el mundo en desarrollo y enormes disparidades económicas y sociales globales.

El informe indica que "las políticas destinadas a hacer frente a la peligrosa amenaza del cambio climático están muy retrasadas con respecto a la evidencia científica".

Al mismo tiempo, los compromisos internacionales existentes distan mucho de estar a la altura de las promesas, y los progresos en cuanto a nuevos compromisos avanzan lentamente.

"Hay así un estancamiento peligroso en la medida en que los países en desarrollo se esfuerzan por acelerar el crecimiento mediante el desarrollo industrial y una rápida urbanización. La única manera de lograr progresos tangibles es encarar el cambio climático como un desafío de desarrollo", añadió la ONU.

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