martes, 6 de octubre de 2009

Proyecto Censurado: Europa rechaza productos tóxicos de Estados Unidos

David Biello (SCIENTIFIC AMERICAN), Mark Schapiro (DEMOCRACY NOW!) y ENVIRONMENTAL DEFENSE FUND
Traducción de Ernesto Carmona (especial para ARGENPRESS.info)

La desregulación de sustancias tóxicas en EEUU, tales como el mercurio en lápices labiales y los ftalatos (interruptores endocrinos) utilizados en electrónica y juguetes para bebés, no sólo puede traer consecuencias desastrosas para la salud de los estadounidenses, sino también a su posición económica y política en el mundo. Los mercados internacionales hoy se mueven hacia un nuevo modelo europeo que privilegia la seguridad del consumidor y del medio ambiente. Europa promueve una revolución en las exigencias de regulación química para miles de sustancias que finalmente se están evaluando según sus efectos potencialmente tóxicos sobre los seres humanos y el medio ambiente, marcando así el fin de la capacidad de la industria estadounidense de ocultar al público información clave sobre sus productos.

Europa puso en marcha nuevas regulaciones rigurosas y obligatorias para las corporaciones que buscan acceder a sus lucrativos mercados, a fin de que eliminen sustancias tóxicas y ofrezcan seguridad en sus manufacturas electrónicas, automóviles, juguetes y cosméticos. 

Las sustancias químicas peligrosas han sido identificadas en una ley europea que registra, evalúa, autoriza y restringe los productos químicos (en inglés, “European Union’s 2007 Registration, Evaluation, Authorization and Restriction of Chemicals”, REACH), legislación que somete a control a todas las sustancias químicas vendidas en la Unión Europea (UE) en cantidades superiores a una tonelada métrica por año. 

Cientos de compañías localizadas en EEUU producen o importan centenares de sustancias químicas señaladas como peligrosas por la Unión Europea. Enormes cantidades de estos productos químicos se elaboran en 37 estados, y hasta en 87 sitios por estado, según el bioquímico Richard Denison, del Fondo para la Defensa Ambiental, autor del informe “A través del charco: REACH asesta el primer gran impacto en las corporaciones y la industria química de EEUU”. 

De las 267 sustancias químicas potencialmente incluidas en la lista REACH, compiladas por la Secretaría Química Internacional en Suecia, sólo la mitad nunca ha sido probada por la Agencia de Protección Ambiental (EPA, en inglés) de EEUU y solamente dos están de alguna forma reguladas por las leyes estadounidenses. 

Mark Schapiro, autor de “Expuesto: La química tóxica de productos diarios y qué está en juego para el poder estadounidense”, escribió que, según la misma EPA, apenas el 5% de todas las sustancias químicas de EEUU ha sido sometido a una prueba mínima de toxicidad o consecuencias para el medio ambiente. Investigadores de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Berkeley-California estimaron que más de 19 mil millones de kilos de sustancias químicas ingresan cada día al mercado del comercio estadounidense. Menos de 500 de esas sustancias han sido sometidas a alguna experimentación para evaluar sustantivamente sus riesgos, según un informe elaborado por la escuela universitaria del estado de California.

Corrupción mata mercados

Durante la última década, la industria química ha sido la segunda o tercera fuerza más grande de lobby en el Congreso, según el Centro para una Política Responsable. Entre 1996 y 2006, la industria contribuyó con 35 millones de dólares a las campañas electorales federales y pagó entre 2 y 5 millones cada año a los cabilderos de Washington. Las corporaciones químicas también entregaron una cantidad significativa de dinero al cabildeo a nivel de los 50 estados. Por lo tanto, los nuevos requisitos de la EPA incluyen los “costos de la industria” en la determinación de si una sustancia presenta una “amenaza irrazonable para la salud pública” y la imposición de una “regulación menos dura” a la industria.

La desnaturalización de la EPA, de la Agencia de Medicamentos y Alimentos (FDA, por su sigla en inglés) y la promiscuidad con las agencias reguladoras permitió que las corporaciones químicas de EEUU conquistaran un estatus de no-responsabilidad. La consecuencia es que los productos estadounidenses se observan cada vez con más desconfianza en el mercado global. 

Cuando los europeos comenzaron a imponer estándares para proteger a su gente contra los productos peligrosos, la industria química de EEUU empezó a inundar de lobbystas a Bruselas, donde está la sede de la UE. El Parlamento Europeo y la Comisión Europea (que son esencialmente el Congreso y la Casa Blanca de la UE) fueron entonces invadidos por cabilderos de las compañías de lobby Burson-Marsteller y Hill & Knowlton, así como por ejecutivos de la Cámara Americana de Comercio, quienes abogaron por menos rigor para los productos tóxicos. 

Schapiro observó, sin embargo, que el cabildeo de estilo estadounidense en gran parte no funciona en Europa y en muchos casos no tuvo eficacia. 

Estamos viendo un enorme cambio global del poder , donde las corporaciones transnacionales se están adaptando a los estándares europeos, aceptando la noción de que la regulación es realmente buena para el negocio, haciendo irrelevantes los estándares de EEUU.

Como resultado del contraste entre la desregulación estadounidense y el modelo europeo de expansión de la regulación, EEUU se ha convertido en un vertedero para juguetes, electrónica y cosméticos tóxicos. “Producimos y consumimos materiales tóxicos que están prohibidos en otros países de todo el mundo”, dijo Schapiro.

*) Fuentes:
Scientific American. 30 de septiembre de 2008, “European Chemical Clampdown Reaches Across Atlantic”, por David Biello; Environmental Defense Fund, 30 de septiembre de 2008, “How Europe’s New Chemical Rules Affect U.S.”; y Democracy Now!, 4 de febrero de 2009, “US Lags Behind Europe in Regulating Toxicity of Everyday Products”, por Mark Schapiro.
Estudiantes investigadores: Caitlin Ruxton (SSU), Annie Sexton, Gwendolyn Brack, Hallie Fischer, Bernadette Gorman, Paige Henderson, Daryl Mowrey y Taylor Prodromos.
Evaluadores académicos: Robert Girling, Ph.D., y Jeanette Pope, Profesoar de Geología, Sonoma State University y DePauw University.

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