viernes, 20 de noviembre de 2009

Argentina: Aparato represivo, policías y detenciones arbitrarias en Córdoba

Ximena Cabral (PRENSA RED)

Otro caso de abuso policial fue denunciado días atrás. “Mirá, la policía de Córdoba somos distinta al del resto del país ¿entendés? Acá hay cosas que no funcionan, acá la cosa es distinta, aprendelo” le dijo el guardia que tenia esposado y golpeaba a uno de los detenidos que, justamente, es abogado de derechos humanos. Qué queda para los jóvenes pobres que no pueden siquiera pensar en bajar al centro. (Ver video).

Fue en barrio Güemes cuando caía la tarde y había un grupo de jóvenes reunidos. Allí, irrumpe una Cap alegando “control de rutina” y el procedimiento vuelve a repetirse: cuerpos ajustados contra la pared, bastones largos, insultos y otros atropellos.

Lo sucedido el miércoles permite ir ensamblando distintos hechos. Permite otra vez advertir sobre las prácticas de la policía y volver a recordar su lugar dentro del aparato represivo en un sistema donde cada vez hay más pobres y más necesidad de salir a la calle para protestar, para mostrar, para expresar cuando las condiciones de vida son atravesadas por la precariedad, el dolor y la sensación de impotencia.

Ese miércoles, justamente, están reunidos los colectivos “Güemes”, “La Lonja”, “Biblioteca Popular Bella Vista” y otras organizaciones barriales y estudiantiles para organizar un escrache a la Comisaría 10º. Flores blancas de papel con el poema “Cultivo una rosa blanca” de Martí, junto a una declaración en contra del abuso policial, eran parte de las intervenciones que se proponen cuando irrumpe el primer móvil y los pone “contra la pared”.

Sombríos

La policía de Córdoba es distinta a la del resto del país, le aclaraba. El cabo tiene razón. Justamente en estas semanas, en nuestra ciudad están declarando parte de aquellos policías y víctimas del Terrorismo de Estado y que fueron marcando eso “distinto” de la policía del resto del país. En estos días, se completaron los testimonios de la causa Morales y comenzó la de Moyano, los que junto a Albareda integran el caratulado Menéndez II y donde van recorriendo los hechos sufridos por nueve sobrevivientes del terrorismo de Estado: las detenciones ilegales, el encierro clandestino en el D2 y las torturas perpetradas por las fuerzas policiales.

“Uno entra en un lugar de esos y casi ni miraba. Yo sabia donde entraba. Sabia que era eso, donde estaba. Uno sabia que era eso, era el D2, un lugar sombrío (…) salen a chupar gente, era una conversación de todos los días” explicaba Ernesto Albareda, ex policía y hermano de la victima, en la segunda semana del juicio. Lo que irían mostrando los testimonios es que ni las detenciones ilegales, ni las torturas ni las formas de encierro eran “un exceso”, sino parte de una maquinaria represiva.

Después de 33 años –y esto es un proceso que se inicia antes con las prácticas de la triple A- no están enjuiciados ni condenados, los “ejecutantes” del terror están diseminados en las fuerzas y en los servicios de seguridad por un lado. Pero por el otro, es desde la ingeniería estatal donde se siguen sosteniendo prácticas arbitrarias de “asignación de delitos” sobre ciertos sectores de la población. El Estado refuerza su brazo punitivo y Córdoba en esto esta al frente: mas móviles, mas Caps, mas botas y la instrumentación cada vez mas abusiva del Código de Faltas donde bajo la figura del merodeo o la negativa a la identificación cualquiera puede ser puesto “de cara a la pared”.

Estar en la calle

La calle es el lugar de la peligrosidad para ciertas poblaciones. Allí, ese miércoles 11 de noviembre estaban reunidos para preparar la “marcha de la gorra” -movilización que realizan en Córdoba algunos colectivos para denunciar las detenciones arbitrarias a los jóvenes-. Justo en ese momento, irrumpen móviles de la CAP, uno de los abogados de DDHH allí presente les pregunta la causa del operativo y la furia empieza a desplegarse. El abogado intenta presentarse, pide identificaciones; el cabo se pone peor. Llama refuerzos. En solo unos minutos, la zona rodeada de móviles, balas, itacas y gritos.

Una vez llegados a la décima, la violencia no merma: “¡¿Querés mirar?!, ¡date vuelta entonces! (…) “¿querés mirar?, bueno, mirá, mirá bien esta carita, recordala, porque cuando me cruces en la calle voy a ver si aprendiste, vas a ver ahí quien manda, vos andás por la zona y yo también, acordate bien esta carita porque te voy a recordar quién manda cada vez que te cruce”” recuerda el abogado detenido mientras narra el fallido cabezazo en la nariz, los rodillazos al estómago y las trompadas a la cara, a la cabeza entremezclado con algunos insultos “que te pasa putito”, y todo tipo de gestualidad para amedrentar. La violencia y la necesidad de instaurar el sometimiento vuelven a ser las prácticas de esa detención.

Al mismo tiempo, el lugar donde los trasladan ya se constituye en un icono de la represión. En enero se cumplen 10 años de la muerte de 5 chicos detenidos por que a l producirse un incendio en la celda. Los policías no abrieron la jaula. En ese mismo centro de detenciones asesinaron, en el año 2000, a siete jóvenes que estaban detenidos,. A algunos los asfixiaron, a otros los quemaron como respuesta a una protesta por mejores condiciones de detención, convirtiéndose en un centro de torturas, como denuncian en un comunicado desde la Biblioteca Popular Bella Vista

Esta es la segunda vez que en esa comisaría se detiene a un abogado en este año.

El circular, el trasladarse, el recorrer, el ejercer el derecho a la protestas a la expresión parece imposibilitado para ciertas clases y sectores. Este acceso restringido opera vía una criminalización de la protesta social con la pobreza. La calle aparece abarrotada, los barrios sectorizados, e instrumentos que posibilitan el control absoluto del espacio y de los cuerpos que pasan y los que no. Aquí el Código de Faltas, es eso que permite que “la policía de acá no es como la de otra parte”, que si bien no implica que tengan otra tipo de lógicas si permite la impunidad mas descarada y erguirse como el lugar del “desembarco” del Manhatan Institute. Otra vez, la geopolítica de la “seguridad”.

Otra vez, las retóricas del miedo apuntan balas y golpes al mismo lugar. Y son ciertas lógicas sumadas a ciertas prácticas transmitidas “en cotidiano” o de “generación a generación” que muestran los alertas que urgen ser atendidos. Braman desde tiempo atrás.


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