miércoles 11 de noviembre de 2009

Brasil: Hambre Cero, la clave del cambio

Jorge Zavaleta (especial para ARGENPRESS.info)

Guariba, es una municipalidad en el Estado de São Paulo, donde se habla el Tupi Guaraní, una de las setenta lenguas nativas de Sudamérica. Sus cuarenta mil habitantes encuentran en Esperanza, la radio comunitaria, un medio informativo de confianza. A los pocos meses que se inició el Programa Hambre Cero, por iniciativa del Comité Popular, se inauguró un salón de belleza, un buen inicio para el autoestima de las mujeres, que con el pago de un real, pueden recibir atención para sentirse bonitas.

Los gestores de Hambre Cero, programa social clave de la administración Lula Da Silva, recuerdan a un genio llamado Manuel, campesino semianalfabeto, creyente de San Pedro protector de la lluvia en Brasil, porque hace veinte años descubrió que en el amazónico país la sequía no se combate sino se aprende a convivir con ella y con tecnología barata y eficaz se puede conservar el agua de aquellas lluvias que caen del cielo.

La dinámica del Programa Hambre Cero es intensa, provoca una gran movilización nacional, en un territorio de 190 millones de habitantes, de los cuales 12 millones de familias sufren de subnutrición crónica. Ahora hay una creciente participación de iglesias, de sindicatos y ONG y también dificultades para concertar con todos los alcaldes, gobernadores. Las políticas públicas no funcionan aún, porque la privatización de la economía de décadas pasadas destruyó o debilitó las instituciones del Estado. La gente es consciente que no va a salir de su pobreza, pero si se va a reducir drásticamente la miseria en Brasil. Venezuela, Nicaragua, El Salvador empiezan a seguir la experiencia.

Antes, el tema social del Estado era una ocupación de la primera dama. Las mujeres de Brasil que tienen derecho a votar desde 1920 - diez años antes que las de Francia – vivían aisladas de las decisiones políticas y poco podían hacer frente su nación continente, privilegiado por ser uno de los cinco mayores productores de alimentos del mundo, sin mayores catástrofes naturales, ni nieve, ni desiertos, ni temblores, ni huracanes.

En América Latina, casi la mitad de 400 mil niños de 0 a 5 años de edad que mueren por hambre, son del Brasil. El hambre en este país es gordo, a diferencia del África, que convierte a la persona en esquelética. Las investigaciones explican que por razones genéticas y el consumo de agua contaminada, el mayor índice de obesidad está entre los más pobres y en los niños.

La lucha contra el hambre en el Brasil tiene otras razones de fuerza. Además de haber sido el país con 358 años de esclavitud, la más larga esclavitud de las Tres Américas, el problema social ha llegado a la agenda política. El presidente Lula viene de una numerosa familia que vivía en la miseria. Nilo Pecanha, otro presidente en 1909, vino de la pobreza. La diferencia es que el pobre tiene lo indispensable, el miserable no.

Lula en la Asamblea General de la ONU propuso la creación de un Fondo Mundial contra la Pobreza, propuesta que la FAO se hizo eco. Hambre Cero, que también se denomina Hurto Cero, porque el dinero del programa no pasa por la administración de los municipios, está haciendo de Brasil un país menos desigual.

Un paso medular en la política interna es el proyecto de unir los programas sociales, que facilitará bajar el nivel de la indigencia, con la recepción de más recursos por las familias con hijos en edad escolar. El dinero lo recibe directamente cada familia, en su mayoría las madres, eliminándose el mecanismo corruptor que utilizan los regímenes asistencialistas.

Hambre Cero se inspira en las bondades de la microeconomía. Combina las políticas locales con las políticas específicas, como el caso de la tarjeta de alimentación, los microcréditos con tasas de 2% al mes, mientras que en la red privada de bancos sigue siendo 8% ó más. Ese proceso ha pasado por las comunidades eclesiales de base, por los movimientos populares, por la creación de la Central Única de los Trabajadores, del Movimiento de los Sin Tierra, de los movimientos populares, de partidos progresistas.

La economía

Presenta un gran potencial de crecimiento y cuenta con un interesante mercado consumidor, que fue duramente afectado por la inestabilidad a mediados de los años ochenta. En la década pasada las inversiones aumentaron a buen ritmo, en la producción de automóviles, aparatos electrónicos, televisión, bebidas, cemento y otros productos. A pesar de ese pasado con gran inestabilidad política y crítica situación social, ahora, después de la crisis 1997-99, el país atraviesa por grandes transformaciones, y su economía se ubica entre las diez más grandes del mundo.

Los pronósticos fatalistas no se cumplieron y al finalizar el siglo, el producto interno bruto se estabilizó desde la implantación del Plan Real. La balanza comercial mejoró sus resultados al comenzar el 2000, con un saldo favorable frente al déficit del año anterior.

Lula en su primer gobierno se opuso a mantener un modelo económico similar al de su predecesor Fernando Henrique Cardoso. Su gestión se caracterizó por resultados económicos como la baja inflación, alta tasa de crecimiento de PIB, reducción del desempleo, mayor división de ingresos y aumentos de la balanza comercial. La medida económica más notoria ha sido la de liquidar anticipadamente el pago de las deudas con el FMI y el Banco Mundial, paso criticado por los grupos más radicales que le recuerdan a Lula la promesa de cuando estaba en la oposición: el Partido de los Trabajadores (PT) exigía una "auditoría" de la deuda externa y un referéndum para rechazar los dictados del FMI. Respecto a la corrupción, Lula pudo deshacerse rápido de la mafia de funcionaros que medraba con los aumentos de la planilla pública.

Foto: Brasil - Luiz Inácio Lula da Silva. / Autor: Roosewelt Pinheiro - ABR

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