miércoles 11 de noviembre de 2009

El intelectual que se ha ido

Martín Lozada (RIO NEGRO ON LINE)

Días atrás murió Claude Lévi-Strauss, quien estaba a punto de cumplir los 101 años y cuyas contribuciones exceden el ámbito de la antropología y se extienden a lo largo y ancho de diversos saberes sociales. El mismo estudioso que para la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) ha sido uno de los grandes intelectuales del siglo XX.

Nació en Bruselas en 1908, inició sus estudios de Derecho que nunca finalmente completó y logró su licenciatura en Filosofía en la Universidad de la Sorbona en 1931. Tiempo después, a los 27 años, prefirió dejar de lado la vida académica y trasladarse al terreno vivo y caliente del Mato Grosso y la selva amazónica brasileña.

En efecto, tras un breve paso por la docencia secundaria aceptó una oferta para ser parte de la misión cultural francesa en Brasil durante el período de 1935 y 1939, en el cual se desempeñó como profesor invitado en la Universidad de São Paulo. Años en los que, además, organizó y dirigió varias expediciones etnográficas que cimentaron su identidad como profesional de la antropología.

De vuelta en Francia, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, fue enlistado como oficial entre 1939 a 1940. Escapó de la ocupación nazi debido a su origen judío y se trasladó a los Estados Unidos, donde enseñó en la New School for Social Research de New York, entre 1942 y 1945. Hasta su jubilación, en 1982, enseñó en el Collège de France.

En la selva brasileña, ante unos seres con quienes apenas podía comunicarse, el antropólogo se encontró con una evidencia que habría de marcar un punto de no retorno en su construcción teórica: el "buen salvaje" de Rousseau devenido en desecho del progreso industrial europeo.

Será por eso, tal vez, que Lévi-Strauss goza de un lugar preeminente entre los investigadores que afirman que las diferentes culturas de los seres humanos, sus conductas, esquemas lingüísticos y mitos revelan la existencia de patrones comunes a toda la vida humana.

Una de sus contribuciones, en ese sentido, es la tendencia actual a rechazar los enfoques etnocentristas en la investigación etnológica humana en favor de los estudios orientados a comparar las tecnologías de los pueblos otrora primitivos en oposición a Occidente. De modo que hizo de la diversidad cultural un factor esencial de la cohesión social y de la paz, una teoría que en el contexto de la globalización ha venido ganando cada vez más relevancia.

En plena vigencia del poder colonial tuvo el mérito de volver los ojos ante quienes, según las orientaciones científicas de la época, poco podían enseñar. Escrutó a las poblaciones arcaicas y a esos "otros hombres sin historia", que lo iniciaron en nuevas cosmovisiones culturales y paradigmas cognitivos, a punto tal de llegar a definirse a sí mismo como un apasionado americanista.

Las tendencias totalitarias en Europa y la segregación de las culturas definidas como inferiores le permitieron ahondar en la cuestión del trato a otros seres humanos, cuando ellos son definidos como extraños y peligrosos por los estándares de la cultura hegemónica.

Señaló que a lo largo de la historia de la humanidad se emplearon dos estrategias para enfrentar la "otredad" de los otros: la antropoémica y la antropofágica. La primera consistió en expulsar a los otros considerados extraños y ajenos, ya sea prohibiendo el contacto físico, el diálogo, el intercambio social y todas las variedades de convivencia.

En la actualidad, como ayer, las variantes extremas de esa estrategia son el encarcelamiento, la deportación y el asesinato. Sus formas más refinadas consisten en la separación espacial, los guetos urbanos, el acceso selectivo a espacios y la prohibición de ocuparlos.

La segunda se expresó a través de la ingestión y absorción de cuerpos y espíritus extraños para convertirlos, por medio del metabolismo, en cuerpos y espíritus idénticos, no diferenciables del organismo que los ingirió. Las formas que adoptó esta estrategia han ido desde el canibalismo hasta la asimilación forzosa y coercitiva.

Sin embargo, mientras que la primera estrategia procuraba el exilio o la aniquilación de los otros, la segunda se orientaba a la suspensión o supresión de los elementos constitutivos de su otredad.

Lévi-Strauss nos ha dejado un legado de conocimientos y experiencias riquísimas. Uno de ellos, vinculado con las formidables sorpresas que emergen de los grupos humanos que a primera vista pueden parecer insignificantes. Ellos, como la naturaleza misma, acaso enseñen más que todos los manuales y todas las hojas dormidas de los libros.

Martín Lozada es Juez Penal. Catedrático Unesco en Derechos Humanos, Paz y Democracia por la Universidad de Utrecht, Países Bajos.

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