José Mario Zavaleta (especial para ARGENPRESS.info)
Tal como fue anunciado, este lunes 16 de noviembre, el presidente Mauricio Funes rindió homenaje póstumo a los sacerdotes jesuitas asesinados hace veinte años por el ejército salvadoreño junto a dos colaboradoras, entregando la mayor condecoración concedida por el estado salvadoreño a familiares venidos desde España en su nombre. En el país en el que cada vez que se ha tratado el tema o se ha mencionado la posibilidad de la reapertura de las investigaciones de tales crímenes de lesa humanidad, se han mostrado a los sectores más conservadores siempre opuestos y amenazando con conflagraciones e inestabilidad, que haya ocurrido tal hecho de trascendencia que escapa a lo local, resulta como precedente inédito y representativo de las ansias de cambio en la sociedad.
Incluso se han empezado a escuchar voces que propugnan por la abolición de la amnistía, aprobada luego de un amañado juicio contra los supuestos autores materiales, coincidiendo con los esfuerzos por aclarar los hechos en la Audiencia Nacional de España, donde se encuentran procesados los altos jefes militares como autores intelectuales. Curioso ha sido también que quienes en otras ocasiones aparecían retadores cada vez que se les mencionaba acá en el país, en estos días han sido más discretos y no han figurado en los medios de comunicación; y ha sido este jueves que el ex presidente Alfredo Cristiani, presidente de Arena, y a quien se le señala como encubridor de la muerte de los jesuitas, ha aparecido públicamente y ante los periodistas se ha manifestado contra la abolición de la amnistía y la reapertura del caso judicial.
Con un discurso confuso y sesgado de cinismo ante los medios pareció expresar, citando parcialmente al actual rector de la Universidad Centro Americana, UCA, de donde Ignacio Ellacuría y sus compañeros fueron sus baluartes, que con su sacrificio favorecieron la solución del conflicto, y que al haber muerto ellos se logró la paz, por lo que tal desenlace no debiera ser cuestionado por el beneficio que se obtuvo para la sociedad salvadoreña. Sin embargo, pareciera que estos y otros pronunciamientos ya no tienen la influencia del pasado, y muchos sectores sacan pecho para defender la búsqueda de la verdad, la justicia y el perdón.
Precisamente como otro elemento de gran peso es la postura del ministro de Defensa, el general David Munguía Payés, quien luego de calificar el múltiple asesinato como horrendo crimen y grave error de algunos malos miembros de las fuerzas armadas, apostilló que no omitiría pedir perdón en nombre del ejército si las autoridades competentes se lo solicitaban. En El Salvador, nunca un militar de alto rango, había reconocido la magnitud de los hechos, y mucho menos aceptar la posibilidad de pedir perdón por los agravios, ante la sociedad salvadoreña, y los familiares de las víctimas.
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