viernes, 11 de diciembre de 2009

Bolivia después de las elecciones

Eduardo Paz Rada

Si bien estaba “cantado” que Evo Morales conseguiría la reelección presidencial en la primera vuelta para conducir Bolivia durante los próximos cinco años, que probablemente se convertirán en diez, no era muy claro cuáles serían los márgenes de control en las regiones que habían sido el reducto de la oposición neoliberal y conservadora durante los últimos cuatro años.

Los sucesivos triunfos de Morales, en elecciones, consultas y referéndum, desde 2005, tienen como fundamental antecedente la rebelión popular de octubre de 2003 que tiró abajo todo el ensamblaje del sistema político y de partidos que habían llevado adelante la política neoliberal que destruyó la estructura económica del país y entregó los recursos y empresas estratégicos, la tierra y la administración financiera a las transnacionales y a la oligarquía local.

Fueron las consignas de recuperación de los recursos naturales, especialmente el gas, y del estado a través de una Asamblea Constituyente y de expulsión de los políticos corruptos las que marcaron los últimos seis años de la vida nacional. Este impulso social, impuesto por los movimientos populares, tuvo su continuidad y proyección en la derrota de los sectores oligárquicos y terratenientes de Santa Cruz, Beni y Pando en septiembre-octubre de 2008, incluyendo la expulsión del Embajador de Estados Unidos en Bolivia.

Ahora, con la verificación electoral, los desafíos del gobierno se abren a nuevas perspectivas. El programa de gobierno presentado por el Movimiento Al Socialismo (MAS) está claramente orientado hacia el desarrollo clásico de la sociedad moderna, bajo la consigna de “Revolución Industrial, Vial, Tecnológica e Institucional” que plantea romper la colonial exportación de materias primas. El discurso indigenista ha pasado a un segundo plano al igual que la “Revolución Democrática y Cultural” sostenida durante el periodo 2006-2009.

Evo Morales, a tiempo de agradecer el apoyo del pueblo boliviano, manifestó que es hora de acelerar el cambio, ponderó el voto recibido de las clases medias y respondió con una referencia antiimperialista del proyecto de los países de la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA) cuando grupos de manifestantes coreaban “socialismo, socialismo”.

Al haber sido pulverizada la oposición conservadora, han comenzado a surgir voces empresariales para sumarse abiertamente al proyecto de gobierno, por una parte, y los grupos opositores regionales a reagruparse para buscar mejores resultados en las elecciones de Prefectos o Gobernadores en las elecciones departamentales y municipales de abril de 2010, donde podrían rearticularse los sectores oligárquicos.

Por otra parte, en el seno de las fuerzas políticas y sociales que respaldan a Morales comienzan a removerse tendencias que se han manifestado tibiamente hasta ahora. Los sectores indigenistas buscan un mayor protagonismo en las instancias gubernamentales, los bolivarianos una mayor vinculación y compromiso con los postulados latinoamericanistas y de integración económica y política, los izquierdistas una definición socialista y los liberales mantener las buenas relaciones existentes con las trasnacionales petroleras, mineras y financieras.

Finalmente, el contexto regional y mundial va a marcar también los pasos del segundo mandato de Evo Morales. La multipolaridad ha abierto varios polos que pretenden hegemonía económica, especialmente con la emergencia de China, India, Rusia y Brasil que se suman a la Unión Europea y Estados Unidos, y buscan recursos naturales, con poderosas transnacionales, que tiene Bolivia. Regionalmente, los probables cambios de timón político en Brasil, Chile y Argentina, junto a la estrategia militar imperialista manifiesta en Honduras y Colombia, abren un juego geopolítico aún indefinido.

Bolivia junto a otros países, en la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) y la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA) tienen un gran desafío en puertas.

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