viernes, 11 de diciembre de 2009

Bolivia y la determinante cultural

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

En Bolivia, se reeligió a Evo Morales hasta 2015 con un apoyo electoral amplísimo.

Este resultado demuestra que los que auguraban la desestabilización de Bolivia al vencer en las elecciones presidenciales de diciembre de 2005, no solamente estaban equivocados, sino que se posicionaron con aquellos que aventuraban un futuro derrocamiento de su gobierno, o un colapso del estado.

En Bolivia se ha abierto la posibilidad de que las metas de desarrollo se planteen desde la comunidad. Al mismo tiempo pocas veces en la región se presentan las condiciones favorables como en Bolivia con este gobierno, para que esas metas tomen en cuenta las determinantes culturales en ese desarrollo.

No es fácil, porque hay resistencia desde la concepción del poder ortodoxo al que han estado acostumbrados los poderes del estado occidental, y el tema central consiste en generar la gestión adecuada frente a un enorme desafío histórico como muchos han señalado.

Es útil destacar que una serie de agencias externas operando en Bolivia que debieron mantener estricta neutralidad, se acoplaron a esa tendencia de anticipar la desintegración del estado boliviano, por los efectos que causaban las medidas de protección nacional, reivindicación social y transformación del estado aplicadas por el Gobierno de Morales.

La determinante cultural implícita y explícita que emanaba del proceso lanzado por Evo Morales y su gobierno, de alguna forma se extraviaba en el lucrativo tráfico de ideas acerca del desarrollo optimo para Bolivia, especialmente estimulado por la legión internacional por el desarrollo.

Este nuevo triunfo del líder del MAS, reclama una profundidad de análisis que no ha sido posible hasta el momento especialmente en aquellas instituciones externas que les corresponde, en primer lugar, analizar fenómenos políticos de la naturaleza que se presentan en Bolivia, sin sesgos u opciones de intereses corporativos particulares.

Esos fenómenos políticos están relacionados con demandas sociales y promesas de transformaciones que generaron grandes expectativas a comienzos de los años 50 y que no se han cumplido por la estructura del poder en Bolivia.

Los cinco años que Evo Morales completa ahora gobernando, no han sido suficientes para alterar en un grado mínimo esa estructura de poder y comenzar a transformar el estado. Ahora pareciera ser que tiene la oportunidad con una ampliación de sus poderes y la prolongación de su mandato.

El estado boliviano no colapsó y Bolivia no es un país con la inestabilidad puesta al límite como se auguró e n la academia y en el foro político en 2005.

En el registro analítico (oficial) de la situación en Bolivia, sobre el cual operan las agencias externas, - los informes de desarrollo humano son un buen ejemplo- se presenta el caso de una sociología política saturada de sus propias elucubraciones acerca de “lo que es bueno para Bolivia”.

Al estar elaboradas con la usual perspectiva desde la cúpula de la gestión y no desde la base social o desde la comunidad considerando la variable cultural, su mensaje ha perdido efectividad.

Las ideas de “lo que es bueno para Bolivia”, basadas en modelos de democracia y gobernabilidad concebidos desde la perspectiva “occidental” europea o estadounidense, han llevado a malgastar muchas energías en la discusión teórica y se ha perdido de vista jerarquizar los problemas y entrar más de lleno en las soluciones.

Es el reclamo que justamente plantea el trabajador social indio Bunker Roy desde su proyecto en Tilonia, India. El piensa por ejemplo, que las metas de desarrollo para el milenio acordadas por los países a través de la ONU, y que se deben cumplir en 2015, son metas que no se planificaron desde la comunidad, por eso no se cumplirán.

El elemento de prejuicio frente a la identidad indígena en una situación política de nuevo contexto de poder que se cristaliza, y que se ha observado en el análisis convencional acerca de la gestión de Morales, es similar a los prejuicios que exhibían las agencias internacionales que intentaban en los años 60 y 70 apoyar a India para salir del subdesarrollo.

“No trates de encontrar una lógica o tu lógica en India y sus decisiones”, advertía un funcionario británico remanente de la época colonial con la lección aprendida, a las legiones de oficiales occidentales que se incorporaban al proceso indio de salir del subdesarrollo y la extrema pobreza.

En Bolivia está sucediendo algo similar con el uso exagerado de la lógica occidental, es así que ese vaticinio de que con Evo Morales el estado colapsaba, cayó en el vacío. ¿Cual estado?, valdría preguntarse.

Más que aconsejar desde los minaretes o poderes corporativos externos “lo que es bueno para Bolivia”, el ejercicio de vincularse con el destino de Bolivia debería consistir en primer lugar en comprender el esfuerzo de transformación de un Estado que se ha hecho bien explícito en el programa del MAS.

Posteriormente, el apoyo a ese proceso es una consecuencia natural en el caso que la comprensión sea la adecuada.

El gobierno de Evo Morales con un mandato confirmado, presenta la oportunidad para la participación comunitaria en los planes de desarrollo.

Esto significa al mismo tiempo que se presentan las condiciones favorables para que esas metas consideren la determinante cultural en esos planes.

Si el 62 % de apoyo a la gestión de Evo Morales es real y corresponde a las aspiraciones de una mayoría, en esta era, pocas veces en la región, y quizás en el mundo, se han dado las condiciones políticas para una transformación del estado y una concepción del desarrollo, desde la base cultural.

Bolivia se transforma en país pivote y habrá que estar alerta para que la oportunidad no se distorsione.

Este no es un triunfo político más, de un líder o de un partido. Es la posibilidad para que la región observe y participe de un nuevo proceso que genere bienestar real a las personas desde la perspectiva de aspiraciones consultadas y no impuestas desde las elites del poder.

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