viernes, 18 de diciembre de 2009

Discusiones bizantinas

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)
Este dicho tiene su origen en las interminables controversias teológicas de los cristianos del Imperio Bizantino en la Edad Media, sobre el sexo de los ángeles o sobre si la luz del monte Tabor en la resurrección de Jesucristo era creada o increada, o sobre la naturaleza humana o divina del Salvador o la conveniencia de emplear representaciones antropomórficas.

La cosa no hubiese trascendido, de no ser porque los debates se produjeron cuando los turcos estaban a punto de conquistar Constantinopla y los eruditos de Bizancio, en lugar de dar prioridad a pensar en cómo defenderse de los enemigos perdían el tiempo en discusiones angelicales. La expresión “discusión bizantina” se utiliza hoy para ridiculizar las discusiones intrascendentes y ociosas de las personas que no tienen en cuenta los problemas reales y acuciantes.

Y cuando el planeta se nos viene abajo por el derretimiento de los polos y todo apunta a una hecatombe si no se toman severas y urgentes medidas, bizantina es la polémica interminable en este país sobre muchas cosas inacabables. Por ejemplo, es tan bizantino como asombroso a estas alturas de la Historia que dos naciones soberanas -Alemania y Austria-, hablando el mismo idioma, sean absolutamente independientes la una de la otra, y que en este necio país a lo largo de los 31 años de democracia corran tantos ríos de sangre en uno de sus territorios, y ríos de tinta acerca de la identidad de los otros dos hablando el territorio en cuestión un idioma bien diferente del que habla el Estado que los retiene. Se comprende que me estoy refiriendo a Euzkadi, a Catalunya y a Galiza.

Porque no sólo los políticos y los juristas, también los intelectuales de más o menos fuste y los politólogos, como aquellos bizantinos de la Edad Media, se dedican a desmenuzar términos y palabras cuyos significados son tan próximos entre sí que sólo difieren en la medida que los amantes de buscar tres pies al gato se obstinen en que difieran.
Es cuanto menos de una ridiculez espantosa carecer de amplitud de miras en cuestiones como ésta. Ridiculez que pone en evidencia hasta qué punto la inteligencia de los humanos, y más si son hispanos, deja tanto que desear en cuanto prescindimos de los genios y sus genialidades.

Porque ¿no veis paralelismos muy ajustados en estas contiendas retóricas entre los partidos mayoritarios (que siguen empeñados en Una, Grande y Libre, como definía el franquismo a España como feudo) y los "nacionalistas" de los territorios singulares que no están dispuestos a renunciar a la empresa de quitarse de encima la bota de aquellos reclamando toda la soberanía? ¿Acaso esa resistencia no es, por una ley física, la fuerza centrífuga de la misma intensidad que la centrípeta ejercida por los gobiernos centrales que se van sucediendo que cuenta con el refuerzo de los políticos que se emboscan y toman la apariencia de juez y magistrado?

¿No es bochornoso e infantil que todo el rifirrafe del Estatut confrontado con la Constitución gravite en torno a los conceptos "nación" y "nacionalidad", y a la resistencia de los centralistas a reconocer los símbolos nacionales -la bandera, la fiesta y el himno- de Catalunya, como dice el art. 1º del Estatut?

Como aquí no hay más remedio que ser rotundos para zanjar las discusiones bizantinas elevadas al altar de la solemnidad, lo que debe ser España, y cuanto antes, ya que la parte que tiene el dinero, el poder y las armas no quiere otras razonables soluciones sobre el asunto es, un Estado Federal. Luego ya se irá viendo en qué medida a los Estados que lo configuran les interesa o no participar del mismo o existir como Estados absolutamente independientes. A esto se le llama Libertad, y no a las pantomimas que los expertos en ellas nos obligan a presenciar un día tras otro hasta el tedio y la indignación porque no hacen más que ofender a la inteligencia de todos; pero especialmente de los que, mayores de edad para gobernarse a sí mismo, desean la independencia pues no soportan a los menguados, a los cortos de miras y a los necios que les quieren mangonear.

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