viernes, 11 de diciembre de 2009

El “educador” Posse y la Revolución de Mayo, al aproximarse el bicentenario

Víctor O. García Costa (especial para ARGENPRESS.info)
Como se suele no tener memoria, al momento de producirse la insólita designación del escritor Abel Posse como ministro de Educación de la ciudad de Buenos Aires, precisamente cuando nos acercamos al Bicentenario de la Revolución de Mayo, única revolución triunfante en nuestra América al punto de que jamás un godo volvió a gobernar en estas tierras, nos ha parecido interesante recordar que, en su carácter de embajador argentino en Checoslovaquia, desde Praga envió al diario La Nación un artículo de su autoría, que el matutino publicó en su edición del 25 de mayo de 1995 bajo el título "25 de Mayo de 1810, o la tentación de existir".

Siempre hemos pensado, y así lo hicimos saber entonces al canciller argentino Guido Di Tella, que tanto el ciudadano como el escritor Abel Posse estaban en libertad absoluta de decir y escribir sobre lo que creían y pensaban, así como de alinearse junto a los "godos" frente a los "criollos" en la secular lucha ideológica de los argentinos y hasta de pretender pasar en sus escritos, de contrabando, sus europeos amores.

Pero el embajador Posse no tenía esa libertad y mucho menos desde la representación que ostentaba de la Nación Argentina, que había nacido, precisamente, ese 25 Mayo de 1810, y menos aún utilizando su ironía para ridiculizar, tratando de inconscientes manejados y de provocadoras sexuales a los hombres y mujeres que con sus virtudes y sus dedefectos habían hecho posible la existencia de esa Argentina que era fundamento de su representación diplomática.

El embajador Posse se burló entonces cínicamente de los orígenes revolucionarios de la Nación a la que él representaba en Praga en forma onerosa, y lo hacía reiterando una antihistórica interpretación "goda" que remató con la insensata convocatoria para que los argentinos nos hiciéramos suizos.

El debate entre "godos" y "criollos" no es nuevo entre nosotros, al punto que es muy anterior a la propia Revolución de Mayo, pero es a partir de ella que cobró definitiva significación.

El artículo del embajador Posse fue un pretendido nuevo acto de erostratismo, como el que para trascender cometió Eróstrato, que mandó quemar el templo de Diana en Efeso, seguramente esperando que algún otro Teopompo lo hiciera figurar en la Historia.

En su pretendida ridiculización del carácter popular de la Revolución, llegó a decir el embajador Posse que, al tiempo de la misma, las gallinas andaban picoteando en la puerta del Cabildo. Dijimos entonces y lo reiteramos ahora que de esas gallinas, del mismo pedigree, habían salido descendientes que se paseaban por la calles de Praga en 1995, especialmente en las veredas de la Embajada de la Nación Argentina y que ahora, desde hace dos días, andan por el Palacio Municipal de la ciudad de Buenos Aires.

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