miércoles, 2 de diciembre de 2009

Hablemos claro

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

En la izquierda, antes radical ahora real, metida en los partidos hay un partido en cada miembro del partido. Eso es lo que nos hace desesperar de su triunfo jamás. La inteligencia de todos y cada uno de los que profesan el pensamiento comunista en tiempos que van frontalmente contra él en todas partes y fundamentalmente en los centros de poder, es altísima.

No hay nadie, y el número de los pocos que pueda haber termina siendo irrelevante a esos efectos, que esté dispuesto a someterse a la inteligencia de Uno o de unos pocos por mucho tiempo. El sometimiento o la docilidad se aceptan a regañadientes y por poco tiempo, son precarios. Duran lo que dura el primer objetivo pero no los siguientes ¿Cuántos conocéis que habiendo estado en el partido comunista de origen, no hayan ido a parar luego a otro partido y a otras siglas y luego a otras, y otras… y así sucesivamente, buscando la rada donde se abrigan sus auténticas ideas personales? No hay más que ver las inusitadas lecciones sobre justicia, libertad y organización que se dan los lectores y los autores entre sí, mientras que en las otras filas, en la FAES, a duras penas liquidan el pensamiento del partido con un par de ideas, y su acción con una sola directriz.

El muro que impide traspasar la conciencia de un fin común, de un proyecto común y de unas esperanzas razonables de acceder al poder es tan espeso, que no vale la pena luchar gregariamente. La única lucha que debemos librar es la que podamos mantener en solitario. No repitamos que ”la unión hace la fuerza”, pues ese es un adagio sabio de la izquierda real que sólo fructificó a principios del siglo pasado, y se ha mantenido a duras penas en un par de países que han terminado por ser simples testimonios de lo que fue el pensamiento comunista. Pero dudo mucho que vuelva a tener sentido entre nosotros, entre tanta mente autónoma y disgregada como hay en la izquierda real, y mucho menos que ésta sea capaz de triunfar.

¿Cuántos de los jerarcas, desde comienzos de la democracia, que manejan en España a los partidos comunistas son tan intrépidos y despectivos con el poder de hecho, con la monarquía, con la banca, con la aristocracia, con el empresariado de altos vuelos… como humildes con sus correligionarios? ¿Cuántos no se han encumbrado, aunque no se hayan enriquecido, y no se conforman con ser la conciencia, débil, de un ayuntamiento o de una Comunidad?

Es lamentable que el pensamiento marxista, comunista, anarquista y libertario no sepan agruparse cediendo -como hay que transigir en todo pacto- de manera duradera y firme, para ir haciéndose poco a poco o de golpe con el poder político y con el de hecho. Hay modos, hay caminos y praxis, aunque en su recorrido haya que renunciar a ciertas cotas de honestidad moral que ya no están de moda. La suma de las altísimas inteligencias de los componentes de ese pensamiento debiera bastar y sobrar para lograr el éxito. Pero resulta que al igual que el capitalismo se va agrietando a lo largo de los siglos pero ahí está, ni siquiera la paciencia comunista florece en el poder más que para fotografiarse con el rey o para dar reducidos mítines a unos puñados de ociosos, exaltados y siempre tan voluntariosos como ingenuos.
Creo, resueltamente ya, que la izquierda real de España, con expectativas serias de poder está absolutamente atomizada, es decorativa y sólo tiene cabida en la Internet.

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