lunes, 1 de febrero de 2010

Venezuela: 2010 y sus desafíos

Martín Guédez (especial para ARGENPRESS.info)

Del Funcionario al servidor público, del partido para ganar elecciones al partido de cuadros.

2010 es un año cargado de desafíos y resoluciones revolucionarias trascendentales. El Imperialismo restaurador viene a por lo suyo y no dará tregua. El objetivo de extirpar la Revolución Bolivariana y con ella todos los procesos libertarios que a su influjo recorren hoy su otrora tranquilo “patio trasero” está hoy claramente descubierto y en pleno desarrollo. La mejor –acaso la única- forma de derrotar a un enemigo consiste en descubrir su estrategia. En el cumplimiento de sus planes el imperialismo no descarta nada para lograr su objetivo. Desde la utilización de los mecanismos que le ofrece el marco jurídico burgués que aún persiste, hasta la salida siempre presente del golpe de estado en sus diversas versiones.

La Revolución Bolivariana enfrenta un enemigo poderoso, sagaz e inteligente, pero sobre todo, un enemigo sin escrúpulos, amoral y asesino. El ejemplo cubano –que para algo tienen que servir los ejemplos- es un libro abierto. Sólo un pueblo movilizado, consciente, decidido y con clara percepción del plano en el cual se produce este enfrentamiento puede detenerlo y vencerlo. Esta movilización popular debe alcanzarse aún en medio del hándicap que significa la presencia de un aparato burocrático estatal que, en lo fundamental, sigue siendo el mismo que sirvió de instrumento de opresión a los gobiernos burgueses a lo largo de nuestra historia republicana. La Revolución tiene que alcanzar un grado de eficiencia y calidad tal en la prestación de sus servicios a la sociedad como gobierno que desarme toda posibilidad de ataque de la derecha. Una revisión a fondo de todo el funcionariado estatal es imprescindible. Servidores públicos y no funcionarios debe ser un objetivo radical del gobierno revolucionario. El paso del objetivo propuesto por la dirección revolucionaria a su realización en forma excelente debe ser el más corto posible. Para ello se debe implementar un sistema de medición y contraloría en la ejecución de tareas absolutamente inflexible. Desde gobernadores, alcaldes, diputados, concejales, gerentes de institutos autónomos, hasta el servidor público que atiende directamente a las personas en sus necesidades cotidianas, tienen que demostrar solicitud, buen trato y eficiencia o ser removidos.

Por otro lado urge la tarea de dotar a la Revolución de un partido capaz de ser el corazón eficiente del motor revolucionario como instrumento imprescindible para alcanzar la ansiada eficacia con precisión quirúrgica. La necesidad impuesta por el sistema “democrático” burgués de disponer de un partido para ganar elecciones no puede soslayar la necesidad de tener también un partido de cuadros bien formados, ideológicamente claros y sólidos, comprometidos hasta la vida misma con los valores socialistas que deben transmitir y comunicar desde la ciencia y el ejemplo. Esto implica una definición doctrinaria precisa, clara y contundente, una definición doctrinaria que sirva de azimut a todos y marque con claridad el rumbo. En este sentido, el sistema de medios públicos debe jugar un papel de primera línea a fin de alcanzar los fines de dar a conocer, educar y formar en los valores socialistas al punto de generar en nuestro pueblo verdadera conciencia revolucionaria. De la mano de esta intensa campaña con todos los medios al alcance de la Revolución, el trabajo insustituible de inserción y contacto cara a cara, calle a calle, fábrica a fábrica, barrio a barrio, corazón a corazón y piel a piel. Nos dará la victoria.

En el aspecto doctrinario hemos de sacudirnos de toda vacilación. La presencia de propuestas reconciliadoras y ambiguas es engañosa y sólo conduce al reformismo capitalista. Una sociedad socialista nunca se alcanzará en convivencia con el cáncer de la explotación del hombre por el hombre, característica fundamental del capitalismo. Son modos totalmente excluyentes de concebir al ser humano, a la vida, a la naturaleza y al mundo. Cualquier forma de coexistencia táctica con formas de economía capitalista tiene que ser exactamente eso: una coexistencia táctica destinada a su superación a favor de una sociedad, unas relaciones humanas y una economía socialista. De modo que admitir el sentido táctico de una coexistencia no puede asumirse como la aceptación de una forma de explotación económica radicalmente rechazable, no por alguna forma de integrismo doctrinario sino porque el capitalismo y sus antivalores son el camino al infierno y el fin de la especie humana por más caretas “humanistas” que se ponga.

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