miércoles, 31 de marzo de 2010

El impacto social de la Asignación Universal por Hijo

Irina Santesteban (LA ARENA)

Un estudio reveló datos del impacto económico, social y educativo que ha producido la Asignación Universal por hijo, en los primeros cinco meses de su implementación.

A pesar de los gritos agoreros de algunos dirigentes de la oposición, que pronosticaban para la Argentina la peor de todas las crisis para fines del año pasado, la realidad, aunque dura y difícil para la mayor parte de los argentinos y las argentinas, muestra algunos indicadores positivos. Claro que en un país capitalista y dependiente, con una fuerte desigualdad en cuanto a la distribución de la riqueza, esos datos son más o menos positivos según el cristal con que se mire, o el bolsillo con que se cuente.

Aún en el peor año de la crisis económica mundial, el pasado 2009, en Argentina hubo sectores que tuvieron grandes ganancias, por caso, los bancos, que ganaron un 68 por ciento más que en 2008, o las automotrices, a las que se augura un año récord en cuanto a ventas. Y para las patronales agropecuarias, que tantas protestas realizaron en 2008 en contra del aumento de las retenciones, también se anuncia un gran año en este 2010 del Bicentenario, pues se calcula que la cosecha récord que habrá este año, dejará en ese sector veinte mil millones de pesos más que los que vienen cosechando copiosamente en los últimos años.

Claro que esta buena situación es la de algunos sectores de la economía, los que siempre ganan o por lo menos, si hay pérdidas, pueden trasladarlas hacia abajo. Pero muy distinta es la situación en los sectores más humildes, ésos que fueron devastados por todas las crisis, en especial la de 2001-2001, cuando millones de desocupados y subocupados, y más millones de trabajadores a quienes se les había devaluado un 300 por ciento sus ingresos (por decisión del entonces presidente que ahora quiere volver a ser, y promete perdón para los crímenes de lesa humanidad), a ésos el crecimiento económico les llega en cuenta gotas, cuando les llega.

Reclamo popular

La Asignación Universal por Hijo fue una propuesta que vino del campo popular, desde la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) y el Frente Nacional contra la Pobreza, que a fines de los 90 proponía una Asignación Universal de 380 pesos, para combatir los altos índices de pobreza que había entonces en el país, mediante un shock distributivo, con un fuerte impacto en la economía.

Aunque varios años más tarde y con un monto menor (la mitad), el gobierno de la presidenta Cristina Fernández implementó la Asignación Universal por Hijo (AUH), destinando para ello los fondos de la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSeS), ampliados luego de la eliminación del sistema de jubilación privada, de las Administradoras de Fondos de Pensión (AFJP). Este sistema había sido instaurado por el menemismo en los 90 y fue uno de los saqueos más grandes en cuanto a la apropiación por parte de los bancos (dueños de las AFJP) de los aportes de los trabajadores activos, pues del 11 por ciento que aportaba cada empleado, la AFJP se quedaba con casi un 4 por ciento.

La AUH beneficia a todos los hijos de los desocupados o trabajadores informales, con una suma mensual de 180 pesos, de la cual perciben efectivamente todos los meses el 80 por ciento (144 pesos), y el resto se abona una vez al año, luego de acreditar la escolaridad del niño o adolescente, o presentar el carnet de vacunas obligatorias completo, en el caso de los niños menores de 5 años.

Escolaridad

¿Qué dicen los datos del informe del Ministerio de Economía respecto al impacto de esta asignación? En primer lugar, que hoy perciben ese beneficio 3,4 millones de niños y adolescentes, menores de 18 años, quienes además recibirán hasta el próximo 30 de abril una Libreta Nacional de Seguridad Social, Salud y Educación, donde deben registrarse los controles médicos, los esquemas de vacunación, la inscripción al Plan Nacer en el caso de los menores de 5 años y la asistencia a la escuela.

Cabría preguntarse por qué esa libreta, tan necesaria para que el Estado tenga un registro invalorable sobre la situación de la niñez y la adolescencia, su escolaridad, su estado de salud, etc., no es una obligación para todos los menores de 18 años, algo así como el documento de identidad de la infancia, aún para aquellos que pertenecen a sectores con mejores recursos, pero que no siempre eso es signo de una mejor atención escolar y de salud.

Segundo, que aumentó la escolaridad aproximadamente en un 20 por ciento en el nivel primario y entre un 25 y un 40 por ciento en la secundaria. Así se demuestra el grado de deserción escolar que existía y aún existe en nuestro país, sobre todo entre los y las adolescentes.

Otros beneficios

Juan Carlos Tedesco, ex ministro de Educación y actual director del Instituto de Planificación Educativa, que depende de la Presidencia de la Nación, dice que "el impacto es mayor en adolescentes porque es en el segmento en el que en los últimos años hubo más abandono. Se están construyendo más escuelas y aulas para responder a la demanda. Ahora el desafío es mantenerlos en el estudio. Son jóvenes que ingresan a clase con compañeros de menor edad, que han estado fuera de la cultura del estudio y vienen con problemas sociales arrastrados por años. Pero lo importante es que volvieron". (Página 12, 27/3/10)

En tercer lugar, la AUH provocará también un efecto positivo en cuanto al cumplimiento de los planes de vacunación y los chequeos anuales en los niños menores de 5 años, pues es uno de los requisitos para percibirlo, además de la inscripción obligatoria en el Plan Nacer para los pibes de hasta seis años, un seguro médico que garantiza 71 prestaciones de salud.

Aunque los economistas han resaltado el impacto económico que ha tenido la AUH, en cuanto al aumento de las ventas en supermercados de barrio y en las ventas de alimentos de la canasta básica, la consecuencia más importante y positiva es el inocultable mejoramiento de la situación de la niñez indigente y pobre en la Argentina. No sólo porque ahora esas familias perciben un ingreso de hasta 720 pesos (por un máximo de 5 hijos), que serán destinados fundamentalmente a la compra de alimentos, sino porque eso ha provocado una vuelta a la escuela de niños y adolescentes que habían desertado, en casi todos los casos por causas relacionadas con la pobreza y la indigencia.

Todavía falta

Pero para que la consigna "Ningún Pibe con Hambre en la Argentina" sea una realidad, el gobierno debería perfeccionar y ampliar ese plan, por ejemplo:

Aumentar el monto de la AUH, llevándola a 350 pesos, con la misma modalidad que tiene hoy, que se percibe el 80 por ciento todos los meses y el 20 por ciento restante una vez al año, luego que se demuestra el cumplimiento del requisito de la escolaridad y de los controles médicos.

Que sea universal, que lo perciban todos los trabajadores, aún los formales, aunque se podrían establecer montos diferenciados para beneficiar con mayores sumas a los desocupados y los trabajadores de menores ingresos.

Que no haya límites en la cantidad de hijos, que hoy se estableció en cinco. Hay muchas familias con más de esa cantidad de hijos menores de 18 años. No hay razón para que el sexto, séptimo u octavo hijo queden fuera de la AUH.

Que se amplíen las redes de contención por parte del Estado nacional, las provincias y los municipios, para que por medio de trabajadores sociales se haga un efectivo control de las familias que perciben el ingreso de la AUH, pero que aún continúan en riesgo, por diferentes causas. Por ejemplo, aún cuando hayan disminuido los índices de pobreza e indigencia, sigue habiendo niños en las calles y trenes, en especial en las grandes ciudades. ¿Esos niños están recibiendo la Asignación? Si es así, hay que trabajar con la familia para que esos niños no estén las calles, mendigando, y expuestos a todos los riesgos que esa situación puede acarrearles.

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