martes, 23 de marzo de 2010

Enriquecimiento de Blair

Eduardo Ibarra Aguirre (FORUM)

Primer ministro del Reino Unido de 1997 a 2007, Anthony Charles Lynton Blair no tuvo inconveniente en contar en varias entrevistas tras abandonar el cargo: “Es increíble cómo muchos de mis amigos del colegio y la universidad han acabado siendo tan ricos”.

Que la frase de Tony Blair expresaba más que una queja, una profunda insatisfacción consigo mismo, tras una carrera de más tres décadas -si tomamos como referencia su afiliación al Partido Laborista en 1975-, incluso una meta a cubrir en plazo perentorio, lo prueba Íñigo Sáenz Ugarte: “Ha reunido en poco tiempo un patrimonio de entre 16 y 22 millones de euros” (Público, 20-III-10, p. 12).

En la aldea dominada por el gran capital es lícito el enriquecimiento de los otrora jefes de Estado mutados en asesores e integrantes de consejos de administración de trasnacionales. Pero no lo es cuando se labora para los corporativos que se beneficiaron con privatizaciones decididas desde la cúspide de la República, como es el caso del plurinominal –por la diversidad de nominas en las que cobra- Ernesto Zedillo Ponce León, sin que autoridad ministerial y judicial lo moleste, mucho menos su partido, el Revolucionario Institucional.

El autor de La tercera vía -postulado con el que muchos se entusiasmaron enseguida del retroceso histórico del socialismo realmente existente en Europa, y el consecuente abatimiento de conciencias, por una parte, y por la otra el avasallamiento de la aldea global por el capitalismo salvaje-, redujo las expectativas sembradas a una estrecha alianza geoestratégica con George Walker Bush para invadir Afganistán en 2001 e Irak en 2003, derrocar a sus gobiernos, formarlos al gusto de ambos imperios y someterlos a sus necesidades energéticas.

Hace semanas, el enviado especial del Cuarteto para Oriente Próximo –Estados Unidos, Rusia, la Organización de las Naciones Unidas y la Unión Europea-, declaró estar orgulloso del papel que desempañó en las invasiones y que volvería a hacer lo mismo.

Lo que no dijo el marido de Cherie Booth –tan apasionada del dinero como Tony- es que tales políticas le brindan excelentes dividendos al desempeñarse como asesor de la coreana UI Energy Corporation que participa en contratos para la explotación de petróleo, concedidos por el gobierno kurdo sin el permiso de las autoridades iraquíes. El británico de Edimburgo, Escocia, hizo lo indecible para mantenerlo en secreto porque, dijo, el consorcio lo exige, mientras que éste presume en su página electrónica los servicios de Frank Charles Carlucci III, exjefe del Pentágono, y de John Philip Abizaid, quien encabezó las tropas estadunidenses en Irak y Afganistán. Además, desde 2007 está a sueldo de la familia real de Kuwait, donde es imposible distinguir entre los negocios privados y los del país, cercenado por el imperio británico a la soberanía iraquí.

Por si lo anterior no fuera suficiente, Blair recibirá un millón de dólares por la elaboración de un informe sobre el futuro de la industria petrolera en las próximas décadas. Poco importa que carezca de las características que exige un estudio especializado.

Aún hay más. Mubadala, fondo de inversiones de los Emiratos Árabes, le paga un millón de libras esterlinas al año por labores de asesoría. El consorcio negocia la asociación con otro que aspira a recibir la explotación del campo petrolero de Zubair, en el sur de Irak, con reservas estimadas en 4,000 millones de barriles.

Para completar el gasto, Blair le cuesta a los causantes británicos 665 mil 769 euros al año como enviado especial en Jerusalén, cobra en promedio 110 mil euros por conferencia y recibió 5 millones de euros como adelanto por sus memorias. Es un apasionado de la libertad y la democracia.

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