lunes, 26 de abril de 2010

El Vaticano y su crisis internacional

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

El Estado del Vaticano, la institucionalidad que alberga a la Santa Sede, atraviesa una de las peores crisis en su historia.

Los casos de pedofilia revelados en los últimos meses y que afectan a determinados sacerdotes han significado un remezón en la jerarquía eclesiástica católica.

Las medidas adoptadas por sus máximas autoridades en investigar profundamente los casos denunciados son indispensables. Sin embargo aún no se conoce la magnitud del problema en una institución como la Iglesia Católica, que ha mantenido su prestigio de siglos basado en su integridad moral y la calidad ética de sus miembros más representativos.

Ha sido impactada la credibilidad de su razón de ser, como son la ética y las prácticas morales de una parte de sus legionarios, porque es la Iglesia en contacto con la gente. No son todos, pero son muchos. Hay que ser cauto. Los casos de pedofilia investigados no ponen en riesgo la fe católica, ni la fortaleza de la Iglesia Católica, con todo, la credibilidad de la misión del pastor está en juego.

Sin embargo, el alto grado de decibeles en la exposición mediática puede impedir visualizar una situación inadvertida en el plano internacional cuya gravedad no es menor.

El Vaticano no es una institución más. Por el contrario, su rol en la política mundial trasciende más allá de los estados más poderosos, precisamente por esa reserva moral y ética que representa. Cuando se presentan litigios entre las naciones y hay una crisis política mundial, el Vaticano es un punto de referencia. Es así que su principal capital es el capital humano, por lo tanto si ese capital humano se ve afectado por las denuncias de casos de pedofilia en diversos lugares, como estado puede ver menoscabada las bases de su credibilidad.

El poderío eclesiástico de la doctrina católica se basa en la legión de comunicadores de la fe posicionada en los cuatro puntos cardinales del planeta. De esta forma, esta crisis tiene un impacto internacional de una envergadura importante porque la Santa Sede mantiene relaciones con la mayoría de los países del mundo en un mensaje de paz y concordia, y que a menudo actúa como mediador en crisis internacionales. Una crisis que atente contra esa credibilidad del Vaticano, obviamente atenta contra un recurso importante en el sistema de convivencia internacional.

Observar una poderosa institución como la Iglesia Católica, criticada desde todos los ángulos por un anti- catolicismo exacerbado en algunos sectores, es un gran evento comunicacional. En este ámbito siempre habrá una “presa comunicacional” que da frutos, sea China, Irán, el extremismo islámico o la Iglesia Católica en este caso. Pero allí está la trampa de los medios que abren y cierran a su antojo sus agendas evitando que algunos temas serios se debatan a plenitud con pausa y seriedad. El siguiente escándalo es el mejor.

Lo que está sucediendo con el Vaticano es una lección para aquellas instituciones cerradas y autárquicas estén donde estén y de la naturaleza que sean, basadas en los poderes de las elites y que no son fiscalizadas por la ciudadanía.

Los casos de pedofilia investigados por el Vaticano no son únicos o excepcionales. La Iglesia Católica se abrió. Falta ahora que se abra el resto de las instituciones.

Precisamente por tener la apariencia de ser más abiertas, ocultan bajo otros sistemas de protección, a veces al amparo de la ley, las mismas prácticas que hoy afectan al Estado que alberga a la Santa Sede. Ojo con los extremismos, que ocultan por lo general el otro rostro de Jano.

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