martes, 11 de mayo de 2010

La Plaza de Mayo, en 1810 (Parte I)

Víctor Oscar García Costa (especial para ARGENPRESS.info)
Lo hemos dicho y lo reiteramos siempre, ahora con mayor ímpetu al aproximarnos al Bicentenario de la Revolución de Mayo, que esa Revolución en la ciudad de Buenos Aires abrió el camino hacia la independencia nacional y al establecimiento de la República con la formación de su Primer Gobierno Patrio. No estará de más recordar que la Revolución de Mayo en Buenos Aires y en 1810, derrotadas las revoluciones de Quito, México y Caracas, fue la única Revolución triunfante. Desde entonces, nunca jamás un gobierno godo imperó en estas tierras.

En la Plaza Mayor, establecida en el lugar señalado en la traza de don Juan de Garay (1528-1583), luego dividida en Plaza del Fuerte y Plaza de la Victoria y, más tarde, en Plaza del 25 de Mayo y Plaza de la Victoria, respectivamente, y en su torno, en unas pocas manzanas, había transcurrido prácticamente toda la vida militar, política y social de la ciudad. Y en buena medida ello seguiría ocurriendo.

La actual Plaza de Mayo, primitivamente llamada Plaza Mayor, en 1810 se dividía en dos plazas separadas por una Recova de veintitrés arcos -uno central, grande, que se había construido después para unir a los otros veintidós más chicos, once a cada lado de aquél, y estaba situada a la altura de las actuales calles Defensa y Reconquista. La ejecución de la Recova, entre 1803 y 1804, había estado a cargo de Juan Bautista Segismundo (?-?) Como hubo graves fallas constructivas, el alarife Francisco Cañete (?-?) debió apuntalar y enllavar el arco principal para evitar su derrumbe.

La plaza del Este, cercana al Fuerte se llamó, primero, Plaza del Fuerte, luego Plaza del Mercado y, más tarde, Plaza del 25 de Mayo. La del Oeste, cercana a la Catedral y al Cabildo, se llamó Plaza de la Victoria.

En la Plaza Mayor, luego dividida en Plaza del Fuerte y Plaza de la Victoria y, más tarde, en Plaza del 25 de Mayo y Plaza de la Victoria, y en su torno en unas pocas manzanas, había transcurrido prácticamente toda la vida militar, política y social de la ciudad.

Hacia fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX, rodendo la Plaza Mayor, comenzando desde su ángulo Sudeste, hoy Balcarce e Hipólito Irigoyen, se encontraban las edificaciones y los espacios siguientes: hueco innominado, mal llamado de Campana, donde estuvo después el Congreso Nacional contenido hoy dentro del edificio del Banco Hipotecario Nacional, los altos de Escalada -se llamaba altos a los edificios de dos o más plantas -, seguían los altos de Crisol, la esquina de Aguirre, el cruce de calles, hoy Bolívar e Hipólito Irigoyen, el Cabildo, a continuación el Seminario -años después, estuvo allí la Policía-, los altos de Duval -luego altos de San Martín y, más tarde, altos de Riglos-, los altos de Urioste, el cruce de calle, hoy Bolívar y Rivadavia, el Cementerio, la Iglesia Catedral, el Palacio Episcopal, una serie de casas bajas, la casa de Azcuénaga, los restos de la construcción de un teatro iniciada en 1804 e interrumpida durante más de 50 años y que sería el primer Teatro Colón, en el ángulo Noreste, un cruce de calles, hoy Rivadavia y Balcarce, el Fuerte y el cruce de calles, hoy Balcarce e Hipólito Irigoyen. Cada una de ellas tiene una rica historia.

Por detrás, el Río de la Plata: la entrada a la tierra, como lo había señalado don Juan de Garay (1528-1583) al fundar la ciudad de la Trinidad y puerto de Buenos Aires en 1580, ciudad abierta en contraposición a la frustrada ciudad cerrada fundada en 1536 por don Pedro de Mendoza (1487-1537).

Por iniciativa del Virrey Juan José de Vértiz y Salcedo (1719-1799), bordeando ese río a lo largo de sólo tres cuadras de la actual avenida Leandro N. Alem, entre las actuales Tte. Gral. Juan D. Perón y Lavalle, se encontraba la Alameda, primer paseo público de Buenos Aires que, contra lo que es dable suponer por su nombre, no era una avenida de álamos sino de ombúes.

Los huecos eran terrenos baldíos, aunque se discute el significado de esta palabra. Para unos era y es eso, un baldío. Para otros es y era un refugio de animales y desamparados. En torno de la plaza de Mayo había tres huecos: el Hueco de las Animas, el Hueco de Campana y un Hueco innominado al que se suele confundir con el Hueco de Campana.

Cada uno de esos huecos también tiene su historia. El Hueco de las Animas estaba en el solar que se había asignado el fundador de la ciudad y que nunca ocupó. Allí hubo una Capilla de adobe (1585), luego un Cementerio, más tarde la Aduana (1603), fue casa de El Hermano Pecador, Bernardo Sánchez, que ayudaba a los necesitados (1607) y que murió en 1645, luego fue Seminario, Consulado, lo compró el Cabildo para hacer un Teatro cuya construcción se inició en 1804, obra interrumpida por las Invasiones Inglesas y la muerte de su constructor el arquitecto español Tomás Toribio (1756-1810), lo existente lo destruyó un incendio (1832), se lo remató (1835), se lo techó (1851), fue cuartel de Candileros, hasta que en 1855 se reiniciaron los trabajos del Teatro Colón que se inauguró el 25 de Mayo de 1857 cantándose La Traviata. Hoy está allí el Banco de la Nación Argentina.

El Hueco de Campana, estaba en lo que había sido la Barraca de Campana de propiedad de Don Francisco Álvarez de Campana, comerciante en géneros y filántropo español que había fundado la Casa de Huérfanas. Allí está ahora el Ministerio de Economía.

En cuanto al Hueco innominado, existía frente al Hueco de Campana, calle de por medio, y suele confundírselo con éste. Después de haber sido ocupado por el viejo Congreso Nacional ahora está allí el Banco Hipotecario Nacional, que contiene a la Sala de Deliberaciones de aquél.

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