viernes, 14 de mayo de 2010

La plaza de mayo, en 1810 (Parte III - Final)

Víctor Oscar García Costa (especial para ARGENPRESS.info)

En Mayo de 1810 ni en la Plaza del Mercado ni en la Plaza de la Victoria, separadas por la Recova, había monumento alguno y, por ende, no estaba la Pirámide de Mayo. No estaba por la simple razón de que en esos días de 1810 la Patria argentina estaba naciendo. Ese primer monumento, esa pirámide, habría de ser el primer monumento nacional y se la inauguraría en su homenaje exactamente un año después de la Revolución, el 25 de Mayo de 1811.

En rigor de verdad no se trataba ni se trata de una pirámide, como la llamó el Acuerdo del Cabildo, sino de un obelisco -montado sobre un pedestal-, de 14,92 metros de altura. Su construcción fue encargada el lunes 18 de marzo de 1811 por la Segunda Junta Provisoria Gubernativa o Junta Grande al Cabildo de Buenos Aires que, en su Acuerdo del viernes 5 de abril de ese año, resolvió “levantar en medio de la plaza una pirámide figurada con jeroglíficos alusivos al asunto de la celebridad” encomendando su construcción al "inteligente" Juan Antonio Gaspar Hernández (1750-?), escultor y tallista, y al alarife Francisco Cañete (?-?), arquitecto y escultor.

Las obras se iniciaron el sábado 6 de abril, inmediatamente después del golpe antimorenista iniciado el día anterior y que fue el primer golpe de nuestra historia, hallándose presentes los representantes de la Junta Grande, coronel Martín Rodríguez (1771-1844) y doctor Joaquín Campana (1783-1847), ambos de activa participación en el golpe, y se inauguraron -sin terminar- el sábado 25 de Mayo de 1811 con una fiesta que duró cuatro días. Sobre esta fiesta contaba ampliamente María Guadalupe Cuenca de Moreno (?-1854) a su esposo, Mariano Moreno (1778-1811), en una de las Cartas que nunca llegaron.

Juan Manuel Beruti (1777-1856), testigo presencial de los acontecimientos de la época, al respecto dejó registrado, en sus Memorias curiosas, lo siguiente:

“En este mismo se construyó la gran pirámide que decora la plaza Mayor de esta capital y recuerda los triunfos a la posteridad de esta ciudad, la que se principió a levantar sus cimientos el 6 de abril último; pero aunque no está adornada con los jeroglíficos, enrejados y adorno que debe tener por la cortedad del tiempo que ha mediado, sin embargo a los cuatro frentes provisionalmente se le puso una décima en verso, alusiva a la obra y victorias que habían ganado las valerosas tropas de esta inmortal ciudad, y las que esperaban ganar en defensa de la patria, su libertad, y de las banderas que juraron defender; las que de todos los cuerpos se pusieron a los cuatro frentes, sobre las gradas de la pirámide sobre pedestales que se pusieron al efecto, cuyas banderas y estandartes estuvieron adornando dicha obra los cuatro días de las funciones, poniéndose desde las ocho de la mañana con sus correspondientes guardias por cada uno de sus cuerpos hasta las ocho de la noche que las retiraban a sus cuarteles; estando estas alumbradas para la vista del público, lo que era la noche por una porción de hachas de cera, que a sus cuatro frentes de la misma pirámide ardían”.

Nunca se han visto los planos de la Pirámide, pero por obras posteriores se sabe que era hueca, realizada con adobe compactado y rematada con una esfera.

Para esta fecha y producido el golpe del 5 y 6 de abril de 1811, el grupo morenista estaba diezmado: Manuel Alberti (1763-1811) había muerto tras una agria discusión con el deán Gregorio Funes (1749-1829) durante un reunión de la Junta, Mariano Moreno que había renunciado y enviado a Londres, estaba muerto -aunque en Buenos Aires no se lo sabía-, habían sido separados de la Junta Grande los cuatro vocales morenistas: Miguel de Azcuénaga (1754-1833), privado injustamente de su grado militar, Juan José Castelli (1764-1812) –por entonces representando a la Junta en el Ejército auxiliador en el Alto Perú-, Nicolás Rodríguez Peña (1775-1853) -que había reemplazado en la Junta Grande al fallecido Manuel Alberti-, Juan Larrea (1782-1847) y el secretario Hipólito Vieytes (1762-1815) -que había reemplazado a Mariano Moreno en la Secretaría de Gobierno y Guerra-. En los casos de Nicolás Rodríguez Peña e Juan Hipólito Vieytes, los golpistas aducían que para sus designaciones no se había dado intervención al Cabildo de Buenos Aires. De la Sociedad Patriótica fueron perseguidos todos sus integrantes, pero muy especialmente Ramón Domingo Vieytes (1764-1827) , Antonio Luis Beruti (1772-1841), Domingo French (1774-1825) -Jefe del Regimiento de la Estrella-, Agustín José Donado (1767-1831), Gervasio Antonio de Posadas (1757-1833) y Felipe Santiago Cardoso (?-?), desterrado a Santa Fe. Juan Larrea, compañero y amigo de Mariano Moreno, insólitamente acusado de haberse ...mezclado en facciones que habían comprometido la seguridad pública, fue destituido y remitido preso a la guardia de Luján y luego extrañado a San Juan de Cuyo. Todos ellos sufrieron lo indecible.

Conocida la muerte de Mariano Moreno, la Gazeta de Buenos Ayres fundada y dirigida por él, mientras la dirigió el deán Gregorio Funes no sólo ignoró su muerte sino que omitió nombrarlo y lo borró de la nómina de próceres que habían hecho la Revolución. Hasta que Bernardo de Monteagudo (1789-1825) evocó su memoria y Juan Ramón Rojas (1784-1824), médico y poeta, escribió una nota resaltando las cualidades morales de Mariano Moreno, que apareció en la Gazeta del 14 de febrero de 1812.

Dados los materiales utilizados en la construcción primitiva, en 1856 el deterioro era tan grande que para su reparación fue convocado Prilidiano Pueyrredón (1823-1870), que también había modificado la Plaza de la Victoria. De acuerdo con su proyecto, se optó por conservarla dentro de otra pirámide –u obelisco- rematado en la cúspide por la figura que hoy conocemos: la libertad, tallada por el artista francés Joseph Dubourdieu (?-?), realizador también de las cuatro figuras que ornan el pedestal.

Cuando se demolió la Recova Vieja en 1882, durante la gestión del Intendente Torcuato de Alvear (1822-1890), en alarde de maniobra técnica, la Pirámide fue trasladada, desplazándola sobre rieles hasta el lugar que hoy ocupa.

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