jueves, 13 de mayo de 2010

La Unión Europea activa un plan de ayuda para la zona del euro

RIA NOVOSTI

Durante el último medio año en Bruselas se ha venido siguiendo con atención el camino de Grecia hacia la quiebra.

Finalmente, el pasado 10 de mayo, se convocó una cumbre extraordinaria de los dirigentes de la Eurozona, de la que salió la aprobación definitiva de los créditos para salvar a Grecia de la insolvencia.

Sin embargo, ya es evidente que no solamente Grecia o la zona euro, sino toda la Unión Europea necesitan de un rescate. Un programa que evite que la crisis financiera que azota a la UE se transforme en una recesión insalvable que afecte a los mercados mundiales y provoque una segunda oleada de la crisis económica global del 2008-2009. Cosa perfectamente posible.

Un fondo de ayuda para países en apuros

La UE prevé crear un fondo común destinado a conceder préstamos a los países comunitarios insolventes para que puedan estabilizar su déficit presupuestario. La lista incluye a Grecia que es la 13ª economía de la UE y que, con índice de deuda pública situado en torno al 120% del PIB, representa el caso más evidente de colapso económico. En la misma también están Italia (117% de déficit público y 4a economía de la UE), Portugal (84%, 17a economía de la UE), Irlanda (77%, 15a economía de la UE) y España (64%, 5a economía de la UE).

Esta caja común superará los 750.000 millones de euros de fondos. Según los expertos, con estas medidas Grecia ya no podrá producir daños irreparables a la Eurozona, pero su futuro se presenta incierto. Los economistas creen que estas medidas son una especie de Muro de Berlín para un año ó dos. Deberán servir a los deudores para librarse de la presión en los mercados de deuda, inyectarán liquidez a los mercados y frenarán temporalmente el ataque de los especuladores financieros a la moneda única europea.

Este paso ha logrado apaciguar el pánico, pero no ha impulsado los necesarios cambios estructurales dentro de una Eurozona conformada por 16 Estados. El quid de la cuestión es la enorme diferencia que hay entre estos países en el ámbito de su desarrollo económico, las dimensiones de sus deudas y, lo que es más importante, su capacidad de regenerar sus economías. Por este motivo, tarde o temprano, alguno de los países volverá a llevar al grupo hacia una nueva crisis.

Deudas malas

El problema de Grecia era que tenía que afrontar unos pagos inminentes y no disponía de recursos suficientes. Los mercados de deuda conocían perfectamente que Atenas estaba en una difícil situación financiera y que la UE no tenía intenciones de prestarle apoyo por lo que, en vista del riesgo, le daban créditos con unos intereses muy altos. Un mecanismo de especulación similar también se aplicaba a los otros países de la UE en apuros económicos. Los problemas eran tan acuciantes que los gobiernos de estos países se vieron obligados a recurrir a préstamos a corto plazo con tipos de interés que alcanzaban el 30% anual. La UE describió esta conducta como ataques de las manadas de lobos de los mercados de deuda.

Vamos a resumir las resoluciones adoptadas en la cumbre celebrada el pasado 10 de mayo en Bruselas. La UE establece un fondo de estabilización con 750.000 millones de euros de sus propios recursos y los del Fondo Monetario Internacional (FMI). Los 16 países de la Eurozona creada hace 11 años deberán aportar 440.000 millones de euros, el FMI pondrá 250.000 millones. Los países de toda la UE, no sólo los de la zona euro, contribuirán con los restantes 60.000 millones. Por ejemplo, Gran Bretaña que permanece fuera de la Eurozona, aportará 15.000 millones de euros, igual que las integradas Alemania y Francia. Este dinero servirá para conceder préstamos, con una tasa de interés en torno al 5%, a los gobiernos que ven aproximarse la fecha de vencimiento de sus deudas pero que ya no pueden acudir al mercado para obtener nuevos créditos, emitiendo obligaciones o bonos de Estado. Grecia sufre la desconfianza de los mercados tras el aumento del 7% al 8,5% anual del rendimiento de sus obligaciones a largo plazo. En comp
aración, los bonos del gobierno de Alemania se venden a 2,9% anual, y los de Gran Bretaña, a 3,9%.

Las enormes deudas de países como Grecia, Italia, España, Portugal e Irlanda podrían convertirse en malas deudas, similares a las que debilitaron el sistema bancario estadounidense en 2008 y causaron la quiebra de los mayores bancos de EEUU (por ejemplo, Lehman Brothers). Entonces, la Administración estadounidense destinó 545.000 millones de euros para cubrir estos malos préstamos de los bancos nacionales. Hoy por hoy, la UE destina 750.000 millones de euros para cubrir estos créditos incobrables de los países comunitarios.

¿Qué pasará después del pago de los intereses?

La incapacidad para pagar las deudas no tendría un efecto de devaluación del euro sino también produciría un colapso en los mercados de deuda en general, cosa que generaría una nueva oleada de crisis financiera. No fue casualidad que, durante la semana pasada, EEUU celebrara varias reuniones con los líderes de la UE para aconsejarles un apoyo más decidido a los países en problemas. En caso contrario, una hipotética y sensible devaluación del euro podría arrastrar consigo una crisis global. Según los datos de la Oficina Central de Estadística de la UE, la deuda externa acumulada de todos los países de la Eurozona es de unos 5,17 billones de euros. Tan sólo la deuda de Alemania se estima en 1,2 billones (recordemos que la deuda externa de Grecia asciende a unos 300.000 millones de euros). A finales del año en curso, Italia debe pagar intereses por valor total que asciende a €267.000 millones y España, a €81.000 millones.

En esencia, €750.000 millones es un monto suficiente para que Italia, España, Grecia, Portugal e Irlanda sean capaces de liquidar intereses y vencer préstamos hasta 2013. Pero ¿qué pasará después?

Además del paquete de rescate para los bancos estadounidenses, la Administración de Barack Obama destinó €659.000 millones más (unos US$800.000 millones) para impulsar el desarrollo económico. La UE no lo hizo. Bruselas solamente movilizó dinero para cubrir el déficit presupuestario y pagarés. Pero las propias deudas siguen existiendo. Hay que pagarlas, sin que nadie tenga una idea de cómo hacerlo.

Cabe también mencionar un detalle más sobre este fondo de rescate de 750.000 millones. Los países insolventes sólo pueden recibir de inmediato 60.000 millones de dólares. Para poder disponer del monto restante, hay que cumplir unos determinados requisitos: reducir drásticamente el déficit presupuestario, es decir, los gastos presupuestarios, y en primer lugar, los recursos destinados a cubrir las necesidades sociales, salarios, etc. Pero esta moneda tiene su reverso: cualquier reducción de gasto conlleva una ralentización del crecimiento económico, porque cae la demanda y se reducen los beneficios. Los griegos que protestan contra tal economía ya han demostrado lo que les espera a los otros países de la UE, si sus respectivos gobiernos empiezan a apretarse el cinturón.

El dinero provoca disensiones

Bruselas, que ha tardado bastante en adoptar estas medidas de rescate, ha eludido sus propias leyes y su Constitución con suma sutileza y habilidad. Ni el Tratado de Maastricht sobre la Eurozona ni el Tratado de Lisboa sobre la reforma de la UE estipulan la posibilidad de sufragar las deudas de ningún país, y el Banco Central Europeo (BCE) no puede otorgar préstamos a los países insolventes que no cumplan con los compromisos de reducción del crecimiento de su deuda y el déficit presupuestario. Pero se ha encontrado una rendija legal y, ante una situación como la actual de fuerza mayor, el BCE ha comenzado a comprar los pagarés de los países morosos, pero no directamente a sus gobiernos, sino en los mercados de deuda.

Todo esto parece un cambio de la política económica del BCE y de la UE. O, al menos, una revisión completa de su disciplina financiera. Por el momento, habrá que olvidarse de una posible expansión de la Eurozona.

En la lucha en torno al paquete de rescate sale ganador París. El presidente francés, Nicolás Sarkozy, ha venido insistiendo desde hace mucho en establecer un gobierno económico de la UE que controle rigurosamente la disciplina financiera, gestione las iniciativas económicas y los planes presupuestarios de los países miembros. A juzgar por todo, ha conseguido sus propósitos.

Por otro lado, la canciller de Alemania, Angela Merkel, que se negaba a participar en operaciones de rescate de bancarrotas de la UE, ha sufrido una derrota. Los medios de prensa conservadores ya la acusan de haber traicionado a los contribuyentes alemanes.

Parece que el eje Berlín-París ha vuelto a romperse. Para la UE nunca presagiaba nada bueno. Pero ¿qué país está bien ahora? Si alguno lo está, no es en Europa.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.