miércoles, 26 de mayo de 2010

Las diferencias entre patriotismo y nacionalismo

Dra. Roxana Kreimer

El cruce del bicentenario y el mundial de fútbol probablemente sean una nueva ocasión para que los conceptos de patriotismo y nacionalismo vuelvan a ser confundidos. Por eso tal vez sería oportuno plantear algunas de sus diferencias. El patriotismo no se basa en el Estado o en el gobierno sino en el amor a una cultura, a un arraigo, a unas tradiciones. Su origen es local y está centrado en un pueblo o en una provincia, y también en el conjunto de una nación, ya que pese a las diferencias regionales, todos tienen una historia y valores relevantes en común.

El nacionalismo, en cambio, propone una glorificación romántica del Estado Nacional centralizado. Analoga a la traición la iniciativa de descentralizar. Es autoritario, chauvinista y xenófobo. Busca, inventa y renueva a sus enemigos como excusa para la guerra y el imperialismo. Tiene una susceptibilidad extrema, se siente herido por nimiedades, defiende la memoria propia a expensas de la de los demás y reacciona con frecuencia de manera violenta. El patriotismo, en cambio, se ocupa de sus propios asuntos y es solidario con las demás naciones.

El nacionalismo muestra odio y resentimiento hacia sus vecinos y puede llegar a ser más violento que los regímenes coloniales que lo precedieron en el ejercicio del poder. Si alguien se opone a la inflamación de su orgullo, se lo tilda de cómplice del “enemigo” . Es autoritario, oprime a las minorías en nombre de los derechos que otorga a sus ciudadanos y se opone a la cultura, que se nutre de las combinaciones novedosas. El patriotismo no es purista ni momifica a la cultura, entiende que las influencias externas pueden ser asimiladas a las creaciones propias.

El nacionalismo transforma en virtud lo que a nivel individual se considera una falta: la idea estrecha y mezquina de que uno, el equipo de fútbol o el propio país son el centro del mundo y están por encima de los demás, y que la grandeza de un grupo o de una nación reside en ser envidiada o temida por sus vecinos.

El patriotismo apela al amor, la solidaridad, el orgullo y la tolerancia, que implica la convivencia en la diversidad. El nacionalismo, al odio, la egolatría, la rivalidad y el fanatismo. Como justificación de la violencia futura, en todo momento tiene presente los perjuicios que padeció. Si sus objetivos son incompatibles con los de otras naciones, buscará imponer su voluntad incluso por la fuerza.

El nacionalismo atenta contra los valores universales de la dignidad humana, que consisten en mezclarnos unos con otros, respetando nuestras particularidades y enriqueciéndonos con nuestras diferencias.

Sin dejar de amar la singularidad, lo mejor es reconocernos en nuestras semejanzas con independencia de nuestra nacionalidad y del grupo al que estemos afiliados. Ser partidario de la humanidad sigue siendo la mejor opción.

Roxana Kreimer es Licenciada en Filosofía y Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires - UBA.

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