miércoles, 9 de junio de 2010

Antibelicismo consigue triunfo ético y moral en asamblea anual de OEA

Damián Retamozo (XINHUA)

El complejo tema del control y transparencia del gasto militar no sólo dominó la XL asamblea anual de la OEA, que concluyó el martes en Lima, sino que también resultó aprobado por unanimidad por los 33 cancilleres del hemisferio americano.

Esto representa sin duda un importante éxito para la diplomacia y el gobierno peruanos, pero a decir verdad, se trata de un triunfo de carácter ético y moral, que no es poco, pero tampoco es mucho.

Es que hay pocos motivos para pensar que la resolución de la OEA, reflejada en la Declaración de Lima, tenga aplicaciones prácticas y explícitas en el mediano plazo.

Basta echar una mirada a la cláusula pertinente de la Declaración de Lima para notar su carácter declarativo y gaseoso.

En el documento, la OEA ratifica "la importancia de continuar promoviendo en el hemisferio un ambiente propicio para el control de armamentos, la limitación de armas convencionales y la no proliferación de armas de destrucción en masa".

También anuncia "su firme compromiso de promover la transparencia en la adquisición de armamentos e invitan a los Estados que aún no lo hayan hecho, a suscribir o ratificar la Convención Interamericana sobre Transparencia en las Adquisiciones de Armas Convencionales (CITAAC)".

Sin embargo, se debe reconocer que esta difusa manera de afrontar los temas de alto riesgo es parte de la personalidad institucional de la OEA, un organismo que carece de mecanismos coercitivos para imponer sus acuerdos, e incluso para hacer cumplir las cuotas anuales en efectivo de los países socios.

Como es obvio, la Declaración de Lima no puede contener compromisos concretos, por ejemplo metas específicas de compra de armas.

Tal como dijo el embajador peruano y representante ante la OEA, Hugo de Zela, las discrepancias fundamentales se centraron en que "algunos países no querían que se fijen metas específicas de reducción de compra de armas".

La noche de la inauguración de la cita hemisférica en Lima, el domingo 6 de junio, hubo un primer anticipo de que el tema militar no tendría efectos prácticos.

El secretario general de la OEA, el chileno José Miguel Insulza, sostuvo que "nuestros países tienen un gasto militar menor al de otras regiones del mundo".

Y en la víspera, poco antes de que Hillary Clinton, la secretaria de Estado de EEUU, partiera a Perú, la Casa Blanca emitió una declaración oficial en la que dejó en claro que "Estados Unidos no considera que el hemisferio esté sufriendo una situación de carrera armamentista. Todo lo contrario".

Al margen de estas consideraciones, lo más destacable de la XL Asamblea General de la OEA es haberse convertido en estos días en un escenario inmejorable donde la idea de gastar menos en armas y más en programas sociales se robusteció.

Un detalle a tener en cuenta es que la XL Asamblea anual de la OEA, que convocó a los cancilleres de las Américas, no es la máxima instancia del sistema interamericano, como sí lo es la Cumbre de las Américas, que reúne a los jefes de Estado y de Gobierno.

En cuanto a la presencia de bases militares extranjeras en países de América, doce países, entre ellos Estados Unidos, se opusieron a la propuesta que Venezuela, Nicaragua, Brasil, Bolivia y Ecuador trataron de incluir en la Declaración de Lima.

Dicha propuesta sugería que la presencia de bases podría suponer amenazas a la soberanía e integridad de los estados y la seguridad de la región.

Esto tiene relación con el acuerdo que el año pasado alcanzó EEUU con Colombia para usar hasta siete bases militares de ese país.

De todos modos, Venezuela logró colocar el artículo 19 de la Carta de la OEA que establece que ningún Estado o grupo de Estados tiene derecho de intervenir, directa o indirectamente (...) en los asuntos internos o externos de cualquier otro.

Pero esto fue matizado en la Declaración de Lima al convenir que los Estados miembros reafirman que tienen el derecho soberano de identificar sus propias prioridades nacionales de seguridad y definir las estrategias para hacer frente a las amenazas.

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