miércoles, 9 de junio de 2010

Argentina: Otra víctima de la trata de personas

LA ARENA

El cuerpo muerto por asfixia y salvajemente golpeado de la joven paraguaya Miriam Flores es un mensaje siniestro. Quien la mató no se propuso ocultar el cadáver e imposiblitar su hallazgo. Por el contrario, el dólar en la boca, el cuerpo apenas semitapado con piedras muy cerca de la ruta nacional 152 hablan muy claro de que el propósito fue propiciar que alguien la encuentre para amplificar la señal mafiosa.

La joven tenía 25 años y había ejercido la prostitución en Neuquén. Al momento de morir trabajaba como empleada en un geriátrico y seguramente pensaba que había logrado zafar de ese mundo con forma de prostíbulo en donde estuvo confinada tiempo antes.

Lejos de su país, de su familia, de sus afectos, la muerte violenta de esta joven mujer en pleno desierto patagónico nos habla de un drama que no cesa, que se empeña en seguir mostrándonos sus lacras. Las chicas involucradas en ese turbio "negocio" ya están enteradas, ya recibieron ese mensaje sin palabras.

Siguen muriendo mujeres a lo largo y a lo ancho de toda la geografía argentina. También siguen desapareciendo jovencitas y, a pesar de las denuncias, de las cadenas en Internet mostrando sus rostros, la inmensa mayoría de ellas no aparece. Se sabe que muchas han sido sacadas del país a destinos remotos en donde les aguarda un "empleo" de esclavas sexuales.

Santa Rosa aportó su propio nombre a ese listado ominoso: Andrea López. Hace más de seis años que se denunció su desaparición y no hay rastros de su paradero o de su situación. La ausencia de noticias es la peor de las noticias.

La trata de personas es en Argentina un negocio floreciente. Hay funcionarios políticos, judiciales y policiales implicados en él. Hay zonas liberadas. No es ciencia ficción; no es una película clase B de las que se ven por televisión después de medianoche. La realidad de nuestros días en nuestro país es todavía peor, porque en esos filmes mediocres de origen norteamericano suele haber un final feliz con el muchachito salvando a la chica de las garras de los malvados. Aquí, en la vida real de este país sudamericano, ese desenlace optimista es la excepción.

Es cierto que en los últimos tiempos se ha descubierto y desactivado una considerable cantidad de locales de donde han rescatado no pocas chicas confinadas y obligadas a ejercer la prostitución. Es cierto que muchos de los culpables del funcionamiento de esos oscuros sótanos hoy están en prisión. Pero también es cierto que todavía falta mucho y que nadie puede alegrarse demasiado por los pocos pasos que se han dado. En esos operativos caen básicamente los matones, los "perejiles", los que están más abajo en la "cadena de mandos". En cambio, los peldaños superiores, los que amparan desde el poder político, desde la justicia o desde las cúpulas policiales el funcionamiento de este negocio infame, no han tenido demasiadas bajas.

Hasta que la limpieza no llegue a esos altos sitiales, seguirán apareciendo chicas muertas al costado de las rutas o desapareciendo jóvenes para alimentar la máquina infernal de la trata de personas.

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