miércoles, 28 de julio de 2010

La tauromaquia como canallada

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

Ellos, los dedicados a ese menester y a presenciarlo, dirán lo que quieran, pero suprimiendo las corridas de toros se termina buena parte de la agresividad de este país y al fascismo hispano se le da un tajo de muerte. Pues hay aquí mucha relación entre crueldad, fascio y toros. Como en Estados Unidos la hay entre crueldad, nazismo y Rifle: otra tradición.

Tras la forzada afabilidad de los taurófilos, de los ganaderos y de los toreros hay un alto grado de pulsión de muerte puesta en marcha a través de ese afán. Los que viven de "los toros" y los enganchados a la sangrienta "fiesta nacional" dicen a la desesperada muchas cosas con el fin de justificar la tortura y la matanza para las que está de diversas maneras concertados. El pretendido "arte" es la principal. Y luego siguen con el vergonzoso argumento en cuya virtula abolición dejaría a mucha gente sin empleo. Suelen terminar apelando a las maravillas que sobre la fiesta han dejado talentos y genios famosos. Estos son los dos polos de su defensa contumaz cuando ven fracasado el argumento de la tradición y del arte...

Y fracasa, puesto que habiendo tradiciones buenas, indiferentes y pésimas, la tradición taurómaca es de estas últimas. Como todas las que tienen que ver con el abuso de animales.

Y también en la tradición está llamar canalla a quien comete actos abyectos contras personas. Pero las cosas cambian. Y ahora también las sociedades humanas evolucionadas empiezan a ver como propio de canllas los destrozos, por ejemplo, en los bancos de peces. Y es que, en este sentido, lo mismo repugna a la sensibilidad como a la inteligencia humanas hoy día, la presencia de una multitud más o menos numerosa para ver la tortura y muerte de un toro, como para ver cómo se le van quitando las alas y las patas, una a una, a una mosca.

En cuanto a que se pierden empleos y dinero si se prohíben las corridas, eso mismo debieron decir en siglos pasados los escalvistas. Y lo mismo podrían decir los proxenetas, los narcotraficantes y esas gentes dedicadas con sus artes y su talento a quehaceres abominables o degradantes.

En resumen, piensen los que tienen que votar hasta qué punto allá donde se acaben las corridas de toros se habrá dado un salto de gigante en pos de la cordura.

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