lunes, 2 de agosto de 2010

Acerca del Proyecto de nueva Ley de Educación en Córdoba: Un retroceso al oscurantismo pre-ilustración

Laura Marrone (especial para ARGENPRESS.info)

¡Abramos el debate! ¡Que no se apruebe sin que opinemos!

El proyecto de Ley de Educación que se debate en Córdoba es una adecuación de la ley provincial a lo más cuestionable de la Ley de Educación Nacional Nº 26.206. Nos referimos a que los espacios públicos y privados pasan, por esta nueva ley, a considerarse ambos como públicos con una simple diferencia de gestión: escuela públicas de gestión privada y públicas de gestión estatal, (art. 1) lo que es un abuso. Lo público es mucho más que gratuidad, es un espacio sin discriminación social, de nacionalidad, etnia o religión. Es un espacio para el aprendizaje del conocimiento público, es decir contrastable. Esto es lo contrario de la escuela privada que discrimina por una u otra razón e imparte contenidos de fé y/o de concepciones político-filosóficas en forma autoritaria.

Conceder a las escuelas privadas la categoría de públicas es encubrir y profundizar el actual proceso de privatización y fragmentación del sistema educativo. Es, además, un avance en la dogmatización de los contenidos. El artículo 11 inciso “d” establece que “los padres tienen derecho a que sus hijos no reciban enseñanza de dogmas, en la escuela estatal,” (inciso que estaba en la ley 8113), pero inmediatamente después se agrega un nuevo inciso “e” que dice que “tienen derecho de manera opcional a recibir educación religiosa en la escuela pública de gestión estatal”. Retrocedemos a 1947, con la Reforma de Arizaga durante el primer gobierno de Perón cuando se impuso la educación religiosa católica en las escuelas del Estado. La única diferencia con esa Reforma es que en este proyecto la religión en las escuelas del estado sería opcional y la oferta, ecuménica, es decir abierta a todos los cultos.

Agreguemos a esto una, no por prosaica y terrenal, menos importante cuestión. Al establecer este proyecto el carácter “integral” de la educación, es decir que es responsabilidad del Estado brindar los recursos para que cada familia opte por el/la predicadora religiosa que desee, se impone al Estado la obligación, no sólo de continuar subsidiando la escuela privada (la provincia de Córdoba es la que más alto porcentaje de su presupuesto educativo en nuestro país destina a la educación privada) sino de abonar los salarios de los y las potenciales predicadores de cada culto en las escuelas oficiales.

¿En nombre de qué "derecho a elegir de los padres" habrá de tolerarse que en el cuaderno de un niño o niña, a la vuelta de la sección de matemáticas figure "el milagro de Cristo que camina sobre las aguas"? ¿Acaso tendría la escuela que interceder en la interna de la iglesia para que no sean los Bergoglios, Grassi o Von Wernick los que ingresen a dar religión y en cambio lo haga algún progresista tercermundista? ¿Acaso tiene la escuela que terciar para que no sean sionistas progenocidio palestino los que intervengan y en cambio lo sean los partisanos del sionismo de izquierda? ¿Acaso deberemos aceptar que los pastores protestantes extiendan sus prédicas en los templos a nuestras escuelas a favor de la política exterior de EEUU contra los pueblos árabes y petroleros, en nombre del combate al terrorismo islámico? ¿O alguien pensó que la religión es una cuestión de "valores" en abstracto?

Esto es la negación de la matriz fundante de nuestro sistema educativo que concibió a la escuela oficial como laica, es decir que no enseñaba dogmas, reservando la religión para el ámbito de lo privado. ¡Qué lejos que estamos de la Revolución de Mayo que aprobó la propuesta de Moreno de enseñar el Contrato Social de Rousseau en las escuelas! ¡Qué lejos del “espíritu” que formó al Colegio de Concepción del Uruguay con pedagogos como Peyret, que en la segunda mitad del siglo XIX lo concibieron laico, donde se formaron algunos de los primeros futuros científicos de nuestro país! Colegio fundado por personajes como Urquiza cuya ideología distaba de ser radicalizada o de izquierda, sino que más bien eran expresión de las nuevas clases dominantes nacionales. ¡Qué lejos aún de los debates del Congreso pedagógico de 1882, que sentaron las bases para un currículo laico de educación!

¡Qué distancia, también, de la generación que fundó CTERA en esa misma provincia en Huerta Grande en 1973! La misma que sentó las bases de la defensa de la Educación laica, científica y no dogmática en sus principios fundacionales! Generación opuesta a la actual conducción del sindicato de base de CTERA, U.E.P.C., cuyo exSecretario General, hoy Ministro de Educación, Grahovac, es quien, desde el poder Ejecutivo de Córdoba, promueve esta ley que el sindicato apoya!

Vamos. ¿es que no ha quedado ningún Leguizamón en esa provincia que levante su voz contra este retroceso histórico? ¿Es que Estrada se ha levantado de los cementerios para derrotar a Sarmiento? ¿O estamos frente a una concesión a la Iglesia para tapar su derrota por el triunfo del derecho al matrimonio gay? ¿Otra vez el doble discurso? ¿Progresismo ante las cámaras de TV mientras se derrota la laicidad en educación?

Espero, confío, que la memoria rebelde de la otrora Córdoba de la Reforma del 18 o del Cordobazo pare este retroceso del conocimiento y de nuestra educación.

Laura Marrone. Nacida en Córdoba. Egresada de escuelas públicas oficiales de esa provincia.

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