lunes, 2 de agosto de 2010

Perú: Un contubernio inaceptable

Gustavo Espinoza (NUESTRA BANDERA, especial para ARGENPRESS.info)

Las celebraciones del 189 aniversario de la Independencia Nacional, han traído en el Perú una nota aberrante que, sin duda, será vigorosamente rechazada por la opinión pública.

Se trata de la confirmación de una “alianza” –un verdadero contubernio, bien podría decirse- entre el gobierno del Presidente Alan García y la Mafia Fujimorista que, para el efecto, lidera Keiko Fujimori, la hija del dictador condenado a 25 años de cárcel por crímenes de lesa humanidad, y otros delitos de similar importancia.

Bien podría decirse que se trata no de una “nueva”, sino de una ya casi vieja componenda, que tiene su origen, precisamente, en la elección del mismo García para la Jefatura del Estado en el año 2006.

En la circunstancia, como se recuerda, la Mafia Fujimorista resolvió apoyar sin reservas la candidatura de García en la segunda vuelta electoral del periodo para “cerrarle el paso” - como dijo entonces- al supuesto “candidato del chavismo”, el Comandante Ollanta Humala.

Ahí estuvo el comienzo de un idilio que se ha prolongado y fortalecido con el pasar del tiempo, y que se ha sostenido sobre una base ciertamente discutible: la “gobernabilidad”, defendida a rajatabla por los voceros del régimen imperante.

Durante sus cuatro años de gestión el Presidente García ha buscado siempre “hacer honor” a ese compromiso, otorgando las mayores facilidades al más encumbrado representante de la Mafia depuesta el año 2000 por acción masiva y resuelta de la población.

Aunque no pudo García, en su momento, impedir el juicio a Fujimori, ni su condena, sí dispuso para el sentenciado por delitos mayores la carcelería más benévola, instalándolo en una dependencia policial de lujo en la que se le permitió – y aún se le permite- compartir sus horas de reclusión con decenas y aún centenares de personas que lo visitan cotidianamente haciendo ostentación de una desvergüenza impúdica y de recursos ciertamente mal avenidos.

El acuerdo, que en su momento denominamos “el pacto del diablo” ha servido de mutuo beneficio. Gracias a él, el Presidente García ha tenido mayoría parlamentaria y carta libre para gobernar a su antojo disponiendo la entrega libre de nuestras riquezas a los grandes monopolios.

En contrapartida, el fujimorismo ha gozado de los beneficios del Poder con acceso permanente a la Mesa Directiva del Congreso y con las puertas abiertas para que sus representantes y voceros puedan hacer de las suyas en la administración pública.

Y ambos –al unísono- han coincidido en batallar por lo mismo: la impunidad más absoluta para los autores de delitos mayores en los años de la dictadura y para quienes han seguido las huellas de la corrupción desenfrenada bajo el gobierno actual.

En toda esta política, las dos fuerzas han encontrado un argumento común: se unen para “combatir el terrorismo” y para impedir que “el chavismo se apodere del Perú en el 2011”

Claro que, para hacer creíble tal propósito, han tenido que inventar una “guerra” que no existe, convertir en “terroristas” a todos sus opositores y aplastar la resistencia ciudadana en el interior del país y aún en la capital.

Así, por ejemplo, la lucha de las poblaciones amazónica por el respeto a su biodiversidad y sus tierras ha sido considerada como parte del “accionar terrorista”; y los Maestros que demandan atención a sus exigencias básicas, calificados como “agentes del terror”.

Al gobierno no le ha importado nada. Ni siquiera que los organismos internacionales hayan dispuesto, en una u otra medida, reparación a las graves injusticias cometidas contra ciudadanos en el pasado reciente.

Al contrario, han calificado eso como “ingerencia terrorista”, y han creado una situación en la que el Presidente ha proclamado su voluntad de “no pagar un centavo a nadie”, y si más bien cobrar reparaciones en nombre del Estado a quienes les adjudicara una conducta “violenta”.

Claro que en esa área de consideraciones, no aparece el general Hermoza Ríos, que se robó más de veinte millones de soles de los fondos de la institución armada, ni el señor Josè Enrique Crousillat, que “se dio a la fuga” recientemente y que recibiera millones de dólares en la “salita del SIN”.. Ni siquiera Juan Carlos Hurtado Miller, otro que vive “diez años de vida clandestina” para salvarse del imperio de la ley. Ninguno de ellos ha pagado un centavo ni devuelto lo robado.

Las acusaciones, los cargos y las sanciones se orientan a otros, a quienes desde el campo popular, con una u otra opción, han generadlo una cierta resistencia a la imposición del “ajuste” neo liberal que se ha impuesto como lecho del bandido Procrustes de Megara, en la antigua Atenas, al pueblo peruano.

Pero ciertamente la gota que ha rebalsado el vaso, en la circunstancia, ha sido el acuerdo tácito orientado a entregar el Gas de Camisea para la exportación a México y a Chile, independientemente de las necesidades y requerimientos nacionales.

Pero ha ido a más en el plano político. Y se ha expresado en la voluntad del Presidente García de retirar la candidatura de su partido al municipio de Lima afectando de este modo a su personero, Carlos Roca, a quien las bases del PAP confirieron la representatividad que hoy busca confirmar.

La idea de García es muy simple: hay que cerrar filas en torno a Alex Kouri, y retirar del escenario a todos los que puedan dispersar su fuerza electoral. Y Kouri -cómplice abierto del fujimorato- es sin duda el alfil de Keiko en la contienda edil del 3 de octubre próximo.

El próximo paso, y el que se busca afirmar desde ahora, es también “cerrar filas” en torno a la candidatura presidencial de Keiko en los comicios nacionales del 10 de abril del 2011. ¿A cambio de qué…? Del apoyo de su gobierno a la reelección de García el 2016 para un tercer mandato gubernativo. En otras palabras, un contubernio contra el pueblo.

¿Podría concebirse mayor desfachatez?

Ese acuerdo no tiene visos personales. Es decir, no se pacta en provecho necesariamente de personas; sino en función de los intereses de la Clase Dominante, y en aplicación rigurosa de las pautas del Imperio.

Y con él se busca afirmar un papel activamente contrarrevolucionario del Perú en, América, sirviendo como parte de un eje siniestro: Santiago-Lima-Bogotá para llevar la agresión y la guerra a nuestro continente.

Una felonía de esa magnitud, simplemente luce inaceptable.

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