lunes, 2 de agosto de 2010

Y siguen estos lerdos creyendo en el capitalismo

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

Sí, erre que erre, sigue siendo el canto al capitalismo la melodía que tocan los obscenos, en la que el estribillo es una condena. La condena a los infiernos al socialismo real que intenta conseguir el mayor grado de igualdad posible en la sociedad.

¿Verdaderamente siguen creyendo los autores, los intelectuales, los que en definitiva piensan que el capitalismo supuestamente democrático es el único y mejor de los sistemas posibles? Si pudo sostenerse esta bárbara mentira en otros tiempos -en otros tiempos de pujanzas y vacas gordas pese a que fueran (como siempre) los menesterosos los que pagan los beneficios de los capitalistas-, hoy día el disparate alcanza cotas delirantes.

En primer lugar porque el nivel de conciencia colectiva es capaz de abortar muchas de las falacias manejadas hasta hoy y que antes engullía. Y en segundo lugar, porque sólo a trancas y barrancas sigue su andadura un sistema que amenaza constantemente con desplomarse; un sistema que perfila sin descanso en el horizonte una crisis mundial sin precedentes, con referencias al 1929, y que en países como España, Grecia, Italia e incluso Francia está sepultando poco a poco toda credibilidad colectiva.

Y sin embargo siguen ahí los mamporreros persiguiendo el socialismo real cuyo icono, para los occidentales, sigue siendo Cuba (y, con reservas ahora, China). Y siguen y siguen diciendo que ese sistema sólo reparte pobreza, que en él no hay libertad, que es invivible, y que sus dirigentes son unos perros sarnosos que merecen no sólo boicots y maniobras amenazantes cerca de sus bahías, sino que se están ganando una atómica sobre La Habana. Como si ese sistema, el del socialismo real, no contara, para permanecer los años que tiene de vida, con la aprobación de una inmensa mayoría del pueblo cubano…

Por otra parte el pánico se cierne sobre los países capitalistas. Hay casi cinco millones de parados en España y quién sabe cuántos millones entre todos los del sistema. Más otros tantos millones de expoliados, de saqueados, de robados por los depredadores del capitalismo, que habitan en otros países a miles de kilómetros de distancia cuyos territorios son ricos en materias primas y sirven al lujo y al despilfarro de los capitalistas.

Lo que equivale a calcular que en estas democracias simuladas gracias al dinero acumulado por las oligarquías, habitan centenares de millones de angustiados por falta de trabajo o de recursos. Mientras otros millones viven opíparamente sólo azorados por pérdidas bursátiles o por verse precisados a reducir un poco sus presupuestos millonarios. Y mientras tanto la OMS dando cifras espeluznantes de enfermedades mentales y nerviosas, de suicidios que cada vez se dan a edades más tempranas, y cada vez más tensiones y más odios... Todo a cuenta de la incertidumbre, de los abusos de las empresas sobre sus trabajadores, de los fuertes sobre los débiles, de los avispados sobre los ilusos y los ingenuos.

Pero ellos dale que dale, ellos cantando al capitalismo que arruina el planeta, que cercena las esperanzas, que incita a la malicia y a la desconfiaza permanentes. Ellos… alabando imaginarias democracias donde la libertad es un mito monstruoso puesto que toda libertad empieza por tener asegurada la tranquilidad de espíritu y cubiertas las necesidades más elementales. Y lo mismo que tan terrible puede ser perder la libertad como sentirla persistente y gravemente amenazada, el capitalismo es una espada de Damocles que hace temer todas las injusticias y la mayoría de los crímenes que asuelan a este mundo.

Y siguen y siguen adorando al capitalismo y a las democracias de mentira, y las siguen inoculando en las almas cándidas, unas, indolentes otras. Que la maldición del infierno caiga sobre sus cantores...

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