jueves, 16 de septiembre de 2010

Argentina, Chaco: Consejos de guerra, la (in) justicia militar

Gonzalo Torres - Marcos Salomón (CHACO DIA POR DIA)

Declararon los ex detenidos Eusebio Esquivel y Juan Argañaráz, con testimonios contundentes sobre el autoritarismo e ilegalidad del gobierno militar. Se pasó a cuarto intermedio hasta el lunes 20. Presenció la audiencia un grupo de abogados pro dictadura.

Después del debate recargado con cinco testimonios del martes 14, la vigésimo séptima jornada de la Causa que investiga las torturas a militantes políticos en la Brigada de Investigaciones y Alcaidía entre 1.975 y 1.979 tuvo dos protagonistas: Juan Argañaráz y Eusebio “Chelo” Esquivel. (Los otros testigos de la fecha presentaron certificaciones médicas que constatan cuadros de salud delicados).

Los ex detenidos políticos relataron lo vivido durante los siete años de cautiverio en las cárceles del Terrorismo de Estado; las vejaciones, el hambre, la nula atención médica, y el verdugueo leguleyo de los “Consejos de Guerra”, parodias de juicios, con militares como “abogados defensores”, que siempre terminaban igual: condenas durísimas por acusaciones generales. La causa continúa el 20 de septiembre con la declaración testimonial de Jorge Campos, Juan Fernández y Antonio Prieto.

Cuatro integrantes del grupo de letrados pro dictadura, “Abogados por la Justicia y la Concordia” presenciaron los debates y saludaron a los imputados y a sus colegas defensores al final de la audiencia. “Esto es una injusticia” manifestó uno de ellos.

Eusebio “Chelo” Esquivel

El 28 de julio de 1976 el Eusebio Esquivel estaba mirando un partido de futbol con su primo en su casa en Villa Federal. Todo normal hasta que aparecieron Gabino Manader y José María Cardozo a bordo de un Renault 12; se acabó el futbol y comenzó el kick boxing; a las piñas y patadas los policías subieron al Chelo al auto y lo llevaron a la Brigada. Con 20 años cumplidos “el Chelo Esquivel” militaba en la jotapé y trabajaba vendiendo hamburguesas en la cantina de la Universidad Tecnológica. A partir de su detención comienza una etapa de su vida que se prolongaría hasta 1983 y lo llevaría por distintos presidios del país.

Brigada de Investigaciones

En la Brigada estuvo un mes en uno de los calabozos de la planta alta, esposado a un lavatorio. Allí fue víctima y testigo de torturas y verdugueos varios; “Me bajan a un salón y me picanean. Se me cae la venda y veo que también torturaban al Indio (Mario) Cuevas mientras el Cabo Sotelo (José Marín, imputado) tocaba el acordeón como un opa, con perdón de los opas” relató al respecto, sin perder tranquilidad. Los policías le preguntaban por otros militantes y por unos ejemplares de Evita Montonera (publicación de la organización Montoneros) que le encontraron cuando lo detienen. Al dúo Manader- Cardozo lo conocía de antes, por las razzias que dirigían en los barrios humildes de la periferia.

Militares

También vio a los militares Patetta y Martínez Segón (imputado en la Causa Masacre de Margarita Belén). Del primero de ellos contó que daba órdenes, lo recuerda “petiso y gordito”. (En ese momento el abogado defensor Federico Carniel se da vuelta y mira al imputado Patetta, cada vez más obeso, que sonríe, “Y bueh…” le dice el militar, como entregado). A los militares los conocía porque había sido colimba en el Grupo de Artillería 7; ingresó a principios de marzo de 1976 y fue como voluntario a la escuela de buceo en Santo Tomé (Santa Fe). En julio de ese año le dan la baja y al poco tiempo lo detienen; “No sé porqué, a lo mejor por ser militante de la juventud peronista”.

Alcaidía; dos costillas rotas

A fines de agosto lo trasladan a la Alcaidía. Ahí los verdugos eran Octavio Ayala (el guardiacárcel jefe) Vittorello, y los tres imputados en la causa Roldán, Alvarez, y Galarza. Pocos días después de la Masacre de Margarita Belén Chelo Esquivel y los detenidos Ricardo Uferer y el Ramón “Negro” Luque fueron castigados por miembros de la guardia en una salita de limpieza. “Fue una paliza tremenda, Roldán pegaba con una manopla, estaban Alvarez y Ayala…” precisó el testigo. Contó que pidió ser atendido por el médico de la Alcaidía, el Dr Rolón, pero el único que lo ayudó fue un enfermero. Le dijo que tenía dos costillas intercostales flotantes y le dio una aspirina para el dolor.

Gira carcelaria

En 1978 el Chelo pasa a la U7, donde queda preso a disposición del Poder Ejecutivo Nacional y es trasladado a la U9, en la Plata. Allí lo liberan en 1979, pero por tan sólo unos diez días; un camión del Ejército lo va a buscar a su casa y lo lleva al Grupo de Artillería 7, donde los militares le hacen un Consejo de Guerra por el cual lo condenan a 16 años. Su abogado “defensor” era un almirante de la Armada al que no conoció, tampoco pudo saber de qué se lo acusaba concretamente. Vuelve a la U7 y después en avión viaja hacia el sur: la U3 de Rawson, donde finalmente el 21 de diciembre de 1983 se decide su libertad.

Juan Argañaráz

Fue detenido el 18 de julio de 1976 por policías de civil y militares. Tenía 28 años, era soltero, vivía con su familia y trabajaba como empleado de la legislatura. Entre los policías que lo detuvieron pudo reconocer, con posterioridad, a Manader, Rodríguez Valiente, Cardozo y Yedro. Estuvo detenido prácticamente toda la dictadura. “Dios fue generoso conmigo y estoy bien físicamente, la única secuela son los siete años, siete meses, 20 días y siete horas que estuve preso” contestó a los abogados de la defensa cuando le preguntaron por las secuelas de su paso por la Brigada de Investigaciones – Alcaidía – U7 y otras cárceles del país.

En todo ese tiempo lo torturaron, le mataron a varios amigos, le hicieron dos Consejos de Guerra y tuvo que soportar un régimen alimentario y sanitario diseñado para destruir la moral de los detenidos. De toda esa experiencia pudo extraer un conocimiento del que no tiene dudas: “Tortura no eran solo los golpes, tortura es la detención ilegal y arbitraria, sin noción del tiempo y el espacio, con la incertidumbre absoluta sobre el futuro, con la perdida del sentido de humanidad y de identidad…esa es la tortura más grave, eso es peor que los golpes, las picanas y las violaciones” precisó.

Usted está despedido

Argañaráz relató que en la Brigada, después de las torturas y de pasar varios días en la “Sala negra” donde la vejación era la regla, fue llevado a otra habitación de la Brigada: la “Sala de Situación”; donde le mostraron una pirámide con nombres de militantes detenidos. Supo entonces que prácticamente todos sus compañeros de la juventud peronista se encontraban en idéntica situación a la suya.

Después lo pasan a la Alcaidía, junto con otros detenidos, entre los que se encontraba Gregorio “Chachi” Quintana, ex presidente de la Asociación de Presos Políticos de Chaco y uno de los promotores de los juicios al terrorismo de Estado, fallecido en mayo de este año. “Chachi” fue compañero de celda del declarante; “Estuvo conmigo varios meses, fue duramente torturado, estaba muy dolorido, con marcas en muñecas y tobillos, y pedía remedios que no le daban” relató.

Estando detenido en la Alcaidía recibió un telegrama. Sobre llovido, mojado; un gendarme interventor de la legislatura le informaba que estaba despedido. En septiembre del 76 es trasladado a la U7 con un contingente de detenidos. Allí soportan un régimen de aislamiento total y en una época llegan a estar 23 horas encerrados, con una hora para higienizarse a las corridas.

(IN) Justicia militar: 24 años y 11 meses de condena.

En toda su detención Argañaráz nunca se entrevistó con un juez, tampoco pudo consultar su expediente, si es que existió. Aún así le hicieron dos Consejos de Guerra. Los ya nombrados Patetta y Martínez Segón fueron los que lo anoticiaron de los “juicios militares”. En el primero lo condenaron a 24 años y 11 meses, pero el proceso cayó por haberse salteado el paso de la declaración indagatoria. “Los defensores era militares que no conocíamos, nos decían que nos declarásemos culpables”. Cuando los detenidos se negaron a hacerlo, en el año 1979, durante el segundo Consejo el grupo de “procesados” fue llevado a un galpón, donde les quitaron las vendas (pero no las esposas) y un militar de alto rango les advirtió a los gritos que si no deponían su actitud serían fusilados. Después los fajaron, como para terminar de convencerlos.

Lo siguiente fue la U9 a fines de 1980, donde pasó dos años más. A principios de 1983 conoció la cárcel de Caseros y en agosto lo enviaron a Rawson de donde regresó a Resistencia para ser liberado el 21 de diciembre de 1983.

Los abogados de la defensa preguntaron con insistencia cómo fue que el testigo reconoce a sus torturadores. Argañaraz explicó que pudo saber cómo se llamaban recién en 1985, gracias a la labor de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara Legislativa. El testigo tuvo que explicar el proceso de identificación; se hizo por dos etapas, primero señaló las fotografías de los represores que pudo reconocer, después le pasaron los datos. Preguntado sobre la posibilidad de reconocer a varios de los imputados describió someramente a Manader tal y como lo recuerda al momento de los hechos y remarcó “Si este juicio se hubiera hecho veinte años atrás muchos detalles estarían más frescos en la memoria”.

La defensa de los imputados

Promediaba la declaración de Chelo Esquivel y de pronto ingresaron cuatro personas muy elegantes; tres hombres trajeados y una señora rubia, muy coqueta, que se ubicaron en el sector destinado a los familiares de los imputados. A más de uno la cuestión le llamó la atención; primero porque supuestamente, una vez iniciados los debates no se permite el ingreso a la sala hasta un cuarto intermedio, segundo porque por la pilcha y la actitud, no parecían ser parientes de ninguno de los 10 policías ni 2 militares. Cuando todo terminó y los cuatro visitantes se acercaron a los imputados para intercambiar saludos, besos y abrazos la cosa quedó más clara: eran integrantes de la “Asociación Civil de Abogados por la Justicia y la Concordia” fundada en Buenos Aires en 2009, para presionar por la libertad de los militares procesados y detenidos por crímenes de lesa humanidad durante la última dictadura cívico militar.

El Dr. Alberto Solanet presidente de la asociación, encabeza una delegación que visita la región y estará presente en la audiencia por la Masacre de Margarita Belén, además darán una conferencia de prensa. Alberto Solanet es presidente de la Corporación de Abogados Católicos y suele escribir en La Nación, condenando el aborto, la eutanasia, el matrimonio igualitario, la despenalización del consumo personal de drogas, la experimentación con células madre.

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