lunes, 27 de septiembre de 2010

Las huelgas huelgan

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

La huelga es un arma del siglo XIX contra el capitalismo industrial. Pero ya está trasnochada para combatir al capitalismo financiero. El capitalismo evoluciona para perpetuarse: haga lo mismo el trabajo para hacerle frente con opciones...

Hagamos un somero repaso. Después de desaparecido el dictador e inaugurada la democracia española, España ha vivido seis huelgas generales. La primera tiene lugar el 5 de abril de 1978 gobernando Adolfo Suárez. La segunda el 20 de junio de 1985, la tercera el 14 de diciembre de 1988, y la cuarta el 28 de mayo de 1992; las tres con Felipe González. La quinta el 27 de enero de 1994, y la sexta el 20 de junio de 2002; las dos con Aznar.

Bien, pues, haciendo balance ¿qué, significativamente hablando, se ha conseguido con las seis? Las huelgas generales acaban siendo un festival a favor del capitalismo que así puede decir, ¿no véis qué libertad tenemos, que los trabajadores pueden protestar masivamente sin ir a la cárcel?

Hay muchos planos en que podemos situar la realidad, y muchos modos de mirarla. No sólo el plano político, económico, laboral o sociológico. También hay otro, el antropológico. Y bajo este prisma se aprecia mucho más que el impacto de la huelga general sobre la realidad política, económica, laboral y sociológica es absolutamente irrelevante. Ved qué poco han cambiado las cosas desde entonces; no sólo no han cambiado, es que han ido de mal en peor…

No me preguntéis qué hacer entonces. No lo sé. Yo, cuando observo el conjunto, no examino con lupa los detalles; no miro a los árboles, miro al bosque. Los árboles son todos iguales. Los detalles sociales para el periodista, los laborales para el trabajador, los económicos para el economista, y los políticos para los gobernantes, la oposición y los muy honorables analistas, también son todos iguales.

Lo que digo es que para hacer frente al capitalismo en el siglo XXI las huelgas generales son prácticamente inocuas, dejan indemne al sistema y hasta podría decirse que, como decorado, lo robustecen. Y en cuanto a los capitalistas, si el mundo del trabajo y sindical gasta sus propias energías sin contraprestaciones palpables, tras ellas aquellos toman aire, se relajan y todo sigue igual. Cada cual puede ver ventajas o desventajas en lo que quiera, pero lo cierto es que las huelgas funcionan ya mucho más como totem y como fiesta que como instrumento de ataque contra los dueños del dinero, del poder, de las oficinas, de los talleres, de los comercios y de las fábricas, que son los, en teoría, afectados por ellas.

Que se sepa, la situación o está estancada o ha degenarado. No por las huelgas generales, naturalmente, sino por los dispositivos que desregulan el mercado y quebrantan la democracia. Y esos vienen desde muy lejos. Los gobiernos son títeres de titiriteros invisibles, y esto lo sabemos. Se aparenta entre todos (también nosotros, la izquierda que lo consiente) que los gobiernos y la "patronal” pueden arreglar los desmanes, abusos y desafueros del capitalismo que no tienen solución por vías no abruptas. Y se culpa a los gobiernos hasta de que no llueva ¡Piove! porco governo… dicen en Italia.

Sea como fuere, ya sabemos a estas alturas qué es el capitalismo y cómo funciona. No es cosa de empezar otra vez a señalar sus lacras y defectos que son en realidad tumores y mutilaciones sociales. Hay que empezar a pensar en otras soluciones más severas, y buscarlas para hacer frente a la patronal, a los ricos, a los gobiernos y al capitalismo.

Porque una cosa es manifestar públicamente el descontento general, y otra plantar cara al capital. ¿La fórmula?, la ignoro. Pero lo que sí sé es que hace falta imaginación para encontrarla y no conformarse con mostrar el descontento; hay que exigir cambios, traumáticos y urgentes. Y si con ellos el capitalismo se va por los desagües, mejor. Creo que los que ni nos mentimos s nosotros mismos ni somos cobardes es lo que queremos...

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