miércoles, 17 de noviembre de 2010

“Abril golpe Adentro”, un libro revelador: Entretelones del golpe 2002 en Venezuela

Ernesto Carmona (especial para ARGENPRESS.info)

En la reciente Feria Internacional del Libro de Santiago se presentó “Abril golpe adentro”, llamativo título de un texto del periodista venezolano Ernesto Villegas Poljak. La obra se tituló así porque es una crónica histórica, reporteada con gran rigor periodístico durante 7 años en que Villegas escudriñó las entrañas y poco agradables vísceras del golpismo venezolano, los preparativos, la traición, el desarrollo, la ejecución misma e incluso el epílogo del fallido golpe que sacó del poder a Hugo Chávez aquellas dos jornadas que comenzaron la tarde del jueves 11 de abril de 2002 y concluyeron el 13, cuando el mandatario fue restituido a su sillón del Palacio de Miraflores por la fuerza del pueblo y las armas de militares leales al gobierno legítimo, en un hecho hasta entonces sin precedentes en la historia política reciente latinoamericana.

Villegas tuvo el raro privilegio de desplegar su profesión a dos bandas. Su cobertura incluyó a “los malos” y a “los buenos”, a los fascistas y al pueblo, a los uniformados sediciosos y a los leales a la Constitución. Pero la brújula del reportero nunca perdió su norte. Un periodista nunca es imparcial y la verdad jamás tiene dos caras, a despecho de la mítica “objetividad” inventada por las empresas informativas para disfrazar su subjetividad mientras disfrutan del poder que otorga el negocio de la mal llamada “libertad de prensa”. Villegas hizo su cobertura con dos credenciales, como periodista de dos medios diametralmente opuestos: El Universal de Caracas, diario de la oligarquía y exponente del duopolio que domina la prensa de ese país, y el Canal 8, Venezolana de Televisión, medio público y hacia 2002, la única estación de TV estatal bajo la incipiente Revolución Bolivariana.

Por su condición de redactor político del matutino oligárquico, Villegas pudo interiorizarse profundamente de los pormenores tramados en el cogollo mismo de quienes concibieron, alentaron, condujeron, apoyaron y llevaron a cabo la aventura golpista. Y al mismo tiempo, indagó en el seno del pueblo, de las fuerzas militares leales y del gobierno Chávez, en virtud de su calidad de conductor de las incisivas entrevistas políticas del programa En Confianza, que la televisión pública transmitía a las 6 de la madrugada, un horario top y de alto rating en la cultura informativa de un país madrugador, pero insólito en los usos y costumbres de otras latitudes, donde al parecer se duerme más, …políticamente. El pueblo trabajador siempre madruga, pero no para ver televisión, y menos la TV basura que abunda en América del Sur.
Las casi 400 páginas del libro se leen de un tirón y resultan tan entretenidas como una buena novela de la vida real. No es gratuito que a 8 años de los acontecimientos que lo motivaron, “Abril golpe adentro” haya publicado 4 ediciones que suman 30 mil ejemplares desde que apareció en octubre de 2009. No es un libro más de propaganda de la Revolución Bolivariana y tampoco fue financiado por el gobierno Chávez. Es un trabajo periodístico e historiográfico de gran seriedad, publicado por editorial Galac, cuyo contenido rebalsa el interés del lector político local. Es decir, su lectura resulta atractiva y concita interés en cualquier rincón de Latinoamérica.

Explotación moderna del periodista

La lectura de este libro deja claro que para Villegas-periodista el día siempre ha sido más largo que para el común de los mortales, aunque igual tenga 24 horas. En aquellos días de abril de 2002, Ernesto comenzaba su jornada laboral de madrugada, en VTV. Siempre tuvo algún trabajo adicional en radio durante la jornada, y concluía su trabajo a la hora del cierre nocturno de “El Universal”. Y entre medio preparaba éste y otros libros, con tesón y talento combinados con cierta juventud y, sobre todo, las ganas de hacer periodismo. Villegas anuncia que ahora está preparando un contra-libro de “Abril golpe adentro”, mejor dicho un complemento, algo así como “Abril contragolpe adentro”, para reivindicar el protagonismo de quienes padecieron el golpe y actuaron en su contra, en esas dramáticas 47 horas del 11 al 13 de abril 2002.

Los periodistas latinoamericanos suelen ser “trabajólico”, pero no por vanidad, ni por aparecer en varios medios, sino simplemente para mantenerse vivos. La mera subsistencia impone el pluriempleo, que significa trabajar para varias empresas, y cada vez en una relación laboral más precaria. Incluso como free lance o reportero independiente, el periodista pluriempleado percibe un pago sólo cuando se le pide un trabajo específico, sin la relación laboral tradicional del extinguido contrato de trabajo. Y la concentración creciente de la propiedad de los medios -que no es un fenómeno exclusivo Latinoamérica- también significa menos fuentes de trabajo para los periodistas. Las fusiones de grandes empresas siempre traen consigo grandes despidos. El periodista es un trabajador como cualquier otro, sometido a las feroces reglas del capitalismo despiadado y muchas veces sub-contratado, como un minero o un obrero de la construcción.

Villegas atisbó conflictos por doquier, conoció traiciones, percibió matices y averiguó respuestas a muchas cuestiones que para el común de los venezolanos todavía hoy no tienen explicación convincente, y tampoco para la historia y la justicia. Esos entretelones, que provocaron una veintena de muertes y ya son históricos, todavía ofrecen muchas vertientes oscuras y trabajo pendiente para el periodismo de investigación que cultiva Villegas.

En los hechos del 11 de abril hubo muchas similitudes con el 11 de septiembre del Chile de 1973, cuando la traición y la felonía de militares y civiles terminaron con el gobierno legítimo de Salvador Allende. Lo maravilloso es que en Venezuela el golpe fue revertido. Y de paso, respecto a Chile, bajo el gobierno de Ricardo Lagos, y a la par que Estados Unidos y la España del post-franquista J.M. Aznar, fue uno de los pocos países del mundo que apoyó abiertamente la asonada. Para la historiografía quedó registrada una vergonzante declaración oficial de la Cancillería, que curiosamente le echó la culpa del golpe… al propio Chávez. Este libro revela que el abogado chileno Santiago Catón, secretario de la comisión de derechos humanos de la Organización de Estados Americanos en 2002, y probablemente todavía funcionario de esa organización, no le hizo caso al reclamo de una organización de derechos humanos de Bogotá, Colombia, que clamaba respeto por la vida de Chávez en las cruciales horas en que se desconocían su real paradero y situación, y en cambio le dirigió una carta al canciller del efímero gobierno golpista, el demócrata cristiano José Rodríguez Iturbe, en un gesto que implicó un reconocimiento de la OEA al régimen de facto.

El oscuro rol de CNN en el golpe

Este libro no sólo concita profundas reflexiones políticas en el escenario de nuestra América. También atañe al periodismo, a la conducta de los medios, a la ética de la información, las empresas periodísticas, la prensa, la televisión y la radio, así como a los propios periodistas. Villegas resolvió la contradicción típica del periodista latinoamericano pluriempleado dejando de trabajar en El Universal a los pocos días del golpe. Concluyó que sin estar de acuerdo con la línea editorial no se puede servir a dos patrones, aunque uno posea un diario y el otro sea un medio radio-electrónico, como tampoco se puede cabalgar en dos caballos a la vez. Así como en Chile todos los grandes medios estuvieron a favor del golpe contra Allende, y participaron activamente con financiamiento de EEUU -como El Mercurio, de Agustín Edwards-, los medios de Venezuela llegaron mucho más lejos: participaron activamente en la gestación del golpe, en fabricar muertos para achacárselos al gobierno depuesto y luego sus dueños fueron al Palacio Miraflores para ponerse a disposición del gobierno de facto, que apenas duró un largo día y medio. Incluso pidieron hacerse cargo de la “política de comunicaciones”.
Las páginas de Villegas describen cómo los medios dejaron de informar y guardaron silencio noticioso en aquellos trágicos 11, 12 y 13 de abril 2002. Así como Pinochet silenció y destruyó los medios partidarios de Allende en 1973, la primera medida de los golpistas fue silenciar VTV, el canal donde trabajaba Villegas, que entonces era el único medio favorable al gobierno de Chávez. Villegas describe cuestiones desconocidas, como el papel que desempeñó CNN en difundir el “pronunciamiento” golpista grabado en video tape… antes que se produjera el golpe, aludiendo muertes mucho antes que se produjera la primera defunción, pues los asesinatos también fueron planificados fríamente para atribuírselos al gobierno y justificar “moralmente” la asonada. Al leer este libro uno se pregunta: ¿por qué el corresponsal de CNN, el periodista de origen peruano Otto Neustaldt, reportó muertes todavía inexistentes y grabó en video con anticipación la proclama militar golpista, copió las cintas de video tape y luego salió a repartirlas en su propia motocicleta, todo esto horas antes que realmente ocurrieran los hechos, y antes que hubiera gente inocente muerta. ¿Por qué? Evidentemente, ése no es el rol de un periodista.

Respuestas aún pendientes

El golpe de 2002 en Venezuela dejó hasta hoy muchas incógnitas pendientes y creó nuevas interrogantes. Por ejemplo, todavía no se ha aclarado quienes fueron los autores intelectuales del asesinato del fiscal Danilo Anderson, quien investigó las muertes de aquel 11 de abril, el golpe mismo y el rol de 400 personas que disolvieron por decreto los poderes públicos, derogaron la Constitución y declararon fenecida la Asamblea Nacional, o sea, el poder legislativo. Y Anderson murió brutalmente asesinado el 18 de noviembre de 2004, más de dos años y medio después del golpe. Para peor, en diciembre de 2007 hubo una amnistía, demasiado generosa, quizás para coadyuvar a que la oposición de derecha se enrielara en el camino legal y abandonara la vía armada participando en las elecciones, como últimamente lo ha hecho. Pero igual quedó un sabor amargo a impunidad.

“Por sus hechos los conoceréis”, dice la sentencia bíblica. Citando a San Juan, la hipócrita inscripción del vestíbulo central de la CIA sostiene que “la verdad os hará libres”. Los ciudadanos suponemos que los medios informativos existen para relatar qué está pasando, ofreciendo noticias reales, de verdad, y así cómo los médicos juran por Hipócrates salvaguardar la vida humana, a los periodistas también se les supone un compromiso con la verdad. Pero este libro de Ernesto Villegas demuestra que universalmente hoy esto no siempre ocurre así, “aquí y en la quebrada del ají”. Estar oportuna y verazmente informado es un derecho humano, pesa más que una garantía ciudadana como el derecho a reunión, pero no debe confundírsele con la llamada “libertad de prensa”, el seudo derecho acuñado por las grandes empresas periodísticas de todo el planeta precisamente para amparar y blindar su quehacer de todo lo contrario: desinformar y ocultar noticias en nombre de una supuesta libertad y una pretendida defensa de la democracia, pero sólo para unos pocos, quizás como en el modelo de la antigua Grecia, donde la discusión pública y el hecho de gobernar era privilegio de unos pocos ciudadanos, porque en aquellos tiempos los demás eran esclavos sin derechos políticos: sólo trabajaban.

El derecho a la información y a conocer los entretelones, la verdad oculta de los hechos políticos, resulta fortalecido con la lectura del texto de Villegas. El derecho a la información veraz y oportuna no sólo atañe a los periodistas y a los dueños de medios. Más que un derecho ciudadano, es un derecho humano. Nos atañe a todos…

Foto: Portada de “Abril golpe adentro”, de Ernesto Villegas

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