miércoles, 10 de noviembre de 2010

Gobiernos casados con la Iglesia

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

Días atrás arremetí, santa o sañudamente, contra el papado y la curia. Hoy me toca hacerlo, rabiosamente, contra los gobiernos blandos con ellos y la Iglesia...

No, no somos nosotros, los ciudadanos comunes, los que topamos con la Iglesia: son los gobiernos de izquierda presunta que van desfilando en este país quienes no se enfrentan a la Iglesia vaticana. Este es un problema capital en este país, que mueve toda la vida a la mayor indignación. Pues mientras la Iglesia católica no abandone su protagonismo tanto en la escena pública como entre bastidores, este país seguirá siendo el lugar más atrasado de Europa.

La Iglesia católica lastra la legislación y el cumplimiento de las leyes positivas. A unas las perturba directamente y a otras por la puerta de atrás. Ya pueden presumir los políticos y demás estamentos incluidos los mediáticos de ocupar España un puesto relevante en el mundo en ciertas cosas. España es un país semiteocrático. Muchos claman por la teocracia imperante en países como Irán, pero les parece de lo más normal que la teocracia se aloje en el ojo propio. Esto es vergonzante.

Y la desesperanza se apodera de nosotros cuando vemos que son justo los gobiernos socialistas que debieran arreglar las cosas los que se empeñan en hacernos creer que la religión católica cabe en el progreso y la justicia, pese a que el progreso y la justicia están viciados de una religiosidad que es mayoritariamente inexistente.

Hay muchos motivos para sentir pública indignación. Porque no es ya sólo la injusticia estructural propia de la sociedad capitalista; no es ya la injusticia social que crea abismos entre ricos y menesterosos; no son ya las promesas incumplidas de los políticos de izquierda; no es ya la absoluta falta de determinación de gobiernos dirigidos unas veces por Europa y otras por los yanquis. Es que resulta exasperante vernos gobernados por “creyentes” que frenan iniciativas gubernamentales o las malogran, juzgados por jueces y atendidos por médicos, ambos de mentalidad teológica.

Como en otros temas de carácter internacional, aquí todos los gobiernos o están abiertamente con la Iglesia o el imperio, o con el imperio y la Iglesia, y de rechazo contra gobiernos extranjeros que no se amilanan frente a ambos. El temor a la Iglesia gobierna al gobierno, y el miedo a perder el poder sobrecoge a los espíritus de los falsos socialistas que permiten la tiranía de la Iglesia en este país…

Véase cómo trata el gobierno a la Iglesia pederasta: Sube un 34% la asignación de la casilla católica del IRPF, renuncia a la reforma de la ley de libertad religiosa y se gasta varios millones de euros públicos en el reciente viaje del Papa, financia la enseñanza de religión católica en las escuelas públicas, asigna más de 6.000 millones anuales a la Iglesia y, por si fuera poco, mantiene con el Vaticano un Concordato preconstitucional. Y el papa viaja a España para decir de cerca que “ha nacido una laicidad, un anticlericalismo fuerte y agresivo como se vio en la década de los años treinta” confundiendo maliciosamente anticlericalismo y laicismo.

Y luego, ni apunta a una intención remota de restablecer la república, ni emprende la reforma de la constitución, ni grava más a los ricos, ni propone modificar la ley electoral, ni pone en marcha la prometida en su programa España federal…

Todo es una serie de despropósitos, de engañifas y de abusos contra el pueblo entre la Iglesia y el gobierno, que inducen a ver en el gobierno al principal proxeneta de la Iglesia.

He dicho en otras ocasiones, y ahora lo repito, que prefiero a un gobierno fascista a otro que no se sabe qué es vestido de cordero. A aquél se le ve venir, es nuestro enemigo declarado y le tratamos como a tal. Mientras que los gobiernos de la izquierda creímos que eran nuestros amigos e iban a dar solución a nuestras justas aspiraciones, y luego resulta que son de tal tibieza que las esperanzas que pusimos en ellos hace 30 años nos las defraudan una vez tras otra. Estas contemplaciones con la Iglesia, este tanto beneficiarla, esta renuncia a la aconfesionalidad constitucional… son una burla reiterada que hace más daño moral a la ciudadanía que los modos, afrentas y barbaridades de los fascistas hoy llamados neoliberales.

Lo cierto es que lo único que podría dar solución a muchas cosas en este país, incluido el crónico asunto vasco, es que se quiten la careta de una vez todos aquellos y aquellas que militan en la vidriosa izquierda política dando paso a la izquierda auténtica.

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