martes, 28 de diciembre de 2010

Seguir enfrentando al neoliberalismo

Ricardo Luis Plaul (especial para ARGENPRESS.info)

El sistema Neoliberal sigue generando en el mundo pobreza, desigualdad y violencia. Este modelo codicioso, individualista, depredador y competitivo no tiene en cuenta los Derechos Humanos ni el cuidado de los recursos naturales, ni el respeto de las minorías.

El neoliberalismo se ha apropiado de un conjunto de ideas de Friedrich Hayek y Milton Friedman, según las cuales la libertad está garantizada con propiedad privada más fuerte, mercado libre y reducción del poder del Estado. Este es un mecanismo para la reestructuración y consolidación del poder de clase. Desafortunadamente en algunos países el Neoliberalismo, como proyecto de dominación y acumulación, se ha profundizado y ganado fuerza, con las consecuencias previsibles de empobrecimiento y exclusión.

La búsqueda de modelos democráticos, participativos, inclusivos e igualitarios, que no dejen las decisiones políticas en manos de los bancos, de las transnacionales, de las oligarquías nativas, debe ser el norte de los países de Nuestra América. Un modelo que priorice la inversión en nutrición infantil y el desarrollo cultural y social, que planifique democrática y participativamente políticas sociales integradas, con un enfoque interdisciplinario e interinstitucional. Que atienda la salud de la población con un enfoque social y preventivo.

Deben enunciarse objetivos de mediano y largo alcance para la distribución equitativa de la riqueza, la reducción de la desigualdad y la pobreza, el combate contra el desempleo, el empleo precario y en negro y la satisfacción de la demanda de los ciudadanos en materia de salud, educación, transporte, servicios y ambiente.

Las ciudades de la Región necesitan gobiernos municipales que tengan en cuenta los intereses y necesidades reales de los vecinos en una planificación participativa de su gestión. Las políticas públicas deben apuntar a una concepción más humana, que respete los derechos de los trabajadores y que cuente con un sistema de protección social desde que nace hasta que se muere.

Es deber de todos asumir el compromiso histórico latinoamericano de indignación frente a la pobreza y desigualdad y de defensa de la paz, la justicia y la fraternidad, frente a la alternativa neoliberal inhumana que sufren muchos de nuestros pueblos. La indigencia, la violencia, las adicciones, las torturas, el encarcelamiento en condiciones indignas, los asesinatos y las desapariciones, las epidemias prevenibles, el desempleo, la precarización laboral son algunas de las consecuencias que hoy sufren en Colombia, Honduras, México, Perú, Chile, Panamá, Costa Rica, como consecuencia del capitalismo salvaje que imponen y controlan los amos del mundo.

Frente a la prepotencia del Imperio nos manifestamos por el cierre de la Escuela de las Américas del ejército de los Estados Unidos, actualmente llamada: Instituto de la Cooperación para la Seguridad Hemisférica. Es intolerable que haya países de nuestro continente que envíen efectivos a “capacitarse” en ella, cuando es una usina de golpes de Estado, de formación de dictadores y una escuela de crímenes. También repudiamos la existencia de bases militares y prisiones yanquis en Nuestra América y en el Caribe con la excusa del combate contra las drogas cuyo mayor consumidor son los propios Estados Unidos.

En nuestro país, la muerte del niño Ezequiel Ferreyra, víctima del trabajo infantil, es una horrorosa muestra de los aún existentes nichos de explotación que se deben combatir con todas las armas legales del Estado, para romper el cerco de impunidad de los poderosos y acabar con las manifestaciones de un sistema perverso que recurre a la reducción a la servidumbre, al trabajo infantil, la trata laboral y el tráfico de personas.

La existencia de la precarización laboral existente en muchos sectores, desde el proceso de privatizaciones de la década de los 90, le costó la vida al joven Mariano Ferreyra. Es necesaria la modificación del art. 30 de la Ley de contrato de Trabajo sancionada en 1974 y modificada por la dictadura y el menemismo. Según este artículo los empresarios solo son solidariamente responsables cuando la tercerización se realiza sobre la actividad principal de la Compañía; cuando en la práctica lo que terceriza es la actividad accesoria. Las empresas que tercerizan deben ejercer control sobre el cumplimiento de las obligaciones que tienen los contratistas o subcontratistas respecto de cada uno de los trabajadores que presten servicios y no deben delegar esta obligación. Los trabajadores tercerizados deben tener iguales derechos que los que trabajen en relación de dependencia.

En el litoral y en el NOA, la situación de las poblaciones originarias, de los niños, ancianos y trabajadores es lamentable, miles viven en condiciones indignas y es poco e insuficiente lo que los gobiernos provinciales, atados a viejas y conocidas prácticas corruptas, hacen por revertir la situación.

En la ciudad de Buenos Aires y en el conurbano bonaerense, la incompetencia, la corrupción y la indiferencia de los respectivos gobiernos municipales ha mantenido el statu- quo, y en algunos casos profundizado, el déficit habitacional. Esto genera situaciones de violencia, en muchos casos intencionalmente provocadas, que ocasionan muertes innecesarias y situaciones de extrema necesidad sobre la que se montan los punteros para su provecho y el de los que les pagan como a modernos mercenarios que lucran con la necesidad de los pobres.

Sólo en unos pocos casos las cooperativas de trabajo municipales, idea por demás positiva, han sido capacitadas y organizadas como verdaderas cooperativas y se mantienen como grupos de empleados municipales precarizados con escasas posibilidades de construir ciudadanía y de crecer como organizaciones de trabajo solidarias y autónomas.

El mundo capitalista se está suicidando; por esta razón hay que crear un Proyecto alternativo para mejorar las condiciones de vida del pueblo, para afirmar que “otro mundo es posible”.

El Capitalismo trajo consigo:

• Una nueva relación con la Naturaleza.

• Otro sistema de producción

• Nuevos arreglos políticos-institucionales.

• Cambios en la vida cotidiana de las personas.

El movimiento anticapitalista tiene que luchar en todas estas dimensiones y no solamente en una de ellas como algunos hacen actualmente.

Las organizaciones y movimientos socio - políticos, encuadrados en lo que podríamos llamar el pensamiento popular y revolucionario, deberán evolucionar, en los diferentes países de la Región, para superar viejas antinomias e individualismos, para construir sobre el camino que con contradicciones, marchas y contramarchas, errores, improvisaciones , oportunismos y corruptelas persistentes, están llevando adelante gobiernos que tienen un discurso, que a veces es más progresista que sus acciones, pero que ha enfrentado en los hechos a los sectores más reaccionarios y concentrados del poder económico en muchas de sus decisiones.

Las críticas que desde sectores de izquierda se hacen a gobiernos como el del Brasil, Argentina o Paraguay que no han fijado - y en algunos casos no es esperable que lo hagan porque es otra su postura ideológica - el rumbo hacia el Socialismo, deben:

• Formar parte de un debate que fortalezca el campo popular y lo haga crecer.

• Ser resultado de investigaciones, conocimientos y prácticas experimentadas, corroboradas por especialistas en los diversos temas, discutidas en diversos foros y no provenientes del sentido común sin fundamento o del oportunismo político.

• Tener en cuenta cuáles son las fuerzas e intereses que se enfrentan y cuál es la contradicción principal en determinado momento de la historia.

• Traer una contrapuesta fundamentada que se esté dispuesto a negociar y modificar para no generar situaciones en las que la derecha salga en definitiva gananciosa.

• No ser sostenidas sólo porque forman parte de un reclamo histórico que alguna vez tuvo sentido pero que debe adecuarse a las nuevas condiciones y requerimientos de la sociedad en general, de la ciencia y la tecnología, y de las necesidades e intereses de los sectores populares.

• Sostenerse, difundirse y mejorarse, pero nunca constituirse en herramienta de desestabilización o ataque violento de lo institucional o de lo público.

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