jueves, 28 de abril de 2011

Cuestión de independencia

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

La independencia de los pueblos, como la libertad para las personas, son los dos bienes más preciados del ser humano y de la colectividad. Pero en España hay una parte de ella muy activa que se opone con todas sus fuerzas desde la noche de los tiempos a la independencia de algunos de sus territorios que la desean vivamente.

Euzkadi, Catalunya y Galiza, por orden de tenacidad, son las tres colectividades donde el sentimiento de independencia estalla con más determinación. No importa que una parte de esas poblaciones sea indiferente o esté ajena a él. No importa que otra parte se oponga con más encono que pone el independentista en el propósito. Generalmente se opone con uñas y dientes esa población que propiamente no tiene patria porque su única bandera es el dinero. Por eso para todos cuantos lo acaparan en el mundo, todo lo que no propicie acrecentarlo o retenerlo es irrelevante. Y la independencia, que es el valor más seguro de los soñadores, de los austeros y de la gente más sencilla, los otros la ven con desdén o con odio.

Lo cierto es que quienes aspiran a la independencia de Euzkadi, Catalunya y Galiza sufren una permanente frustración y en tantos casos además persecución por distintas vías. Hablando de Euzkadi, de un tiempo a esta parte ese núcleo de población para el que la independencia vale más que todo lo demás trata de organizarse políticamente ateniéndose de mejor o peor gana a las reglas del juego democrático para por lo menos hacerse oír; un juego impuesto por los mismos que articularon a su conveniencia la forma de Estado y la forma de gobierno para toda la península y las islas. Pero resulta que, sea el grupo político que sea el que democráticamente intenta entrar en el juego y trata de expresar su voluntad soberanista, siempre la parte organizada, bien armada y dominante del resto del Estado, se niega a permitirlo. Siempre, rebuscando, encuentra una relación entre los que comparten el deseo de participar ordenadamente en el proceso electoral y esa otra parte minúscula que la ha exigido violentamente. De esta manera del millón ochocientos mil ciudadanos que aproximadamente forman el censo electoral del País Vasco, un cuarto de millón queda sistemáticamente excluido y no puede manifestarse a través de las urnas.

En cuanto a Cataluña, Catalunya trata el asunto de una manera diferente pero con el mismo resultado negativo. Hay actualmente unos movimientos independentistas que es sólo cuestión de tiempo que fructifiquen. Hasta los monjes de Montserrat están a favor de la autodeterminación. Pienso que terminarán por conseguirlo. Y cuando Cataluña sea independiente le seguirán otras naciones que lo son ya en espíritu a pesar de que lo impidan los guardianes unionistas de los tres poderes.

Galiza es un caso aparte, donde los deseos de independencia se sienten de manera más atenuados pero no por ello menos ardientes.

Y sin embargo, la única manera de resolver los problemas estructurales, psicológicos, materiales y territoriales que hacen de España un avispero permanente es escuchando la voz de los que no se sienten españoles. La independencia de los territorios que la demanden o una confederación de estados es la solución más razonable.

Las poblaciones pequeñas aglutinadas en un paisaje definido se gobiernan a sí mismas mucho mejor que un conglomerado de áreas geográficas sin nada en común que no sea el empeño histórico de algunos exaltados por unirlas a la fuerza. Cuando no hay macropoblaciones que son enemigas entre sí aunque sólo sea porque están obligadas por el poder (que por definición no cambia) a coexistir, la vida es más expansiva y más sencilla. Ahí tenemos, por ejemplo, a Islandia cuyo pueblo por segunda vez ha rechazado en referéndum pagar la factura de la bancarrota a la que les ha llevado a los islandeses los cómplices del neoliberalismo financiero. Una población razonablemente pequeña puede hacer eso... Yugoslavia fue otrora otro avispero que se ha descompuesto felizmente en varios estados independientes que ahora viven sin problemas pese a que los espacios geográficos de esos estados siguen naturalmente en el mismo sitio...

Los que se empeñan en poner puertas al campo pese a saber que el campo es libre pese a las puertas, y los que se saben que las alambradas son incompatibles con una democracia que se jacta de libertad y donde pueden triunfar mayorías que están ahí para poder aprobar, por ejemplo, la independencia, son los que traen la discordia y el odio a este país.

Y no son baladíes las razones por las que esos tres territorios “díscolos” desean fervientemente la soberanía. No sólo porque sí, porque un mayor de edad si desea independizarse de su familia lo natural es que se independice e incluso que la familia le ayude a ello. No sólo por eso, es que hay abismales diferencias de sensibilidad y de pensamiento entre las poblaciones de esos territorios y el resto de la sociedad española. Las diferencias se aprecian en todo. Euzkadi, Catalunya y Galiza conciben y practican la política, la empresa, el derecho, las relaciones contractuales, etc de una manera bien diferente al resto. La misma estética de la convivencia, hasta el deporte, el fútbol, el trato al extranjero, al foráneo, al inmigrante..., todo es absolutamente distinto e incompatible entre el modo de entender la vida de esos territorios y el resto del Estado español. Ahora y siempre. De aquí tanto rencor, tanto odio, tanta enemiga más o menos soterrados entre una parte de la península norteña (¿quizá también Canarias? y el resto meridional. El caso es que entre unos y otros hay la misma distancia que entre un dogmático, un fundamentalista o un talibán, y un relativista que desea por encima de todo la concordia y la paz
Ya va siendo hora de que se rompa esta España por los costurones que los absolutistas, los dictadores y los fascistas la mantienen unida a la fuerza a lo largo de toda su historia. Una España tachonada, por un lado de los dominadores por casta desde tiempo inmemorial, pero por otro plagada de ansiosos por desvincularse de ella para recuperar la identidad no adquirida o realizada nunca, frustrada en definitiva que los anteriores se han pasado la historia zahiriendo, acosando, persiguiendo, anulando, a menudo torturando y a veces matando...

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.