jueves, 28 de abril de 2011

Desde el Golfo de México hasta Fukushima

Vlad Grinkevich (RIA NOVOSTI)

Hace un año en el Golfo de México se hundió la plataforma petrolera Deepwater Horizon de la empresa British Petroleum.

El accidente fue bautizado casi inmediatamente como “el Chernobil de la industria petrolera”, por ser una de las catástrofes ecológicas más graves de las últimas décadas: se vertieron al Golfo de México cerca de 700.000 toneladas de crudo contaminando las costas de los estados de Luisiana, Alabama, Florida y Mississippi.

El accidente generó discusiones sobre el futuro desarrollo de las tecnologías energéticas en el mundo, volviendo al orden del día los proyectos para la construcción de centrales nucleares. Sin embargo, en menos de un año se produjo el accidente en la central nuclear de Fukushima y el sector de la energía quedó una vez más en la encrucijada.

Guerra de fobias

Es difícil establecer a ciencia cierta, cuál de las amenazas, entre la contaminación de petróleo o la radiación, representa mayor peligro para hombre; pero todo parece indicar que las perspectivas de la contaminación radioactiva asustan a la humanidad en mucho mayor grado.

Por otro lado, el hundimiento de la Deepwater Horizon provocó mucho pánico y especulaciones: se llegó incluso a aseverar que el derrame de petróleo modificó las corrientes oceánicas e hizo formarse el anticiclón que ocasionó la inusual ola de calor en Europa y Rusia del pasado verano.

Tras el accidente de Chernobil, una serie de países anunciaron su decisión de suspender sus programas nucleares. Después de la catástrofe del Golfo de México, sin embargo, los intereses de las petroleras no se vieron seriamente afectados. British Petroleum, por supuesto, como principal responsable del accidente y tuvo que desembolsar 40.000 millones de dólares para la liquidación del derrame de petróleo y de sus consecuencias. El valor de mercado de la compañía se redujo en los dos meses posteriores al accidente en un 40%.

Con todo y con eso, la reputación empañada de BP no le impidió llegar a un acuerdo con el Gobierno de Rusia: a principios de 2011 la empresa acordó con la petrolera estatal rusa “Rosneft” el inicio de la extracción conjunta de petróleo en la plataforma continental del mar de Kara, al norte de Siberia.

Tras el accidente en el Golfo de México, Estados Unidos tuvo que introducir algunas correcciones en la nueva Estrategia Energética, procediendo la Administración de Barack Obama a la suspensión hasta finales de febrero de 2011 de la concesión de licencias para perforaciones a gran profundidad. Como consecuencia, se prevé que los volúmenes de extracción de petróleo en el mar por parte de empresas estadounidenses se reduzcan este año en un 13%, en comparación con el año pasado.

Por otra parte, el accidente impulsó la extracción de petróleo en tierra firme y sirvió de catalizador para el desarrollo de sectores como la extracción de gas de esquisto y la producción de combustible biológico.

Petróleo o uranio

El sector de la energía atómica también se animó tras la catástrofe en el Golfo de México. Sin embargo, la bonanza duró poco: el terremoto en Japón y el accidente en la central nuclear de Fukushima parecen haber afectado sin remedio al futuro de la energía atómica.

En marzo de 2011, las autoridades alemanas aplazaron durante dos meses la decisión sobre la prórroga para otros 10-12 años de los plazos de explotación de 17 reactores nucleares. La decisión no encontró gran apoyo entre los países europeos y no es de extrañar, teniendo en cuenta la importancia de la energía nuclear para el Viejo Mundo: en Francia es la fuente del 78% de la energía, en Suiza del hasta 40% y en la República Checa del 34%.

En Estados Unidos, en cambio, es muy fuerte la influencia de los grupos de presión petroleros, ya que el 85% de la energía allí proviene de los hidrocarburos. Al mismo tiempo, opina el experto Igor Krayevski, la suspensión de los programas nucleares “es muy improbable”. En primer lugar, porque será imposible suplir semejante déficit de energía. En segundo lugar, porque el cese de la realización de los programas nucleares afectaría al PIB de los países que los hagan.

Los especialistas insisten en que los reactores en Japón aguantaron un terremoto de 8.9 grados de escala Richter. “Los 11 reactores del norte de Japón no se vieron dañados por el seísmo”, subraya el director del laboratorio de radiación de la escuela de técnicas nucleares de la Universidad estadounidense de Purdue, Jere Jenkins: “el error consistió en situarlos tan cerca del océano, haciéndolos muy vulnerables a los tsunamis”.

Sea como sea, la catástrofe ocurrida en Japón parece haber ayudado a los defensores de los hidrocarburos a recobrar hasta cierto punto las posiciones perdidas después del accidente en el Golfo de México. Y la subida de los precios de petróleo, que no es tanto fruto de los acontecimientos en Oriente Medio, como resultado de la política financiera de Estados Unidos, hace más rentables las extracciones en lugares de difícil acceso, en la plataforma continental en particular. De la misma manera, el precio del barril de petróleo, que está rozando los 150 dólares, hace más atractiva la extracción de gas de esquisto y la producción de combustible biológico.

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