jueves, 28 de abril de 2011

La Organización del Tratado de Seguridad Colectiva empieza su transformación

Fiodor Lukiánov (RIA NOVOSTI)

Durante su reciente visita a Moscú, el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, intervino en una sesión ampliada del Consejo permanente de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), hecho que puede calificarse con mucha justicia, como un hito histórico.

Porque en el curso de varios años Rusia procuró que la OTSC fuera reconocida a nivel internacional, ante todo por la ONU y la OTAN.

Con ésta última las relaciones son muy cautas, aunque a la luz de agravación de la situación en Afganistán, algunos países miembros de la OTAN ya no son tan categóricamente opuestos a dialogar con la OTSC.

La cooperación con la ONU es más eficaz: la pasada primavera fue concluido un acuerdo oficial, ahora Ban Ki-moon especificó las direcciones concretas de la cooperación, que son el narcotráfico, terrorismo y apoyo a la paz y estabilidad. De ahí que a Rusia puede congratularse por el éxito.

Sin embargo, ahora queda lo más difícil: convertir la OTSC en una alianza político-militar de pleno valor que de verdad sea capaz de cumplir las funciones que se le atribuyen.

La organización, integrada por Rusia, Bielorrusia, Kazajstán, Kirguizistán, Tayikistán, Armenia y Uzbekistán, existió primero como un “club de amigos de Rusia” sin adquirir obligaciones concretas. Esto le convino a todo el mundo.

Tras la caída de la URSS surgió la necesidad de coordinar las actividades de los miembros. Pero lo principal fue el deseo de Moscú de tener y crear la ilusión de que los países miembros de la organización estuvieran unidos por cierta fuerza común, y el mantenimiento de la estructura de la organización inicial contribuía a ello.

Sin embargo, el tiempo de imitaciones se ha acabado. Hoy, cuando la incertidumbre en Afganistán infunde miedo y la estabilidad en Asia Central se hace cada vez más frágil, hace falta una estructura de seguridad regional que funcione de verdad. Por ahora, no es el caso de la OTSC. Las relaciones de Moscú con los aliados no están reguladas. Ante todo, esto se refiere a Uzbekistán, el país que debería desempeñar el papel clave, siendo el estado más potente de esta parte de Eurasia desde el punto de vista militar.

Además, no está claro qué lugar ocupan otros dos aliados importantes: Bielorrusia y Armenia, que no tienen interés ninguno en Asia Central y difícilmente participarían algún día en acciones bélicas en la frontera tayiko-afgana.

Además, Minsk, aprovecha su membresía en estructuras multilaterales como una palanca adicional para ejercer influencia sobre Moscú, con la cual no deja de tener discrepancias en el campo económico.

Al mismo tiempo, estos dos estados tienen sus propios problemas en el campo de seguridad. Minsk tiene conflictos con el Occidente, mientras que Ereván está en guerra con Azerbaiyán. Por eso, lo más razonable para Rusia es afianzar relaciones bilaterales en la esfera de seguridad con los dos estados paralelamente.

En el caso de Bielorrusia, se tratará de seguir con la preparación conjunta de las fuerzas armadas para asegurar la estabilidad en la región, como en el marco del programa estratégico militar Occidente-2009, pero a escala más grande.

En el caso de Armenia, este afianzamiento se realiza a través de la prorrogación del emplazamiento de la base militar rusa en el territorio armenio acordada el año pasado hasta 2045 y la comprobación de garantías de seguridad del país a lo largo de todas las fronteras armenias, es decir no sólo con Turquía sino que también con Azerbaiyán.

Hablando de la propia OTSC, las dificultades a la hora de tomar decisiones internas quedaron en evidencia el año pasado, cuando en el sur de Kirguizistán estallaron conflictos interétnicos. Aunque la organización no se ocupa de asuntos internos de sus miembros, es cierto que la estabilidad regional quedó amenazada por aquellos acontecimientos, tanto más que las víctimas principales de los disturbios fueron uzbekos, gente perteneciente a la etnia del estado vecino.

Sin embargo, los países vecinos no emprendieron nada para arreglar los conflictos en el foco de tensión y tampoco quisieron que Rusia se ocupara de ello.

Tanto Uzbekistán como Tayikistán se preocupaban más de evitar crear un precedente de intervención rusa en asuntos internos. Uzbekistán, más aún, intenta mantener su independencia estratégica y tener la posibilidad de cooperar con Estados Unidos y la OTAN, siendo miembro del bloque al mismo tiempo.

A juzgar por todo, la estabilización y el afianzamiento de relaciones entre los aliados de la OTSC es posible sólo en el caso de que los países de Asia Central vean una amenaza real desde el sur.

Los acontecimientos en el norte de Afganistán que antes se consideró la parte más tranquila del país y ahora va convirtiéndose en el seno de radicalismo (basta con el ejemplo reciente del ataque contra la misión de la ONU perpetrado en la ciudad de Mazari Sharif con víctimas mortales entre los funcionarios de la organización) no pueden sino preocupar a los dirigentes de todos los estados centroasiáticos.

De alcanzar la tensión un punto crítico, sólo Rusia va a ofrecer garantías de seguridad a estos estados.

Está claro que la transformación de la OTSC será una de las cuestiones primordiales de la política de seguridad rusa. En parte, porque al funcionar la OTSC, las relaciones con la OTAN y Estados Unidos se desarrollarían de manera mucho más eficaz, ya que prescinden de un socio de peso en Eurasia Central.

Pero ante todo, porque cualquier inestabilidad seria al sur de las fronteras de Rusia pasará inevitablemente a sus territorios. Así que las medidas preventivas son indispensables.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.