jueves, 23 de junio de 2011

Manifiesto por la democracia 15M

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

No es que hoy día las noticias vuelen, es que la noticia de hoy fulmina la de ayer haciéndola absolutamente intrascendente. Pero cada noticia sobre el 15M mejora la anterior. El 15M empezó bajo unas lonas y ya se extiende como una enorme masa de aceite que va a engrasar el chirriante y oxidado engranaje político español.

El 15 M progresa aceleradamente para la suerte del pueblo. Y sorprende que cada día que pasa en lugar de debilitarse, como vaticinaban los agoreros, se le vea más robustecido. Un fenómeno sociológico sin precedentes en un país y unos habitantes que en general tenían tanta fama de anárquicos como de improvisadores. Pues está visto que los pueblos también maduran. El pacifismo es la seña de identidad del presente movimiento. Y el principio de la filosofía daoísta: “el agua es más fuerte que la roca” parece que funciona en las circunstancias históricas que estamos viviendo. El espíritu que lo anima ha captado a las mayorías reales y verdaderas que no han votado o que aun habiendo votado, están hartas de tanto fraude, de tanto engaño y de tanto abuso de los bancos, de los políticos, de la confesionalidad subrepticia del Estado, de las imposiciones de las empresas y de los dictados de los organismos supranacionales que acentúan cada vez más la desigualdad.

Una de las alegaciones más frecuentes que se oyen a los bien intencionados, que no a las aves carroñeras, para disculpar a los gobiernos y a los parlamentos es que los políticos no pueden hacer lo que quisieran porque están atrapados en las pautas y directrices marcadas por el Banco Central Europeo y el FMI, por Bruselas, Washington y Wall Street... Pues si no pueden hacer lo que debieran, que se vayan, que lo dejen, que dimitan. Si el vacío de poder lo ocupan los fascistas, los facinerosos, los mafiosos o los delincuentes y hemos de desandar la democracia, ya nos veremos de nuevo las caras con ellos. Pero lo que no vamos a permitir es regresar a la prehistoria de los derechos y avances sociales ganados con esfuerzo después de muerto el dictador, por culpa de unos miles de ventajistas, de sinvergüenzas y de corruptos. Lo que no vamos a permitir es que por los manejos de unos cuantos que nos impusieron virtualmente una democracia y un ordenamiento jurídico en muchos aspectos fraudulentos, la familia del dictador no sólo siga viviendo respetada, sino que siga viviendo de manera opulenta y reteniendo bienes robados al pueblo. Lo que no vamos a permitir son lujos asiáticos de la familia real, ni el latrocinio incesante de los políticos numerosos que han ido a la política para forrarse (Zaplana dixit) y para robar con argucias leguleyas o sin ellas. Lo que no vamos a permitir es que sean los bancos y los banqueros los que tienen la primera y la última palabra en el funcionamiento de una democracia que no es o que está acabando por no serlo.

Si algún porvenir tiene la democracia a partir de ahora será la participativa, la de la consulta al pueblo en temas cruciales que afectan grave y directamente al pueblo. Los referéndums tienen que menudear. Y ya sabemos que las primeras medidas que ha de adoptar los partidos patrocinadores del bipartidismo pasan por modificar la ley electoral de modo que cada voto tenga el mismo valor que el otro. Y luego, asumir los 5 puntos del referéndum promovido para el 15 de octubre.

La clase política no tiene otro remedio que aceptar como principio rector de su conciencia que ser político no es una regalía, ni un privilegio, ni una fuente de ganancias lícitas o legales, o ilícitas o delictivas. Si no queremos acabar como el rosario de la aurora y queremos perfeccionar esta imperfecta democracia, el político ha de meterse en la cabeza que su carrera es por encima de todo sacrificio y vocación; que no precisa de más incentivos que el de servir honesta y desinteresada y exclusivamente al pueblo, a cambio de una soldada que simplemente le permita vivir decorosamente, como el resto de los ciudadanos.

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