viernes, 25 de noviembre de 2011

Europa: La derecha se reinventa

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

Veinte años atrás la humanidad encaraba el futuro a partir de tres premisas: el planeta podía ser destruido por una guerra nuclear; unos prometían que todo se resolvería con el fin del comunismo y otros aseguraban que al eliminar el capitalismo se instalaría el paraíso en la tierra. Excepto la opción atómica, ninguna de aquellas tesis está vigente.

Ochenta años atrás, en medio de una crisis económica que parecía insoluble (obviamente no lo fue) los pueblos de Italia y Alemania encumbraron a Mussolini y a Hitler respectivamente y el fascismo arrastró a Europa y a toda la humanidad a la guerra.

En la España de hoy se repite la mitad de aquella historia: la derecha retorna al poder aunque es improbable una contienda; Rajoy no es Hitler ni estamos en 1933; no obstante el hecho de que las masas tomen distancia tanto del comunismo como de la opción socialdemócrata, marca el fin de una era: Los que en 1945 en Europa ganaron la guerra, perdieron la paz.
Las superpotencias de entonces: Estados Unidos y la Unión Soviética no querían la confrontación con Alemania e hicieron lo indecible para evitarla. El Congreso norteamericano aprobó las leyes de neutralidad que maniataron a Roosevelt y la URSS firmó el Pacto Stalin-Ribbentrop. La invasión a la Unión Soviética en junio de 1941 y el bombardeo a Pearl Harbor aquel mismo año las arrastraron al más grande conflicto bélico que la humanidad haya conocido.

La feliz circunstancia de que en 1933, el mismo año en que Hitler llegaba al poder en Alemania, en Estados Unidos fuera electo Franklin D. Roosevelt permitió afrontar la crisis económica, superar la Gran Depresión y pasando por encima de los prejuicios anticomunistas, formar la coalición antifascista, que sumó las enormes fuerzas militares y el potencial económico norteamericano, soviético, británico; así como los de China, Canadá y otros países que en larga y cruenta lucha, pagando costos enormes, lograron vencer al nazismo.

El triunfo aliado coincidió con un momento del desarrollo de la tecnología que auspició la diversificación de la producción y la elevación de la productividad del trabajo que no sólo facilitó la reconstrucción de Europa, Japón y la Unión Soviética sino que, en torno de aquellas gigantescas tareas, abrió una era de prosperidad económica nunca antes vista que, aunque perjudicada por la Guerra Fría, cambio la faz de la humanidad.

Para los pueblos de Asia y Africa que formaban el vasto sistema colonial, el fin de la II Guerra Mundial creó un escenario favorable a la descolonización y al florecimiento del nacionalismo en los espacios políticos afroasiático, proceso al que en 1959 se sumó la Revolución Cubana, que añadió color latinoamericano al llamado Tercer Mundo. Los liderazgos de Nehru, Nasser, Leopold Senghor, Sukarno, Sekou Toure, Fidel Castro, Ahmed Ben Bella y otros, promovieron la lucha contra el neocolonialismo y el imperialismo, impulsaron el crecimiento económico y matizaron el mundo bipolar.

La debacle del socialismo real que culminó con la desaparición de la Unión Soviética cambió sustancialmente la correlación mundial de fuerzas y alteró los delicados equilibrios políticos dejando a los países recién liberados y a aquellos que asumen posiciones antiimperialistas e incluso nacionalistas, a merced de los intereses hegemónicos de las grandes potencias, especialmente de los Estados Unidos. En conjunto la Guerra Fría y sus resultados cambiaron al mundo, esta vez para peor.

El mundo de hoy

El fin de la confrontación Este-Oeste y la desaparición de la amenaza de confrontación nuclear global pareció una promesa dramáticamente desmentida por una miríada de conflictos locales, por la Guerra del Golfo, provocada por Irak y aprovechada por los Estados Unidos y por la desacertada respuesta de la administración Bush a los atentados del 11 de Septiembre de 2001 en Nueva York.

El 11/S introdujo una rareza político-militar cuando la única superpotencia fue víctima de una agresión, aunque de gran escala, de naturaleza no estatal, realizada por una organización terrorista de matriz ideológica indefinida, que con unos miles de dólares y utilizando y una docena de suicidadas provocaron un titular inédito: “ESTADOS UNIDOS BAJO ATAQUE”.

Sin detenerse a considerar las opciones para enfrentar aquella innovación, Bush proclamó una cruzada global contra el terrorismo provocando las guerras de Afganistán e Irak, que 10 años después han ocasionado millones de víctimas y originado gastos bimillonarios y contribuido a una profunda crisis económica sin resolver el problema del terrorismo, sino todo lo contrario.

Por una extraña paradoja, mientras el socialismo real desapareció de la escena, Europa y los Estados Unidos no pudieron sostener los ritmos de desarrollo que otorgaron los pueblos de Norteamérica y Europa Occidental, una prosperidad que parecía ilimitada, y cuando de los ímpetus del nacionalismo afroasiático sólo quedan trágicos recuerdos, en América Latina las cosas marchan mejor que nunca, incluyendo la economía.

Aunque no milito entre los pesimistas y creo en la humanidad que por adversas que fueran las circunstancias, siempre sobrevivió y progresó, reconozco que, a nivel global, escasean las razones para el optimismo. Allá nos vemos.

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