martes, 31 de enero de 2012

En busca de los signos de la decadencia estadounidense

Adán Salgado Andrade (especial para ARGENPRESS.info)

Peoria, Arizona. Me encuentro en esta ciudad, a unos treinta minutos en auto de la capital de Arizona, Phoenix, adonde motivos personales me hicieron venir.

En este estado, uno de los más racistas de Estados Unidos, en donde fue aprobada la ley 1070, que criminaliza a cualquier persona, tan sólo por su aspecto, desde que llegué, he tratado de buscar los signos que, en efecto, me indiquen que este país, quebrado económicamente, es ya una decadente sociedad, sufriendo los estragos del capitalismo salvaje. Bueno, para comenzar, es decadente que esa ley, la 1070, diga, a la letra, que “Un oficial o representante de la ley puede arrestar, sin orden de aprehensión, a una persona, si dicho oficial piense que muy probablemente esa persona ha cometido una ofensa o falta que la convierta en indeseable y, por tal motivo, pueda ser expulsada de los Estados Unidos”. Así que cualquier policía, por ejemplo, si ve a alguien que no sea, digamos, güero, pues puede detenerlo y solicitarle sus papeles y arrestarlo, si no le muestra nada. Miren, obviamente cuando viene uno en plan turístico, como yo estoy aquí, que se puede ir a un restaurante a un cine, pues no se nota mucho ese racismo, pero, sí, hay algunas evidencias del discriminación inconsciente que muchos estadounidenses despliegan a diario con la non white anglo saxon people (non WASP). Por ejemplo, la otra vez que fui al cine, entré al baño y de reojo, noté a un tipo que se estaba sonriendo con otro por mi aspecto. También, la forma en que he sido mirado o, simplemente, la fría indiferencia de la mayoría, como si uno no estuviera allí en ese instante, basta para notar tal racismo. Sin embargo, platicaba con Marcos, adolescente mexicano, que recién cumplió 13 años, que por ahora está aquí estudiando el séptimo grado de la primaria (Elementary school), quien me comentaba cómo varios de sus, digamos, amigos frecuentemente lo molestan (bullying), “¡me cargan calor!”, dice Marcos, y lo empujan, o le dan golpes o le hacen bromas como “You, browny guy, get out of here!” o “You steeler, you had to be Mexican”, culpándolo de que las cosas que se pierden, él se las roba porque “¡pues qué se puede esperar, si es un pinche mexicano!”. Además, lo excluyen de invitaciones, como a fiestas o paseos, por ejemplo. Y eso que la escuela a donde él asiste, la Apache Elementary Scholl, es, por así decirlo, multiétnica, pudiéndose ver niños de piel morena u obscura. “¡Se las estoy guardando a todos esos pendejos, para el último día que esté aquí!”, exclama, con cierto resentimiento, Marcos.

Y otras formas en que la discriminación está muy presente aquí, es que los empleados de las tiendas tienen estrictamente prohibido hablar español, aunque sea ese su idioma natal o los clientes sean latinos. Lo mismo sucede en las escuelas, en donde los estudiantes, cualquiera que sea su nacionalidad, no pueden hablar más que en inglés, como si eso fuera garantía de que los Estados Unidos no se vayan a desintegrar en un cercano futuro debido al plurietnicismo que está cada vez más presente en este heterogéneo país.

Así que yo colocaría en primer término ese inconsciente, añejo racismo, como uno de los sobresalientes signos de decadencia que he visto aquí, pues el hecho de que luego de siglos y siglos de supuesta “evolución humana”, que aquí aún se siga viendo al blanco como lo mejor y a todo lo que no sea blanco como lo inferior, es, francamente, decadente.

Y continúa mi búsqueda. Estoy viviendo unos días en un conjunto de departamentos llamados Camden. Me llamó la atención un letrero que dice “Buying is overrated, Lease a living”, o sea, “Comprar es demasiado, mejor rente una vida”… sí, esa ha sido la solución para un problema que se desató desde que en el 2008 estalló la burbuja inmobiliaria (ver en este mismo blog mi artículo: La crisis de los créditos en Estados Unidos: la consecuencia de gobernarse por índices”), la raíz de la actual hecatombe económica, de la que no terminamos de salir aún y ya estamos entrando a una peor.


Cientos de miles de casas han sido embargadas desde entonces a estadounidenses que no han sido ya capaces de pagar sus hipotecas, tanto porque han perdido sus trabajos, así como porque el crédito inicial se elevó demasiado y ahora es ya más costoso que las casas que adquirieron hace años (por ejemplo, una casa que hace unos cinco años, en el 2007, pagaba 850 dólares al mes, ahora ya paga 3600 dólares y vale la mitad de lo que originalmente se cotizó. Ese es el negocio que ahora están haciendo los mezquinos, rapiñeros banqueros, a costa, claro, de los ciudadanos comunes). Así que empresas como Camden y muchas otras han pensado que es más práctico, en efecto, construir conjuntos para rentar, en lugar de para vender, pues ya es tan incierto el futuro del crédito inmobiliario, que parece mucho mejor solución rentar. En esta unidad todas los inquilinos son personas que pagan rentas, que van en promedio, de $1000 a 1500 dólares mensuales, que cubren departamentos totalmente alfombrados, los cuales incluyen una sala, cocina equipada con refrigerador, horno de microondas, estufa eléctrica (más adelante voy a eso, a la desperdiciadora costumbre estadounidense de operarlo todo con electricidad), anaqueles, una, dos o tres recámaras, cada una con su baño propio, una terraza, así como el indispensable aire acondicionado, pues siendo Arizona un lugar desértico, desde abril y hasta octubre, las temperaturas fluctúan alrededor de los 45 grados centígrados (en estos días de enero, la temperatura es, me dicen, la mejor del año, con alrededor de 7 grados centígrados por las mañanas y unos 20 en la hora de más calor, así que no hay necesidad de enfriar el departamento. Pero en verano, es imposible estar sin aire acondicionado en cualquier lugar).

Los contratos se pueden hacer por algunos meses o por un año completo, dependiendo de las necesidades del rentador. Los 1000 a 1500 dólares incluyen todo: electricidad, agua, servicio de TV por cable (sin la televisión, claro, eso es por parte del cliente) y mantenimiento. Los extras son el teléfono y el internet, que cuestan alrededor de cien dólares más al mes. Y según el administrador del lugar, una joven mujer con quien platiqué unos momentos, los inquilinos se desplazan constantemente, y son pocos los que duran más de dos o tres años en la unidad. Claro, eso, como dije, es entendible, pues si por el crédito de una casa, digamos de unos 250 mil dólares, se pagarían en promedio de 2500 a 4000 dólares mensuales, además de todo lo extra, pues entonces resulta mucho mejor pagar mil dólares por departamentos, digamos que pequeños, pero funcionales, con todos los servicios, estacionamiento incluido, además de áreas verdes y de ejercicio, como un gym que se encuentra casi a la entrada (equipado con caminadoras, bicicletas estacionarias y todo para estar muy bien físicamente hablando) y, por si fuera poco, hasta una alberca. Sí, son pequeños, comparados con lo que se conoce como las average american homes, que son casas unifamiliares con jardín, tres o más recámaras, cochera, amplia estancia, sala, espaciosa cocina, tres o más baños… pero, como dije, prácticos, más en esta crítica época, en que los empleos escasean, tanto en número, así como en duración, pues se contrata muy eventualmente, por meses incluso, y puede ser en tal o cual estado, así que hay una suerte de nomadismo laboral que ha logrado el boom de empresas rentistas, como Camden.

Así que es más práctico y barato rentar… al menos departamentos. Pero, de hecho, se ha convertido en una especie de trend, moda, digamos, el rentar lo que se pueda y cuando se pueda. Hay sitios especializados en Internet que entrelazan a personas que rentan lo que sea, desde una aspiradora, una segadora de pasto, una TV, un refrigerador, una bicicleta… hasta un auto y sus servicios son ofrecidos a través del sitio directamente a los interesados (el sitio sólo cobra una pequeña comisión por su servicio). Así, tampoco se debe de comprar algo, sobre todo si sólo se va a emplear unos meses (en mi caso, a falta de transporte público, renté una bicicleta por diez dólares diarios, por ponerles un ejemplo). Y así, muchas personas pueden hacerse de un income, un ingreso, pequeño, sí, pero mejor ese poco dinero, que nada, como quien me rentó la bicicleta me dijo. Muchas personas ya también rentan parte de sus casas, sobre todo aquellos que se quedaron sin trabajo recientemente y deben de seguir pagando sus hipotecas. Por ejemplo, un hombre de esta ciudad, Albert, fue despedido de su trabajo en diciembre, sin perspectivas reales de hallar uno nuevo en el corto plazo. Su hipoteca asciende a $3500 dólares mensuales, que él dice que es un robo, pues comenzó pagando $1200 por la misma. Su solución, digamos, fue ponerse de acuerdo con su esposa para rentar parte de su hogar, al que adecuó haciendo algunas divisiones, que se rentaron como habitaciones individuales, por las que les ingresan alrededor de $4000 dólares, suficientes para pagar su hipoteca y todavía les queda un poco más. “La verdad, no me apena haber llegado a esa situación”, declara Albert, pues es lo único que se le ocurrió para salvar su casa y… ¡su vida!

Segundo signo de decadencia, el rentismo.

Y sigo revisando más señales de decadencia. Una tercera, me parece, que también he notado, es la falta de consumo. Ya mencioné que cada vez menos la gente compra un casa y prefiere rentarla. Una de las señales que en Estados Unidos indican el inicio de una baja en la economía es que no se compren casas ni, peor aún, autos, símbolo éstos del más puro american way of life. Sí, porque aquí, al menos en Peoria, no existe prácticamente transporte público y no he visto más que uno que otro taxi (discount cab, ahora, esa palabra, discount, descuento, se emplea en muchos sitios, con tal de atraer a los potenciales consumidores). Una de las principales avenidas de esta desierta ciudad es la Bell, en la cual, unos dos kilómetros de su longitud, son ocupados por agencias automotrices. Y se ven marcas como Honda, Audi, Dodge, Ford, Subaru, Mazda, Chevrolet, Toyota, Hyundai, Volkswagen, Kia, Nissan… todas contando con grandes áreas en donde nuevos modelos 2012 esperan ansiosos futuros compradores. Todas ofrecen tal o cual deal, sin enganche, cero por ciento de intereses, cómodas mensualidades… pero en todas las veces que he estado pasando cerca de todos esos sitios, he visto solamente una que otra persona mirando los modelos, muchos de ellos, lujosas unidades, como una camioneta Chevrolet Silverado, que leo en el letrero que tiene pegado en el parabrisas, todo el equipo y las ventajas que se ofrecen, tales como seguro por cinco años, tanto en la unidad, como en todas sus partes, así como aire acondicionado, potente motor V-6 o V-8, estéreo con ocho bocinas… y otros detalles. Se da el precio total, menos el descuento ofrecido y el precio final es cercano a los $37,000 dólares, que pueden pagarse con un “mínimo” enganche y mensualidades desde 350 dólares, ¡una ganga, pues! Pero no parece que ni tanta facilidad atraiga a muchos clientes. Incluso, hay lotes de autos usados que tampoco parecen ser muy atractivos, y en muchos se ofrecen autos, digamos que económicos, como un Dodge Cruiser, 2002, cuyo precio es cercano a los $7,000 dólares. Y ya si el cliente tiene más dinero, pues le alcanzará para comprarse un auténtico muscle car (así se les llama en Estados Unidos a los grandes autos, estorbosos, con potente máquina V-8, muy gastadora de combustible, pero que representan toda una dinastía de máquinas que pretenden materializar la superioridad racial estadounidense). Cerca de donde está el Cruiser hay un Corvette 2011, pintado en un brillante rojo, cuyo precio de lista, reza el anuncio que lo publicita, es de $50,000 dólares, pero que allí, se ofrece a un discount price de solamente $49,710, ¡vaya, gran ahorro se ofrece!, reflexiono, 290 dólares menos (de hecho, ya no es muy raro ver autos digamos que viejos, modelos ochenta y noventa). Pero si un auto nuevo, como la Silverado, se ofrece en $37,000 dólares, a crédito y aún así, no hay clientes peleándose por adquirirla, entonces veo muy difícil que se vaya a vender el Corvette, ¿no creen? Y sí, en realidad la baja venta de autos es un signo de que las cosas siguen mal en este país. Y eso que esta ciudad, Peoria, está cerca de Sun City, sitio en donde la mayoría de sus residentes son personas retiradas, de la tercera edad, seniors, como aquí se les llama, quienes aún viven, digamos, que cómodamente de sus pensiones (como en muchos países, en Estados Unidos también se culpa al sistema de pensiones como una de las razones de la decadencia económica, pero es algo absurdo, dado que el capitalismo salvaje, en su afán por evitar sus constantes y cada vez más profundas crisis, hasta con las, digamos, conquistas laborales, quiere terminar, con tal de hacerse de recursos económicos que le permitan continuar con su depredadora, caótica existencia). Estas personas pertenecen a la llamada clase media, que cada vez se ha ido reduciendo. Ya representa menos de la tercera parte de la población. Justo los jubilados son clasemedieros y aún conservan cierto poder de compra. Y corresponde, pues he observado que la mayoría de los autos nuevos son conducidos por gente de sesenta o más años, sobre todo los modelos más lujosos. Lugares como Sun city son buscados por ellos, dado que pretendidamente son barrios tranquilos en donde no hay criminalidad o es muy baja (más adelante abordo el tema de la criminalidad). Por lo mismo, son de los que aún pueden darse esos lujos, el comprar un auto nuevo o, mejor aún, una casa, aunque no precisamente nueva. Otro decadente punto éste, el de la falta de consumo.

Una cuarta señal, ligada con la anterior, es, por tanto, la obstinación de insistir en lo que ya no se es o se está dejando de ser. Esto porque, siguiendo con el impuesto modelo de consumo compulsivo al que induce el capitalismo salvaje, con tal de que éste logre subsistir, aunque precariamente, continúan creciendo o adecuándose los malls, esas plazas comerciales creadas justamente en Estados Unidos, que concentran infinidad de negocios, todos compitiendo para ganar clientes, y cada vez se deben de esforzar más, pues en el caso del que está en Peoria, el Arrowhead, incluso en sábados o domingos, muchos establecimientos lucían vacíos, o semivacíos, como el de Radio Shack o algunos especializados en artículos para mujer, como costosas bolsas (de $350 dólares o más), tiendas de ropa, de joyas…incluso, muchos locales estaban en renta, dado que sus antiguos ocupantes seguramente habían quebrado. Como sucede con varias de esas plazas que existen en México, por ejemplo, mucha gente sólo asiste para ver, imbuirse de cierto pretendido estatus y comprar quizá un helado o una golosina, nada muy costoso. Por eso me refería que insistir en algo que ya no se tiene o que se está terminando, es decadente, patético, sí, como pretender que el american way of life sigue vigente en Estados Unidos, igual que hace sesenta años, a finales de los 40’s, y todos los 50’s cuando, en efecto, debido a la reconstrucción europea y japonesa, Estados Unidos disfrutó de un periodo de aparente crecimiento económico, como nunca antes se había logrado, pues siendo el único país capitalista que, prácticamente, conservó intacta su planta industrial, contribuyó con todo lo que Europa y Japón, regiones devastadas por la segunda guerra mundial, necesitaron durante algunos años para rehacerse industrial y económicamente (un instrumento de ello fue el Plan Marshall, así como la creación en 1945 de los así llamados gemelos de Breton Woods: el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial). Sin embargo, finalizando los 50’s, comenzó la contracción económica de Estados Unidos, reduciéndose impresionantemente el crecimiento de su PIB, hasta en un 50% de lo que fue en los años previos, y desde entonces, el así llamado American Dream, nunca se ha recuperado y, al contrario, cada vez ha ido empeorando el desempeño económico e industrial de Estados Unidos (Ver en este mismo blog mi artículo: “De nueva cuenta la fiebre del oro o de cómo Estados Unidos está quebrando” (1), en el que analizo justamente la cuestión de su desindustrialización. Cuando escribo esto, escucho parte del informe a la nación del nefasto Barack Obama, hablando de que quiere recuperar tal prosperidad).

En fin, cuarta señal de decadencia.

Una quinta señal que observo, es lo deshumanizada que esta sociedad está. Por ejemplo, en Peoria prácticamente no existe transporte público y toda la gente emplea vehículos propios para trasladarse. Eso, como puede pensarse, da lugar a un hermético individualismo, en el cual, las personas se relacionan o, más bien, se enfrentan unos a otros a partir de sus motorizados artefactos, y son éstos lo que, digamos, miden, no ya el que su conductor sea amigable, sino el que su conductor tenga poder de compra, y que a través de su lujoso, poderoso, auto, un SUV, por ejemplo (como el Hummer, emblemático vehículo de insultante, ostentoso muscle power), logre hacer menos a los demás, moverlos a un lado del camino, que no le estorben (el llamado mad driving aquí es muy común, con conductores que, si uno osó, digamos, invadir su carril, aunque se haya hecho correctamente, con direccional y todo, se emparejan y, en una suerte de motorizado, animalesco desafío, dan un acelerón a su vehículo y se alejan del sitio, como diciendo, “¡a ver, mother fucker, si igualas el barrooommmm de mi poderoso motor!”. Esa agresiva manera de conducir es la causante de que se registren cada año alrededor de 50,000 muertes por accidentes automovilísticos).

Y, en efecto, muchos conductores incluso andan armados. Logré captar a un obeso motociclista a bordo de una pesada Harley, que, ¡increíble!, lucía enorme pistola, calibre 45, escuadra, enfundada y colgando de su cintura, cual moderno cowboy, que galopara armado en su motorizado “corcel”. Y así se quejan de los constantes tiroteos que tipos desquiciados hacen en donde se les pegue la gana.


Y eso se nota también en las calles, en las que a pesar de haber banquetas, nadie camina. Incluso en los semáforos hay unos botones que el peatón puede apretar cuando va a cruzar (En eso sí son muy estrictas sus leyes, en que los peatones sólo deben de cruzar en las esquinas y cuando el semáforo lo indique, pero, ya ven, permiten que ¡tipos locos anden armados!).

Sí, esta es la quinta señal de decadencia estadounidense.

Y voy con la séptima, la obsesión de estar armados hasta los dientes y la consecuente violencia asociada a dicho problema (ver en este mismo blog mi artículo “La locura por las armas”). Ya mencioné que hasta en la calle he visto a tipos circulando armados en sus motos y me pregunto, ¿cuántos automovilistas no andarán también así, portando armas, muchos de ellos con permisos para hacerlo, constituyendo ello un potencial homicida? Y basta ver los “noticieros” transmitidos por la televisión de cable local (qué más se parecen a periódicos de nota roja y de espectáculos que a “noticieros”), para darse una idea de los niveles de criminalidad que, entre otras cosas, la libertad de poseer armas ocasiona (la otra, la principal, me parece, es que en un sistema tan imbuido de materialismo, como es el estadounidense, la insatisfacción tanto por no tener nada, como por tenerlo todo, conduce a una creciente descomposición social, en donde la gente se porta insensible, agresiva, capaz de dejar que el supuesto asesino que todos traemos por dentro salga y mate, sobre todo si tiene un arma a su alcance. Yo creo que uno de los casos más emblemáticos que recientemente han afectado a la sociedad estadounidense es el del par de adolescentes, Eric Harris y Dylan Klebold, quienes en 1999, irrumpieron en su escuela, una high school en Colombine, y asesinaron e hirieron a varios estudiantes y profesores). Todos los días son mencionados asesinatos con armas, tipos que se vuelven “locos” y andan disparando en escuelas o por las calles, violadores de niñas, a las que luego matan de un tiro (en promedio son asesinadas con armas 89 personas al día en Estados Unidos, o sea, casi 33,000 muertes al año). Incluso, los cuerpos policiacos están igualmente influenciados por la violencia de las armas, sobreactuando en consecuencia, dando lugar a escenas de brutalidad policiaca, como la que fue expuesta en una noticia de un hombre que, en Los Ángeles, estaba quebrando los vidrios del aparador de una tienda con un tubo. La policía, en respuesta, dado que aquél se “resistió” al arresto, lo asesinó de diez balazos, que los “eficientes” policías angelinos le asestaron, primero cinco, cuando estaba de pie, sin misericordia, y luego ya cuando el indefenso hombre estaba tirado en el piso, desangrándose, lo remataron con otros diez (pueden ver el impactante video en el siguiente link: youtube.com/watch?v=bY5ioBvrYIg&feature=player_embedded).

Pude presenciar en un semáforo, a familiares, hijos, supongo, de una víctima de esa diaria homicida violencia, la afroestadounidense Melinda Bowen, de 38 años, quien simplemente estaba comprando dentro de una tabaquería en Peoria. Ella, junto con un hombre de 60 años y otro más de 51 (único sobreviviente), fueron atacados por un joven blanco de entre 18 y 20 años de edad, vestido con ropa obscura y gorra invernal, sin razón aparente. Los hijos de la mujer asesinada portaban un cartel en donde pedían que se les diera la oportunidad de lavar autos, con tal de tener algo de dinero para subsistir. Y así, casos tan lamentables como este, son comida de todos los días.


Y a pesar de esa armada violencia, cuidado con meterse o cuestionar el derecho de tener armas porque poderosas asociaciones armeras, como la NRA (National rifle association), ¡son capaces de ir a la Guerra y mover a sus enajenados “milicianos”, con tal de defender hasta los dientes ese “sacrosanto” derecho! Y basta con ir a la sección de revistas de cualquier tienda, como el Albertson’s o Wal-mart, y se encontraran publicaciones que retroalimentan esa agresiva costumbre. Pude ver nombres como “Gun world” (5 dólares), “Handgunner” (6 dólares), “Handloader” (6 dólares), entre otras, especializadas con todo lo que tenga que ver con las armas, desde publicidad de éstas, artículos de cómo emplearlas, como cuidarlas, clubes de armeros… y así.

En fin, esta es la quinta señal de la decadencia estadounidense.

Y voy con una sexta señal (no pretendo, de momento, enlistar todas, pero sí, en mi opinión, algunas de las más, digamos, sobresalientes), la que tiene que ver con el excesivo consumo energético, que ya he mencionado en otros artículos (ver en este mismo blog: “¿Más energía o más desperdicio?” o también: “Oportunista capitalismo salvaje o de cómo enriquecerse con guerras, desastres y enfermedades” (2), en donde examino el problema del brutal consumo energético estadounidense).

Lo he estado constatando por estos días. Por ejemplo, los tickets entregados en las tiendas de autoservicio, como Albertson’s, son larguísimos, para tres o cuatro cosas que se compran (en verdad, algunos de más de 40 centímetros, tan solo por cuatro objetos comprados). Envases desechables para todo, de úsense una vez y tírense, como los del agua para beber, en especial unos que sirven para dos galones y medio, que bien podrían ser envases de uso general, pues son de resistente plástico.


Y así, desde bebidas, alimentos en general, limpiadores, trapeadores para el piso… todo lo que puedan imaginar es desechable, tanto porque se afirma que es más “barato” (para los fabricantes, claro), fabricar algo con material nuevo que con material desechable (ver mi mencionado artículo “¿Más energía o más desperdicio?”), pero no sólo por eso, sino porque el dictado consumista “úsese y deséchese”, se aplica en todo cuanto actualmente se fabrica, en donde la consigna es, para el capitalismo salvaje, hacer objetos con duración programada, para que duren lo menos posible y se obligue, así, a los consumidores a comprar otro nuevo, lo que se conoce como “obsolescencia programada” (ver en este blog mi artículo: “La obsolescencia programada, el deliberado acto de diseñar productos defectuosos, de desperdiciar más y de destruir el medio ambiente” (3), en donde examino ese grave problema). Por lo mismo, surge otra igualmente grave consecuencia, que es la del exceso de basura que se produce. En donde me encuentro, por ejemplo, a diario se llenan los grandes contenedores cúbicos en donde se almacena la basura. Cada uno mide unos tres metros de largo por dos de ancho en su base y un metro, setenta centímetros de altura, los que al final del día quedan llenos hasta el tope.

Además, todo aquí es eléctrico, y como es una zona desértica, en verano, sobre todo, con temperaturas de 45 grados centígrados, a la sombra o más, la necesidad de aire acondicionado es imperiosa, pues no se puede estar dentro de cualquier lugar, sea una casa, un autoservicio, una plaza comercial, un cine… sin aire acondicionado. Y no sólo eso, sino que todo es eléctrico, como la estufa General Electric, totalmente eléctrica, con la que están equipadas las cocinas de estos departamentos. Eso hace que, en efecto, se compruebe por qué, Estados Unidos, siendo sólo el 3% de la población mundial, emplee más del 40% de la energía gastada a diario en todo el planeta y por eso su necesidad de invadir países petroleros, inventando cualquier pretexto, con tal de hacerse de sus reservas crudo, pues en ello va su seguridad energética futura (ver en este mismo blog mi artículo: “Detrás del ‘rescate humanitario’ en Libia: mucho petróleo y escándalos sexuales” (4), en el que analizo cómo burdas mentiras llevaron a invadir y a despedazar a esa antes próspera nación árabe).

Así que volviendo a la basura, ya está siendo un problema que no puede, digamos, contenerse del todo, pues pude ver lugares en donde se comienza a concentrar basura, envases plásticos, sobre todo, como aquél que se encuentra a un lado de un puente vehicular que circula sobre el lecho seco de un río (esta frecuente imagen, la de ríos secos, parece ser ya una constante por todo el mundo, y muestra tanto lo degradado que se tiene ya al ambiente, así como que el agua dulce tiende cada vez a escasearse más y más.


Ver en este blog mi artículo: “El agua dulce, cada vez más necesaria y cada vez más escasa” (5)). El sitio está en la esquina de la avenida Bell y el bulevar Agua Fría, en donde, como les digo, la escena que se contempla, correspondería a aquella de lugares como México, en donde se aúna el problema de la basura, con la falta de respeto total que mucha gente tiene por las áreas verdes, las que se emplean como simples basureros. No parece un sitio concebible dentro del “primer mundo”, ¿no creen?

En fin, me parece que por lo pronto, esos serían algunos de los signos de la decadencia de Estados Unidos, considerada antes una superpotencia… bueno, sí, quizá en donde aún lo pretenda ser es en su poderío militar, el que supera muchas veces al de naciones igualmente militarizadas juntas (como Inglaterra, Francia, Italia, Alemania, Rusia, por ejemplo, fuertes competidores en esa lucrativa industria, la armamentista. Ver en este mismo blog mi artículo: “Ferias de armas, exhibición de fuerza de la muy lucrativa industria armamentista mundial”) (6).

¡Ah, pero algo bueno habría de encontrar aquí. Ignoro la razón del por qué Arizona nunca cambia su horario, jamás lo ha hecho, hasta donde sé. Una ventaja tienen los arizoneños, por sobre el resto de los estadounidenses, que si deben de “ajustar” sus relojes una hora menos cada inicio del “verano”. Y también dicha ventaja la tienen sobre nosotros, los dóciles mexicanos, obligados igualmente a cambiar ese impuesto horario, no por razones de “ahorro energético”, como se nos ha tratado de engañar, sino por simples razones financieristas, para que los barones del dinero continúen haciendo sus grandes negocios, justo los que gradualmente han llevado cada vez más y más a una irreversible decadencia, no sólo a Estados Unidos, sino al mundo en general, dominado aún por las perversas, egoístas leyes del capitalismo salvaje.

Notas:
6) http://www.argenpress.info/2011/12/ferias-de-armas-exhibicion-de-fuerza-de.html

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