miércoles, 21 de marzo de 2012

El capitalismo por dentro (Parte II)

Alejandro Teitelbaum (especial para ARGENPRESS.info)

La explotación capitalista (II)

Pero, si, como explica Marx, la única fuente del valor de los bienes que se encuentran en el mercado es el trabajo humano ¿cómo se produce el beneficio capitalista y la acumulación creciente de enormes riquezas en pocas personas? Personas que, evidentemente, no han producido con su propio trabajo –sea manual o intelectual, en el supuesto de que trabajen- las enormes riquezas que poseen.

Para desarrollar este aspecto del análisis de Marx citaremos “in extenso” a John Eaton (Economía Política, un análisis marxista, Edición Amorrortu Buenos Aires, 1966, páginas 74 a 85). Escribe Eaton:

“Qué es el beneficio?

Los capitalistas utilizan muchos subterfugios para simular que los montos que reciben en concepto de beneficios no son elevados; pero los hechos indican que en realidad existe una enorme suma total percibida por la clase propietaria a titulo de renta, interés y beneficio…

…En la antigua sociedad esclavista, la fuente de donde surgía la riqueza del dueño de esclavos era manifiesta. Este poseía lo que el esclavo producía. De modo similar, la explotación feudal era franca y carecía de misterios; el siervo sabía, demasiado bien, para quién trabajaba y en qué medida lo hacía. Tanto el esclavo como el siervo podían ser legalmente obligados por sus amos a trabajar. Pero la explotación capitalista es diferente. No existe una legislación que obligue al obrero a trabajar para el capitalista. Ni las leyes ni las costumbres prescriben cuánto debe ganar el capitalista y cuánto el obrero. Para percibir la fuente del beneficio capitalista es necesario estudiar economía política. El obrero vende su fuerza de trabajo y el capitalista la compra. El obrero sigue siendo pobre y el capitalista se vuelve rico y poderoso. ¿Cuál es el secreto de la riqueza del capitalista y de la pobreza del obrero? ¿Qué es el beneficio y de dónde proviene?

El beneficio, fuerza motriz del capitalismo

El proceso de circulación del capital está representado por la fórmula D-M-D'. El capitalista comienza con una suma de dinero (D) que convierte en mercancías (M), maquinarias, materias primas y poder laboral; luego hace que el poder laboral trabaje con las materias primas y vende el producto por una cantidad mayor de dinero que, la que poseyó en un principio (D'). Esta cantidad adicional de dinero que consigue por medio de la venta del producto es su beneficio.

El objetivo persistente e incesante del capitalista es lograr beneficios cada vez mayores. A medida que se desarrolla el capitalismo, se desarrolla también el verdadero tipo de capitalista, el que con cabal determinación busca acumular más y más riqueza. No es la satisfacción de sus necesidades personales lo que lo impulsa a alcanzar este único propósito. Satisfacción que, por supuesto, tanto pueden depararle una gran fortuna como una fortuna inmensa, y que por ende tiene un límite-, sino una condición necesaria de sistema económico en sí, es decir, la competencia. La teoría económica que deje de lado esto y arguya que las actividades de los capitalistas tienen como única finalidad la satisfacción racional de deseos y gustos se hallará exenta de realismo. Las condiciones mismas de la producción y el intercambio capitalistas crean inevitablemente un insaciable apetito por mayor capital y, en consecuencia, por mayor beneficio. El hecho de no aprovechar una oportunidad de percibir un beneficio significa reducir la fuerza competitiva frente a otros capitales y constituye un paso hacia la eliminación en la carrera entre los capitales. El aprovechar repetidamente las oportunidades de incrementar los recursos del capital es la condición básica de supervivencia en el sistema de la competencia capitalista.

Escribió Marx: "La repetición o renovación del acto de vender a fin de comprar es obtenido dentro de límites por el mismo objetivo hacia el cual apunta, es decir, el consumo o la satisfacción de necesidades definidas, objetivo que yace totalmente fuera de la esfera de la circulación. Pero cuando se compra para vender, por el contrario, el proceso comienza y acaba con el mismo artículo, dinero, valor de cambio; y de este modo el movimiento se hace interminable (...) La circulación del capital, por lo tanto, no tiene límites. En carácter de representante consciente de este movimiento, el poseedor de dinero se torna capitalista, y es sólo en la medida en que la apropiación de cantidades cada vez mayores de riqueza abstracta se convierte en la única motivación de sus operaciones, que actúa como capitalista, es decir, como capitalista personificado y dotado de conciencia y voluntad. En consecuencia, nunca deben considerarse los valores de uso el objetivo real del capitalista, y lo mismo sucede con respecto al beneficio que proceda de cualquier transacción. Su único objetivo es el proceso inquieto e incesante que conduce al logro de beneficios" (Marx, El Capital, Libro I).

Como logró beneficios el capitalista mercantil

La forma más primitiva de capital -mucho antes del desenvolvimiento de la producción capitalista- fue el capital mercantil. En la época precapitalista el mercader obtenía beneficios en forma muy distinta de como los logra el capitalista moderno. Y esta diferencia es sumamente instructiva.

En la antigüedad y el medievo una importante clase de mercaderes vivía, por decir así, en las brechas o poros existentes entre comunidades que dependían en grado ínfimo del comercio, comunidades que en la mayoría de los casos su autoabastecían. Estos mercaderes combinaban las transacciones con la piratería y se enriquecían mediante el pillaje y la violencia. En su tráfico percibían beneficios al comprar cuando había abundancia y vender cuando había escasez; compraban barato y vendían caro. Los mercados que surtían estaban por lo general muy distantes entre sí y las condiciones que prevalecían en el mercado donde compraban no eran conocidas en el mercado donde vendían. Así los mercaderes se enriquecían a expensas de aquellos con quienes ejercían su comercio y se hallaban separados de las actividades productivas de las comunidades con las que efectuaban transacciones de compra y venta. No estaban asociados con la producción de los excedentes de que se apropiaban.

El beneficio en la sociedad capitalista moderna

En la sociedad capitalista moderna, por supuesto, ocurre que se perciben beneficios al comprar barato y vender caro, pero la clase capitalista como totalidad no obtiene sus ganancias de este modo.

En el capitalismo moderno el intercambio ya no constituye un vínculo incidental entre comunidades que generalmente se autoabastecen sino que la producción íntegra está destinada al intercambio; el intercambio aparece en todas partes. "La riqueza de aquellas sociedades en que prevalece el modo capitalista de producción se presenta como "una inmensa acumulación de mercancías", o sea, bienes producidos para su venta en el mercado. El grueso de las ventas se efectúa entre capitalistas; el capitalista cuyos obreros producen materias primas (tales como mineral de hierro) los vende a aquel cuyos obreros producen bienes semielaborados (tales como tubos de acero), quien a su vez los vende a otro capitalista cuyos obreros fabrican un producto terminado (por ejemplo, bicicletas),y que a su vez los vende a un mayorista, quien los vende a un minorista. Al mismo tiempo, existe toda una serie de transacciones con subcontratistas que surten los componentes (verbigracia, timbres o frenos), con proveedores de maquinarias, combustible, etc. Resulta bien evidente, por lo tanto, que, si se percibe un beneficio al comprar por debajo del valor y vender por encima de este, la ganancia de un capitalista representa la pérdida de otro, y la clase capitalista como totalidad no está en mejores condiciones. La clase capitalista como totalidad no puede ir más allá de sus fuerzas. Los grandes beneficios de los capitalistas … no pueden, por consiguiente, explicarse en esta forma.

Las transacciones que no se realizan entre un capitalista y otro pueden efectuarse en el comercio entre capitalistas y campesinos y otros productores no capitalistas. Como ejemplo podemos señalar el comercio entre los grandes monopolios europeos y norteamericanos y los productores coloniales o rurales de materias primas. Aquí las firmas poderosas utilizan su posición de dominio a fin de percibir beneficios extras para sí a expensas de los pequeños productores. Sin embargo, estos beneficios especiales logrados al margen de la sociedad capitalista no explican la fuente del beneficio como totalidad; explican meramente una parte de los beneficios de un grupo especial de capitalistas. Por lo general, se obtiene un beneficio extra de este género sólo cuando una firma en particular o un grupo de firmas que actúan en conjunto está en condiciones de evitar la competencia emanada de otros capitalistas que pudieran ofrecer mayor cantidad de dinero.

Las únicas transacciones restantes (dejando de lado el mercado de trabajo, del que nos ocuparemos más adelante) son las ventas a los consumidores finales. El grueso de los consumidores a quienes se venden los productos finales son los obreros. ¿Obedece la explotación de los obreros a que éstos deben comprar en términos más desventajosos? A veces sí, pero no es esta la causa principal de la explotación en la sociedad capitalista. Empero, esto ha sido en verdad utilizado como medio subsidiario para explotar y estafar a los obreros. ….Que la estafa en el mercado no constituye la base de la explotación capitalista es algo que evidencia el hecho de que la explotación capitalista continúa cuando los obreros compran en un mercado abierto a todos por igual. Hablando en términos generales, el mercado no hace discriminación -al menos en las condiciones del capitalismo competitivo- contra ninguna clase de compradores en especial; y el beneficio capitalista como totalidad en una sociedad capitalista no se origina al comprar barato y vender caro.

El ciclo de la producción capitalista

“Acompañados por el señor Ricacho y por el poseedor de la fuerza de trabajo -escribe Marx-, nos alejaremos por un tiempo de esta esfera ruidosa (es decir, el intercambio de mercancías, el mercado) donde todo sucede en la superficie y a la vista de todos los hombres, y seguiremos a ambos hasta la oculta morada de la producción, en cuyo umbral nos mira fijo el siguiente cartel: "Sólo se permite la entrada por cuestiones de negocios! ( ... ) Al abandonar esta esfera de la circulación simple o del intercambio de mercancías, que proporciona al libre cambista vulgaris sus puntos de vista e ideas, y la pauta mediante la cual juzga a una sociedad basada en el capital y los salarios, nos parece que podemos percibir un cambio en la fisonomía de los personajes de este drama. Quien antes era el poseedor del dinero pasa ahora a un primer plano como capitalista, y el poseedor de la fuerza de trabajo lo sigue transformado en obrero suyo. El primero tiene un aire de importancia, se sonríe con afectación, concentrado en los negocios; el segundo se muestra tímido y receloso, como alguien que lleva su propio pellejo al mercado y sólo puede esperar que se lo quiten" (El Capital, Libro I).

El secreto del beneficio capitalista no ha de encontrarse en la esfera del intercambio de mercancías y de la circulación; debe buscarse en la esfera de la producción. Un rasgo distintivo del enfoque marxista de la ciencia económica -punto en común con los economistas clásicos- es que su análisis se centra en las relaciones productivas; y a fin de explicar las relaciones de las mercancías en el mercado rompe con la esfera de la circulación y se aleja de ella.

Cuando el capitalista se inicia en la producción, comienza con capital bajo una forma conocida, es decir dinero, con el cual adquiere los medios de producción. Los medios que necesita para emprender la producción incluyen normalmente una fábrica en la que se produzcan maquinaria y herramientas para dar forma a sus materias primas y las materias primas en sí, además de materiales auxiliares, tales como combustible y aceites lubricantes. Sin embargo, esto es tan sólo una preparación para la producción. Si realmente se propone producir, el capitalista debe conseguir obreros y ponerlos a trabajar. El capitalista, entonces, compra materias primas, contrata fuerza de trabajo, alquila (o adquiere) una fábrica y maquinarias -en resumen, cambia su dinero por diversas mercancías (D-M), y su intención no es simplemente venderlas (como hacían los mercaderes) sino utilizarlas en el proceso productivo-. Pone a los obreros a trabajar en una fábrica, haciendo uso de las maquinarias para elaborar y transformar las materias primas. Al final, las mercancías con las que comenzó se han convertido en otras diferentes. Se ha efectuado y completado el proceso de producción. Las nuevas mercancías producidas se venden luego, y el capitalista tiene otra vez dinero en sus manos, o sea capital, bajo la misma forma que tenía en sus comienzos, pero existe una cantidad de dinero considerablemente mayor que la que poseía al principio -de lo contrario sufrirá una desilusión-. Este ciclo integro, mediante el cual el capitalista ha trocado el dinero en más dinero, puede expresarse simbólicamente así:

* Que han sido transformadas en el proceso de producción.

El problema a resolver es el siguiente: ¿Cómo se convierte D en D', cómo se convierte el dinero en más dinero y de dónde proviene el dinero extra, el beneficio?

Composición del valor del producto

Según lo que ocurre en general, cuando el capitalista compra a otros capitalistas las materias primas…, el valor de éstas -que cabe suponer fueron adquiridas de acuerdo con su valor correcto- constituye una parte del valor del producto terminado.

Una segunda parte del valor del producto terminado es el valor de la porción correspondiente al edificio, planta y maquinarias que se desgastan durante el proceso de producción. Desde luego que en realidad, no se consumen los ladrillos ni las maquinarias en un solo proceso productivo; se desgastan gradualmente a lo largo de un período de años. En consecuencia, el capitalista agrega a los otros costos un rubro denominado "depreciación" que se basa en el promedio de vida de los edificios, plantas y maquinarias que utiliza; este costo de depreciación constituye el reconocimiento del hecho de que una porción del valor de estos rubros se transfiere al producto en el curso del proceso de producción.

La tercera parte del valor del producto terminado representa el "nuevo" valor "agregado" por el trabajo de los obreros que transforman las materias primas en producto terminado, mediante la utilización de la planta, etc.

Pero, mientras que el valor de las materias primas, plantas, etc., utilizadas en la fabricación del producto corresponde al valor que compró, y pasa sin modificarse al valor del producto terminado, el nuevo valor agregado por la mano de obra de sus obreros es más alto que el valor por el cual les paga. En términos de dinero en efectivo, se les paga menos en salarios que el valor que su mano de obra agrega al producto.

Los salarios

El capitalista considera que los salarios son el precio pagado por el trabajo. El precio es valor expresado en dinero. El interrogante que debe contestarse es, pues, el siguiente: "¿Cuál es el valor del trabajo?” -o por lo menos así parece a primera vista-. Sin embargo, reflexionando un poco se ve que se trata de una pregunta carente de sentido. El valor en sí depende del trabajo, y, por lo tanto inquirir, “¿Cuál es el valor del trabajo?” es como preguntar "¿cuál es el peso del peso?, ¿cómo podríamos definir, digamos, el valor de un día de trabajo de diez horas? ¿cuánto trabajo contiene esa jornada? Diez horas de trabajo. Decir que el valor de un día de trabajo de diez horas equivale a diez horas de trabajo, o a la cantidad de trabajo que contiene, sería una expresión tautológica, y más aún, absurda" (Marx, "Salario, precio y beneficio").

Evidentemente es necesario estudiar esta cuestión más a fondo e intentar descubrir qué es con exactitud lo que el obrero vende a cambio del salario que recibe. Cuando un obrero acepta un empleo, cuando "se alquila" a un capitalista, en realidad pone a disposición de este, durante un período específico de tiempo -una hora, un día o una semana-, su capacidad de trabajo, es decir, la suma de aquellas capacidades mentales y físicas existentes en un ser humano, que este pone en acción al producir un valor de uso de cualquier clase" (Marx: El capital). El obrero no vende su trabajo sino su capacidad de trabajar, su fuerza de trabajo, que pone temporariamente a disposición del capitalista. Este hace trabajar al obrero y puede utilizar sus capacidades bien o mal, desperdiciándolas o usándolas económicamente. El obrero no vende la contribución real que hace a la creación de productos; vende su fuerza de trabajo. Esta distinción entre trabajo -el gasto real de capacidades y energías humanas (de las que depende el valor de las mercancías)- y fuerza de trabajo -la capacidad o poder de trabajar (que el obrero vende a cambio de salarios)- es de gran importancia.

Los salarios son el precio de la fuerza de trabajo. Puesto que el precio es la expresión del valor en dinero, debemos averiguar cómo se determina el valor de la fuerza de trabajo.

El valor de la fuerza de trabajo

Según se ha demostrado, el valor de las mercancías depende del tiempo de trabajo requerido para su producción. Resulta, en realidad, tan cierto respecto de la fuerza de trabajo como de otras mercancías. "El valor de la fuerza de trabajo está determinado, como el de cualquier otra mercancía, por el tiempo necesario para la producción y, por consiguiente, también para la producción de este artículo específico. En la medida en que tiene valor, representa tan sólo una determinada cantidad del trabajo social medio materializado en ella" (El Capital, Libro I). El valor de la fuerza de trabajo depende, pues, de la cantidad de tiempo de trabajo que debe insumirse a fin de que aquella pueda existir.

La fuerza de trabajo existe solamente en hombres y mujeres vivientes. Para vivir, los hombres deben contar con medios de subsistencia, alimentos, vestimentas, combustible, vivienda, etc. Para que la fuerza de trabajo pueda continuar existiendo los obreros deben reproducirse, tener hijos; por lo tanto, deben contar con suficientes medios de subsistencia, no sólo para sí sino también para sus hijos. "El valor de la fuerza de trabajo está determinado por el valor de los artículos necesarios para producir, desarrollar, mantener y perpetuar la fuerza de trabajo" (Marx, "Salario, precio y beneficio").

Las cantidades y la índole de los alimentos, ropas, etc., que se requieren varían de acuerdo con la naturaleza del trabajo efectuado. En consecuencia, variará el valor de las diferentes especies de fuerza de trabajo. Variará también porque ciertos tipos de capacidad o habilidad demandan una educación o adiestramiento especial que exige determinado período durante el cual el obrero tiene que vivir y quizá deba incurrir en otros gastos; todos estos gastos componen el valor de la fuerza de trabajo. Nuevamente, las necesidades naturales del obrero, tales como víveres, vestimentas, combustible, y vivienda varían de acuerdo con las condiciones climáticas y las demás condiciones físicas de su país. Por otra parte, el número y extensión de sus así llamadas necesidades naturales, al igual que los modos de satisfacerlas, son de suyo productos del desarrollo histórico (...) y dependen por lo tanto en gran medida del grado de civilización de un país, y más especialmente de las condiciones y, por consiguiente, de los hábitos y grados de confort bajo los cuales se haya formado la clase de los obreros libres. En consecuencia, en contraste con el caso otras mercancías, entra en la determinación del valor de la fuerza de trabajo un elemento histórico y moral. No obstante, en un país y período dados, la cantidad media de los recursos de subsistencia necesarios para el obrero constituye un factor fijo" (Marx, El Capital).

En la actualidad la distinción entre "salarios reales y salarios monetarios" reviste especial importancia puesto que el valor del dinero es susceptible de fluctuaciones en gran escala. Por "salarios reales" entendemos los medidos, no en términos de dinero, sino de los bienes que con ellos se pueden adquirir. Los movimientos de los salarios reales se miden normalmente comparando el cambio en el índice del costo de vicia con el cambio en los salarios monetarios.

La existencia de una masa de obreros desposeídos, “libres" de trabajar o perecer de inanición, constituye una condición necesaria para la producción capitalista. Siempre que existan otros obreros a mano para reemplazarlos, !a clase capitalista puede por lo general impedir que los salarios de los trabajadores aumenten por encima del nivel de subsistencia (conforme a lo definido precedentemente), o sea que los salarios no exceden normalmente el valor de la fuerza da trabajo.

En síntesis, pues, vemos que el valor de la fuerza de trabajo se resuelve en una cantidad definida de medios de subsistencia que dependen de a) necesidades físicas; b) necesidades desarrolladas por la historia y las costumbres; c) requisitos para la manutención de la familia, y d) gastos de educación y adiestramiento”.

Cabe agregar a lo que escribe Eaton que el valor de la fuerza de trabajo en los países centrales tiende a mantenerse bajo o a disminuir porque los trabajadores de esos países cubren algunas de sus necesidades (ropa y otras) con productos a bajo precio provenientes de los países donde los salarios son mucho más bajos, como China, Pakistán, Indonesia, algunos países del norte de África, etc. Es decir que los capitalistas de los países centrales aprovechan indirectamente de la explotación exacerbada de los trabajadores en los países periféricos.

Más adelante (en la página 89 de su libro) Eaton escribe:

“Todo gira alrededor de la diferencia entre el valor de la fuerza de trabajo del obrero que el capitalista adquiere y el valor que el obrero crea cuando se pone a trabajar. La fuerza de trabajo es, en realidad, una mercancía que reviste la propiedad particular de crear, cuando se la utiliza, un valor mayor que la que ella misma posee”...

…”Una vez comprendido esto, se penetra en el secreto del beneficio; la fuente del beneficio es la diferencia existente entre el valor de la fuerza del trabajo del obrero y el valor que éste produce. El valor que el obrero produce por encima del valor de su fuerza de trabajo se denomina plusvalía”.

Veremos más adelante que la apropiación de las riquezas producidas por el trabajo humano en la producción de bienes materiales e inmateriales (apropiación que se concreta en el mercado mediante la venta de mercancías, incluida entre éstas la fuerza de trabajo) se concreta también al margen de la esfera de la producción, ya no como extracción directa de plusvalía, sino a través del saqueo de las personas y de los pueblos por intermedio del capital financiero.

Ya no se puede decir que los capitalistas ganan “honestamente” su vida “dando trabajo” en sus empresas porque también roban y estafan a la gente y a los pueblos fuera de la esfera de la producción con las operaciones del capital financiero especulativo y parasitario.

Conviene aclarar que, contrariamente a la expresión utilizada habitualmente, en realidad quienes “dan” trabajo no son los patrones sino los trabajadores, en parte a cambio de un salario y en parte gratuitamente (el resultado del trabajo excedente –plusvalía- del que se apropia el capitalista).

Esta idea de que los empresarios son los que “dan” trabajo a los trabajadores, forma parte del arsenal ideológico de las clases dominantes, al que nos referiremos en la Séptima parte de estas entregas. El mensaje es que, si no fuera por los capitalistas, los trabajadores no tendrían trabajo y se morirían de hambre.

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