
Homar Garcés (especial para ARGENPRESS.info)
Esto ha logrado que muchas veces se caiga en el lugar común de las consignas, sin que exista correspondencia alguna con la práctica revolucionaria, siendo éste -quizás- el propósito oculto de quienes las pregonan para dejar todo igual y así aprovecharse del poder conquistado. De ahí que resulte fundamental disponer de una teoría revolucionaria que no sólo explique la realidad que se busca transformar sino que sea también herramienta en manos del pueblo para confrontar y trascender los hechos y cambios producidos. De esta manera la revolución estaría en un proceso continuo de regeneración hasta lograr un nivel óptimo que permita su continuidad, evolución y consolidación.
Es preciso, por tanto, que los propulsores de la revolución socialista estén dispuestos a experimentar en sí mismos un cambio radical de sus patrones de conducta, tomando en cuenta que los mismos son resultado de siglos de vigencia del capitalismo y de sus valores mezquinos. En este caso, habría que emprender una lucha tenaz contra las disparidades de ingreso, riqueza y acceso a oportunidades impuestas por el sistema capitalista, sustituyéndolas por los valores que siempre han acompañado a la humanidad, pero que han sido minimizados en beneficio de la lógica capitalista. Esto supone iniciar una revolución cultural afirmativa, revalidando la historia y las luchas de nuestros pueblos. Como lo afirmara Antonio Gramsci, "no hay revolución sin revolución cultural", lo cual debe manifestarse tanto en cambios subjetivos como objetivos verdaderamente emancipatorios y socialistas que tengan un efecto directo en el desarrollo integral de las personas, incluyendo su ética y su moral.
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