miércoles, 26 de septiembre de 2012

España, un país atrasado

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

Ni siquiera en investigación y desarrollo, en tecnología o en renta per capita real es un país a la cabeza de nada que no sea atraso político. Pero quien afirme lo contrario, que es un país avanzado, desde luego no será en política, ya que tampoco lo es en moral, en materia de aborto, de eutanasia, de respeto a las minorías, en todo aquello que el tiempo va arrojando luz y lucidez a las costumbres y al desarrollo intelectivo. Los viejos prejuicios campan por su respeto entre las clases sociales dominantes, las que son decisivas, las que marcan la impronta a toda la sociedad vista desde fuera. Ser reaccionario y conservador es un seguro para los viejos patrimonios y para los patrimonios nuevos amasados gracias a la alianza de todos los poseedores del dinero...

El paso del tiempo no ha servido de nada. España sigue siendo el país políticamente más atrasado del mundo, después de las teocracias islámicas.

Todo el mundo sabe cómo se cocinaron la Constitución y la monarquía. La Constitución que ahora defienden con uñas y dientes los ultracentralistas que entonces no la votaron, fue redactada con carácter de urgencia por el principal albacea testamentario del dictador, Fraga Iribarne. Lo hizo con la condescencia de los demás "padres" de la misma, porque sentían en sus nucas la punta de las pistolas de un ejército más franquista que Franco. Pero en todo caso es obsoleta. Al final, el país entero fue víctima de un sabotaje institucional de todos los que se hicieron cómplices para forzar la entronización del preparado a la carta de un rey elegido por Franco y una Constitución que blindase el poder de los poderosos de siempre.

Las torpezas, el desgobierno y los abusos inmensos de los gobernantes de los dos partidos mayoritarios, de los alcaldes y de gran parte de la troupe llamada clase política; todo ello unido a una gestión política y económica desastrosa a lo largo de una década por lo menos, sumado a la inanidad y complicidad de los altos tribunales, ha acabado provocando la repulsa del pueblo en general. Sin embargo, el partido en el gobierno y las clases que le votan siguen considerando intocable la Constitución y se niegan a facilitar el tránsito a lo que ahora toca: el Estado federal.

Sigue latente u obsceno el espíritu de la Una, Grande y Libre franquista, que distanció a España de los restantes países europeos.

Está en juego ese Estado federal o la independencia del territorio catalán que históricamente la reclama. De nada sirve para los cavernarios la sencilla idea de que un pueblo, como el hijo que ha alcanzado la mayor de edad, tiene derecho a discutir con sus padres su decisión de abandonar el hogar familiar y por supuesto abandonarlo si esa es su decisión.

Pero todo es inútil. Hasta algunos coroneles, como en 1978, año en que se aprobó la constitución, están detrás y coaccionan. Si 34 años después, una población que mayoritariamente no ha vivido siquiera la dictadura se tropieza con la actitud mostrenca y reaccionaria propia de siglos pasados de los políticos del gobierno, no dudemos que el país entero, pese a Europa, pese al euro y pese a todo, se situará de nuevo al borde de una nueva guerra civil…

Esto es España. Sus verdaderos dueños siguen siendo de la misma catadura que sus ancestros. Mientras no se les desaloje de los centros neurálgicos del poder político y económico, España irá de mal en peor en justicia ordinaria, en justicia distributiva y en justicia social. En suma, en justicia: el valor más apreciado de todos en una sociedad humana que desea mantenerse lejos de la jungla.

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