miércoles, 10 de octubre de 2012

España y Grecia están que arden

Niko Schvarz (BARÓMETRO INTERNACIONAL, especial para ARGENPRESS.info)

Quedé impactado por las imágenes que mostraban la brutalidad y el ensañamiento de la represión contra los miles de manifestantes españoles en la tarde-noche del martes 25 de septiembre en las inmediaciones del Congreso de los Diputados en Madrid. Las escenas se reprodujeron al día siguiente, a cachiporrazo limpio y disparando balas de goma, mientras el Congreso aprobaba el drástico plan de ajuste presupuestario del gobierno de Mariano Rajoy Hubo decenas de heridos, muchos de ellos hospitalizados, y de detenidos. El gobierno se vanaglorió de la represión. “Felicito a la policía que trabajó extraordinariamente bien, declaró el ministro del Interior Jorge Fernández Díaz, en tanto la delegada del gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, defendió “absolutamente” la actuación policial y las cargas contra los manifestantes, que fueron perseguidos por un largo trecho. El PSOE e Izquierda Unida denunciaron las acciones represivas “desproporcionadas y excesivas”.

El tijeretazo presupuestal de Rajoy

Los manifestantes reclamaban la dimisión de Rajoy y el rechazo del tijeretazo presupuestal que finalmente se consumó el jueves 27 al aprobarse el presupuesto 2013, que consiste en un ajuste de casi 40 mil millones de euros comprometido con la Comisión Europea de Bruselas para acceder a un plan de rescate. Este ajuste, el mayor de la historia democrática de España, incluye la reducción del gasto disponible de los ministerios en un 8,9%, restricciones en la salud y la educación, la extensión del congelamiento salarial de los funcionarios públicos, limitaciones en las pasividades y en las ayudas a los desempleados, eliminación de algunas exenciones tributarias. El recorte al Ministerio de Salud Pública llega al 15%.

O sea: se aplica la receta neoliberal completa, en momentos en que España atraviesa su segunda recesión en tres años, con un desempleo cercano al 25%, más de 5,6 millones de trabajadores, y de 50% entre los jóvenes. Se han descrito escenas de gente hurgando entre un montón de cajas en la puerta de un comercio de frutas y verduras en una barriada popular de Madrid. El secretario general de Comisiones Obreras (CCOO), Ignacio Fernández Toxo, aseguró que el presupuesto aprobado el gobierno de Rajoy va a seguir hundiendo al país en la situación de recesión y desempleo, lo que habrá de generar mayor empobrecimiento y un aumento de las desigualdades.

Huelga general y manifestaciones en Grecia

El paro general convocado por las principales confederaciones sindicales griegas para el jueves 27 de septiembre tuvo un acatamiento masivo, y se inició con una multitudinaria concentración ante el Parlamento en rechazo a los recortes dictados por la troika de la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI. La huelga general, que paralizó el país, es la primera de este tipo contra el nuevo gobierno de coalición de derecha liderado por Antonis Samaras, que asumió hace tres meses y proyecta anunciar estos recortes en los próximos días. Según la Confederación General de Trabajadores de Grecia (GSEE), la Confederación de Empleados Públicos (ADEDY) y el Frente Militante de Todos los Trabajadores (PAME), organizadores de la jornada, la huelga abarcó a los ministerios y empresas estatales, universidades y hospitales, así como al 100% de los trabajadores de astilleros, transporte marítimo y refinerías, el 90% de los portuarios y la construcción, el 85% de la industria metalúrgica y el 80% de los empleados de hotelería, comercio y bancos. El secretario general de la GSEE, Nikos Kiutsukis, declaró que los planes de rescate no han hecho otra cosa que incrementar el número de desocupados, de 24% según cifras oficiales (las más altas de Europa junto con España), pero que en realidad alcanza el 32%. El remedio agrava la enfermedad. También en este caso, como en España, hubo represión contra los manifestantes concentrados en la plaza Syntagma, frente al Parlamento.

En el caso griego se ha dado un factor muy interesante: la adhesión del pequeño comercio a la huelga general, cerrando sus puertas hasta el mediodía para protestar contra los recortes salariales y los aumentos impositivos, que redundan en un descenso considerable del consumo. El presidente de la Confederación General de Profesionales, Artesanos y Comerciantes (GSEVE), Yorgos Kavazas, señaló que el volumen de negocios de la pequeña empresa se ha reducido considerablemente en los dos últimos años. Unas 160 mil empresas se han declarado en bancarrota en ese período, y predijo que con las nuevas medidas de austeridad anunciadas, otras 120 mil pequeñas empresas cerrarán, provocando la pérdida de más de 200 mil puestos de trabajo.

El nuevo paquete de medidas de ahorro implica unos 11.500 millones de euros en recortes presupuestales y otros 2.000 millones en nuevas recaudaciones, según el acuerdo alcanzado por Samaras y el ministro de Finanzas, Yannis Sturnaras, que se someterá a la probación parlamentaria antes de la próxima reunión del Eurogrupo el 8 de octubre. Las medidas incluyen no sólo la rebaja de sueldos y pensiones, sino además la eliminación de todos los convenios y de la negociación colectiva, de los pagos extraordinarios y de numerosos subsidios, así como el aumento de la edad de jubilación y nuevos impuestos. Los sectores profesionales más afectados por los recortes son los profesores universitarios, los médicos, los jueces y las fuerzas de seguridad, entre otros. Los sindicatos organizadores de la huelga general anunciaron que continuarán e incrementarán la lucha ante la amenaza de agudización de la recesión que impera desde hace ya cinco años.

Krugman: “La austeridad europea es una locura”

Desde el título, este editorial de Paul Krugman en The New York Times del 28 de septiembre no admite duda: la idea de profundizar la austeridad en Europa es una locura y resultará contraproducente en todo sentido. Escribe este eminente economista que desde el Banco Central Europeo se afirmaba que “todo lo que las naciones deudoras tenían que hacer, era profundizar la austeridad”, pero lo rebate en los siguientes términos: “Sin embargo, los proveedores de la sabiduría convencional se olvidaron de que la gente estaba involucrada. De repente, España y Grecia son sacudidas por huelgas y manifestaciones enormes. La gente en estos países está diciendo, en efecto, que ha llegado a su límite. Con el desempleo en niveles de la Gran Depresión y con trabajadores reducidos a recoger la basura en busca de comida, la austeridad ya ha ido demasiado lejos”. Señala más adelante: “Muchos comentarios sugieren que los ciudadanos de España y Grecia sólo pueden retrasar lo inevitable, al protestar contra los sacrificios que deben, de hecho, hacerse necesariamente. Pero la verdad es que los manifestantes tienen razón. Más austeridad no sirve a ningún propósito útil. Los protagonistas verdaderamente irracionales son aquí los políticos supuestamente serios y los funcionarios que exigen cada vez más sacrificios”.

Reafirma estas convicciones mediante un análisis de las causas de la crisis en España, y concluye que “España no necesita más austeridad” y que “los recortes salvajes a los servicios públicos esenciales, y el seguir profundizándolos, en realidad afectarán las perspectivas del país para una recuperación exitosa”.

Examina también los fundamentos ideológicos de la proclamada política de austeridad, destaca la responsabilidad de los bancos (“el pecado es de los bancos”, afirma sin eufemismos) y sostiene que “si Alemania quiere realmente salvar al euro, hay que dejar que el Banco Central Europeo haga lo que sea necesario para rescatar a los países deudores –y debe hacerlo sin exigir sacrificios inútiles”. Estas aseveraciones parecen tanto más acertadas si se observa además la situación prevaleciente en varios otros países europeos.

En Portugal, el 15 de septiembre casi un millón de personas manifestaron en Lisboa y otras ciudades, e incluso frente a las embajadas de Portugal en las grandes capitales europeas, para protestar contra las imposiciones de la troika, la política de austeridad y el gobierno que la aplica. Se estima que estas demostraciones superaron las realizadas con pleno éxito hace un año y medio, el 12 de marzo 2011, y se reiteraron en los días siguientes.

En Francia el número de desocupados está por encima de 3 millones de trabajadores. También se asiste a una desaceleración de la economía alemana, mientras Angela Merkel expresa su preocupación por la capacidad de pago de la deuda por parte de varios países de la zona euro.

Una visión de conjunto de la situación europea (y más allá) se encuentra en el siguiente comentario: “La llegada del otoño, el 23 de septiembre, no sólo marcó el fin del verano (en el hemisferio Norte) sino también para los mercados financieros. Desde Tokio a Nueva York, pasando por Europa, las cotizaciones de las bolsas cayeron en picada en casi todos los países”.

América Latina en la ONU contra la austeridad

Estos hechos tuvieron repercusión en la 67ª sesión de la Asamblea General de la ONU en curso, y en este sentido se verificó otro hecho fuera de serie: América Latina exhibió allí un frente común contra las políticas de austeridad. Así ocurrió a partir de la intervención inicial de la presidenta Dilma Rousseff, de Brasil, que como es habitual abrió la instancia de deliberaciones del máximo organismo internacional.

“La historia ha revelado que la austeridad, cuando es exagerada y está aislada del crecimiento, es contraproducente”, afirmó la mandataria brasileña. Condenó las políticas fiscales llamadas “ortodoxas”, a las que responsabilizó de empeorar la recesión en las economías desarrolladas, y denunció su impacto en el mundo emergente. Puso como ejemplo la buena marcha de la economía de su país, destacando que ha sido capaz de mantener altas tasas de empleo mientras reduce las desigualdades sociales y amplía los ingresos de los trabajadores. Abogó por construir un pacto completo a favor del reinicio del crecimiento económico mundial. También se pronunció por poner fin al bloqueo económico, financiero y comercial impuesto por Estados Unidos contra Cuba, un anacronismo condenado por la inmensa mayoría de los países integrantes de la ONU, que desde 1992 se pronunciaron en 20 ocasiones consecutivas en ese sentido. En la última votación, en octubre de 2011, la resolución fue aprobada por 186 votos a favor, dos en contra (Estados Unidos e Israel) y tres abstenciones.

Estos conceptos fueron compartidos, desde distintos ángulos, por los presidentes de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, de República Dominicana, Danilo Medina, y de El Salvador, Mauricio Funes. La presidenta argentina hizo blanco de sus críticas las políticas de austeridad, se hizo eco de las protestas de los indignados en las calles de Madrid y condenó la represión policial. Recordó asimismo que su país sufrió los embates de las políticas neoliberales impuestas por el Fondo Monetario Internacional, basadas en los ajustes y la austeridad, lo que consideró “absolutamente absurdo” porque han demostrado estar en el origen de la crisis. Esa es –señaló– la política de “ajuste feroz” que ahora se está aplicando a países como España, Grecia y Portugal.

No puede negarse el carácter inédito de esta apreciación de la crisis europea a la luz de las experiencias de los nuevos gobiernos de América Latina. Esto nunca había ocurrido.

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