jueves, 22 de noviembre de 2012

Sandra Ramírez: ¡“Mi familia es las FARC”! (Parte I)

Dick Emanuelsson (ANNCOL, especial para ARGENPRESS.info)

Entrevista exclusiva a la guerrillera Sandra Ramírez, viuda de Manuel Marulanda, pero sobre todo, mujer combatiente de las FARC-EP.

Cámara Fabiola González (ANNCOL)
Trascripción y revisión de texto: Ingrid Storgen
Edición de video: Mirian Huezo Emanuelsson

Cuando topamos en la Habana, me parece que no ha envejecido nada, desde ese año, 1988, cuando hablamos la primera vez. Y han pasado casi 25 años. Una de las preguntas que le hago en la siguiente entrevista es sobre las secuelas de la guerra, la psicosis que causan los bombardeos, asaltos y enfrentamientos armados entre dos ejércitos, uno regular y el otro irregular. Miles de veteranos gringos de la guerra se suicidan anualmente pero parece que a los guerrilleros no les afecta de tal manera porque, como dice Sandra, “nosotros sabemos porque luchamos mientras el soldado raso o profesional, lo hace por necesidad, no por que esta es su guerra”.


Foto: Sandra Ramírez, combatiente 1982 y 2012, ahora en la Habana

La compañera invita a las mujeres a tomar parte del recién iniciado proceso de Paz en la Habana, porque, como dice, no hay ningún proceso de liberación donde la mujer no haya tomado parte.

A Sandra la conocí entre los meses de marzo-abril de 1988, en Casa Verde (campamento central de las FARC), cuando se celebró la 2ª Cumbre de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar. Esa fue la primera vez que pisé territorio guerrillero y realmente fue una experiencia emocionante, sobre todo la presencia de ese 40 por ciento de los combatientes que eran y son mujeres.


Foto: Sandra y Manuel durante el proceso de Paz en San Vicente de Caguán. Foto El Tiempo

Ella era la compañera de Manuel Marulanda, cuestión que no le otorgaba ningún beneficio con respecto a sus compañeros. Hacía las mismas tareas, tenía los mismos deberes y derechos que cualquier guerrillero raso. Tiempo atrás había comenzado a seguir el proceso guerrillero en el que descollaba la figura de un líder que según el ejército y los medios, fuera asesinado unas 1200 veces, hasta que volvía a “aparecer” cada vez, echando por tierra las versiones existentes. El Tiempo, medio oficial, transcribía textualmente los partes de guerra del ejército colombiano, donde también volcaba la mentira.

En esos medios, pocas veces son entrevistados y si lo son, pues casi como un manual son tergiversadas sus declaraciones.

Abajo presentamos una extensa entrevista a Sandra Ramírez sin que nadie haya cambiado sus declaraciones.

Dick Emanuelsson (DE): En estos momentos estamos muy lejos de Colombia ¿No? En un lugar precioso en las afueras de La Habana y aquí tenemos el gran placer de tener a la compañera Sandra Ramírez. Una veterana de la lucha guerrillera llegada con la delegación de paz de las FARC-EP integrando la delegación de paz que va a tener las primeras conversaciones, el 15 de noviembre (la entrevista fue realizada el 9 de noviembre, antes el cambio de fecha) con el gobierno de Colombia, de Juan Manuel Santos.

Muchísimas gracias, Sandra, por atendernos. Yo me acuerdo de ti la primera vez que hice un reportaje en la zona guerrillera. Fue en Casa Verde en 1988 durante el Acuerdo de Cese al fuego entre las FARC y el gobierno de Belisario Betancourt y fue en la Segunda Cumbre de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, efectuada en los meses de marzo-abril de 1988.

Ha pasado mucha agua bajo el río… Queríamos saber por que hemos visto en la prensa internacional que tú estabas acá, entonces claro, despertó mucha curiosidad, además de las ganas que tenía de encontrarme contigo de nuevo. Pero cuéntanos un poco, por que queremos saber un poco más de la Sandra Ramírez, dónde naciste, en qué familia, cuáles fueron las circunstancias que hicieron que te integraras al movimiento guerrillero.


Foto: Casa verde marzo 1988

Sandra Ramírez: Gracias Dick, alegría de verlo nuevamente con nosotros y tenerlo por acá cerca.

Dick, desde los 17 años me integré a las FARC. Soy de una familia pobre, campesina, de Santander del Sur, en el centro del país. Mis padres cultivaban café, cacao, caña, teníamos ganado, éramos una familia numerosa de quince hermanos y dentro de la familia a las mujeres nos dieron la prioridad para el estudio. Mi mamá se preocupó mucho porque fuéramos alguien porque estudiáramos. No se pudo con todos por las dificultades económicas que empezaron a haber en la familia y sin tener un apoyo del estado. Todas estas circunstancias y conociendo a la guerrilla y fundamentalmente a una compañera, Eliana, que estaba en el grupo, una compañera que aún vive y que en ese tiempo era comandante, fue mi referente. Me fijé en ella, en la forma que ella mandaba, en la forma que se relacionaba, cómo los compañeros le obedecían.

Fue entonces cuando me empezó a nacer la curiosidad de venir para la guerrilla, de buscar nuevos horizontes porque en nuestra casa no había la posibilidad de seguir estudiando y tampoco teníamos el apoyo del estado, alguien que nos apoyara para continuar los estudios.

Entonces sí, ingresé a los 17 años allá en Santander, luego duré aproximadamente dos años en el frente, estudié enfermería y estuve trabajando como enfermera.

Entre nosotros se dan misiones y traslados, entonces salgo en un grupo de traslado a integrar la guardia del Secretariado. Ahí nos trasladan, llegamos, sigo con mi función de enfermería más otras tareas que nos dan aparte de ser guardias, distribución de víveres y todas esas funciones que uno cumple normal dentro de nuestra vida de guerrilleras. Ahí transcurrió otra etapa, luego vinimos a las conversaciones que se inician con el gobierno de Belisario Betancourt, conversaciones de 1982 que son los primeros pasos que empiezan a dar las FARC en ese sentido, en el ’83. Ya en el ’84 iniciamos las conversaciones y nos toca con un grupo de compañeras, ayudar, ser asistentes, en toda esta labor de atender, recibir, ser las guías de todos estos señores del gobierno que iban a hablar con los camaradas del Secretariado.

DE: ¿El Consejo Nacional de Paz del gobierno?

SR: Era la Comisión de Paz del gobierno integrada por John Agudelo Ríos, Otto Morales, Margarita Vidal, Alberto Rojas Puyo, y otros señores que en este momento se me escapa el nombre. En toda esta etapa seguí en mi función de enfermería y siendo guardia de mis camaradas del Secretariado.

Foto
Foto: Sandra (segunda)

DE: ¿Era una época dura al caminar la trocha con un morral pesado y un fusil que no pesa poco?

SR: Claro que en los inicios tiene uno que adaptarse, porque se ingresa en una organización militar, hay que adaptarse a cumplir órdenes, inicialmente lo primero que uno recibe es un curso básico para aprender por qué se llega a la guerrilla. El por qué de la necesidad de luchar, el por qué usted como persona empieza a ser parte de una organización político militar. Entonces, inicialmente son cursos básicos que recibimos tanto de orden militar como de orden político-ideológico. Orden militar porque se empieza a cumplir órdenes, misiones, tareas de toda índole, y eso es toda una adaptación.

Aprender a caminar en un monte, aprender a montar su fusil, aprender a defenderse en un combate, aprender a pagar guardia. Toda esa actividad la aprende uno en un curso de 3 meses que dura más o menos el curso.

Luego, entra uno a la actividad política que es la enseñanza de por qué se ingresa a la guerrilla, por qué la necesidad de que el pueblo se una, luche. Por que qué ha pasado, qué ha habido en el transcurso de la vida política, social y económica del país.

DE: Para un muchacho o muchacha de la cuidad tal vez eso es mas duro que para la hija de un campesino. Porque tu a los 17 años estabas acostumbrada como hija de una familia campesina. La diferencia de la ciudad y el campo.

SR: Bueno, los compañeros que llegan de la ciudad pues si, es cierto que se sufre un poquito más porque no se está acostumbrado al campo, a caminar, a conocer las trochas pero igual se adaptan. Con el tiempo las personas se van adaptando, ya es un complemento porque ya muchas veces no encuentran la diferencia. Porque los compañeros que llegan de la ciudad aprenden a cortar un árbol, aprenden lo que es un árbol seco, cual es el verde, cuál sirve para cocinar, cuál no. Todo se trata de adaptarse al aprendizaje, al medio que se vive en la guerrilla, claro, no es un medio fácil, es un medio difícil pero tampoco que no se pueda adaptar.


Foto: Guerrilleros de las FARC-EP

Se convive con la naturaleza, se convive con la montaña, es sencillo aprender que por aquí es un filo, por aquí una loma, que esta loma nos conduce a tal punto, que este río nos lleva a tal otra, que este caminito nos lleva a una casita. Es cuestión de irse adaptando y aprender.

DE: En los primeros combates ¿mucho miedo?

SR: Difíciles, los combates son difíciles, por supuesto, y como a todo ser humano nos da miedo porque es sentir que te disparan y te disparan y si no se cubre, si no se tiende bien, si no se busca una trinchera es muy fácil caer con una bala que alguien que está bien, está disparando.

Son de miedo pero ahí también con los compañeros se da bastante moral y entre todos nos ayudamos, todo es unión y si no hay unidad entre los compañeros y compañeras que hemos estado en combate es decir mira, yo soy compañero tuyo, estoy aquí a tu lado, si te queman y tienes que retirarte yo estoy al lado tuyo.

La Nueva Familia acusada por “abuso sexual”

DE: Justamente, dejaste a tu familia biológica allá pero te conseguiste una nueva familia. Ahí leíamos también los artículos, los reportajes de la “gran prensa” colombiana, de que los guerrilleros bandoleros abusaban de las mujeres. ¿Cuáles son las impresiones tuyas cuando llegaste a conseguir una nueva familia fariana?

SR: Realmente uno se viene dejando su familia y aquí, en las FARC, encuentra uno a una familia grande. Una familia solidaria, una familia que te guía, que le dice a uno: por aquí haces esto. Una familia que en todo momento está pendiente de uno. Una familia en que si uno se enferma hay siempre quien vea por ese compañero, siempre si está enfermo quien le lleve su comida, quien le lave la ropa. Si se cayó, si se golpeó habrá quien esté. Todo eso nos une. En ningún momento encontramos represión, esto que me acabas de decir lo utilizan los medios de comunicación, lo utiliza la gran prensa.

Lo utiliza el estado colombiano para desprestigiar la verdadera concepción ideológica, política social, que tiene y lleva a cabo la insurgencia. Es como decía Joseph Goebbels: una mentira dicha mil veces tiende a convertirse en realidad. Y eso es lo que hacen los medios con la insurgencia colombiana, de decir todos los días, machacar para desprestigiar nuestros verdaderos propósitos de lucha.

El trato aquí interno es de respeto y unión, solidarios con todo lo que nos ocurre en diario, sea porque tú tengas un problema emocional, sea porque te pelees con tu pareja, sea porque te caíste, como te dije, lo normal que ocurre entre humanos. Que la miré, siempre uno recibe el apoyo de todos, esto nos ha hecho ser muy unidos a las FARC, cohesionados tanto con estas cosas sencillas como en los propósitos grandes que serían la toma del poder.

El machismo en la ciudad

DE: Para un reportero que viene de afuera a un campamento guerrillero, no importa donde uno llega, se impacta por la gran cantidad de mujeres. Si ahí, uno calcula, unos 35, 40% de combatientes son mujeres y al mismo tiempo hay ese tipo de reportajes y artículos de la gran prensa colombiana que hablan de abuso sexual. Durante los 30 años de intervención en el movimiento armado tú qué experiencia has tenido sobre eso. Porque me imagino que también varones de la ciudad o del campo llevan también el machismo y de una u otra forma se expresan, al principio, sobre la mujer.

SR: Desde que nosotros ingresamos a la guerrilla somos combatientes todos, tenemos igualdad en derechos y en deberes. Al tener esa igualdad de ser combatientes, tantos hombres como mujeres, compartimos todo. Si el hombre cocina la mujer también cocina, si el hombre paga guardia, la mujer también paga guardia, si la mujer es comandante, el hombre también es comandante, si la mujer es responsable tiene la responsabilidad de ser una jefe de comunicaciones, una jefe de sistema, los hombres también.


Foto: Una pareja guerrillera del Bloque Sur

Toda la actividad diaria es compartida, colectiva, tanto hombres como mujeres participamos colectivamente entre todos.

Todo este desarrollo que ha tenido la guerrilla nos hace tener mecanismos para ir frenando, mostrando, que las mujeres también estamos en capacidad de hacer todo, que las mujeres somos responsables, que las mujeres podemos hacer las mismas cosas porque las mujeres vamos, también, a la línea de combate con el hombre. Hombro a hombro, si la mujer tiene que ir a transportar, el hombre también tiene que transportar, nuestras tareas son para todos.

Esta actividad hace que el machismo se vaya diluyendo, se vaya haciendo a un lado, que nos veamos desde otro punto, como hombres y mujeres, como personas que podemos hacer de todo.

Yo tengo 30 años de lucha y no he tenido quejas sobre compañeros en acoso sexual, esa es una mentira que se utiliza desde los medios de comunicación de que aquí las mujeres venimos y somos obligadas, que tenemos que estar con no se quién. No, aquí la mujer es libre. Libre, libre de escoger su pareja, libre de decir, camaradas, yo quiero estudiar enfermería. Libres de decir, camaradas, yo quiero estudiar sistemas. Libre de decir, camaradas, yo quiero ser médica, libre de decir yo quiero distribuir víveres, y también a medida de su capacidad y de su actitud que vaya mostrando, se va ella especializando en eso.

Libre de decir, camaradas, yo quiero ser mando, o no quiero ser mando. En todo este sentido la mujer, por supuesto, que es libre.

Y libre porque no está atada a su marido, tiene la libertad de seguir su pareja o no seguirla, pero no estar amarrada y que esa compañera no pueda salir a cumplir una misión.

Va, cumple su misión y regresa adonde está su pareja. Igual el hombre si tiene que ir a cumplir una misión por supuesto que lo hace y luego ingresa adonde está su pareja.

La pareja Camarada Manuel Marulanda

DE: Y hablando de pareja, porque sabíamos que la pareja tuya fue el legendario comandante de las FARC, cofundador de las FARC Manuel Marulanda Vélez.

¿Tu situación, tu posición se cambiaba después que hicieron pareja ustedes o mantenías tus mismos deberes y derechos?

SR: Igual, los mismos derechos y deberes. Cambia un poco porque la responsabilidad que se tiene al estar al lado de un camarada como era el camarada Marulanda y de su responsabilidad como jefe, claro que cambia. Hay otra actividad que hay que cumplir, además de tener que cumplir con todas las actividades, hay una más que se suma a nuestra labor. Igual la hacíamos, claro, por supuesto que no solas sino con todo el conjunto de más compañeros y compañeras y entre todos contribuíamos a que el camarada pudiera ejercer su tarea, que le correspondía como jefe.



Dick Emanuelsson es sub director ANNCOL.



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