miércoles, 6 de marzo de 2013

Chávez le dio su impronta al proceso de integración latinoamericana

Claudio Lozano (ACTA)

América Latina llora la muerte de un líder regional que no sólo supo darle una esperanza a su pueblo frente a la corrupción y la decadencia del sistema político de Venezuela, sino que además supo plantarse ante los EEUU. Jugó un rol clave en la estrategia contra el ALCA y levantó las banderas de la integración y de la necesidad de una nueva sociedad.

Cultivó y sostuvo una visión integradora que, lejos de acotarse en el hecho simbólico, intentó plasmar tanto en la creación del Banco del Sur como en aquella visión del área petrolera regional, lanzada ya en el 2002 a sus vecinos latinoamericanos.

En este plano supo ir más allá del mero debate de una unión aduanera, para pensar y promover estrategias de complementación productiva a nivel regional; propuestas de integración energética; de coordinación monetaria y de desarrollo de instituciones financieras regionales.

Una visión que, hacia el interior de su propio territorio nacional, se tradujo en políticas redistributivas y de participación ciudadana, que dieron lugar al modelo de organización social en el que hoy se sostiene y se sostendrá el gobierno venezolano.

Un gobierno que soportó el embate de una de las oposiciones más reaccionarias de nuestra América bolivariana.

El mundo entero la ha visto en funciones cuando, a comienzos de este año participaba con sorna de una de las demostraciones más conmovedoras de ejercicio pleno de la democracia. Aquella en la que la Asamblea Legislativa venezolana debatía la asunción del gobierno elegido en las urnas.

Nadie puede negar que el proceso de integración de Latinoamérica tiene su impronta y mucho menos, que el vacío que deja en la región no tiene más sucesión posible que la de profundizar el entretejido político y social de nuestros pueblos.

Su muerte, deja planteados en el escenario regional varios problemas.

En primer lugar, la situación de Cuba. A nadie se le escapa que Venezuela ocupó y ocupa el lugar de sostén económico que Cuba perdiera luego de la caída de la Unión Soviética.

En segundo lugar, el futuro de paz en Colombia. Nadie ignora el papel que Venezuela ha cumplido como estabilizador regional en este aspecto.

Por último, queda pendiente también el futuro de un Mercosur que, con la reciente incorporación de Venezuela, ha fortalecido su potencialidad como bloque regional.

En este contexto, es innegable la responsabilidad que le cabe a cada uno de los gobernantes latinoamericanos de sostener y continuar el proceso en curso, privilegiando las acciones que consoliden la aún incipiente integración de nuestra región.

América Latina y el compañero comandante Hugo Chávez Frías se lo merecen.

Claudio Lozano es Director del Instituto de Estudios y Formaciòn (IEF-CTA). Diputado Nacional.

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