jueves, 21 de marzo de 2013

España: El Estado decrépito

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

Pero ¿queda algún político, algún banquero, diputado, alcalde, presidente de comunidad o concejal de urbanismo no ya íntegro, que eso es mucho decir, sino simplemente decente?

El panorama de personajes públicos que llevan el timón de este país como usurpadores del poder, es espantoso. Hay 300 políticos, la mayoría del partido del gobierno, imputados como autores, cómplices o encubridores de delitos de malversación, cohecho, fraude o evasión de capitales. Y es incalculable el número de cuyo expolio... todavía no ha salido a la luz su saqueo. Por otro lado están los banqueros y el que fue presidente del FMI, en la cuerda floja de la Justicia para responder de 71 millones de euros con jubilaciones e indemnizaciones súper millonarias de entidades quebradas. El propio rey, su hija y su yerno se debaten para no ser merecedores de la cárcel, estricta o moral, a que el pueblo ya han castigado pese a que sean nulas las posibilidades de pisarla, o precisamente por eso...

Los jueces no dan abasto. Aunque las investigaciones hasta ahora duran un lustro y eso se antoja dilaciones deliberadas... A diario entran en el Decanato para el reparto, denuncias y querellas de todos contra todos. Tan pronto uno se querella contra otro, como éste se querella contra él, y otro u otros contra ambos. Hay un auténtico festival de querellas, contraquerellas y denuncias, lo que pone en evidencia que si todos tienen motivos para sustanciar el consiguiente proceso, todos son unos rufianes. Por otro lado, el partido del gobierno toma represalias directas o indirectas con embargos a los partidos que le acosan. En el carrusel de querellados, hasta figuran medios de comunicación que investigan y publican el escandaloso expolio de dinero público...

Más que pasar del estado del bienestar (más bien de la desmesura y de la orgía social propiciada por los ladrones, ventajistas y necios) al Estado del malestar, hemos pasado al Estado y la sociedad ruinosos. Todos recurren a la Justicia para que, como el día del Juicio Final, separe a los injustos de los justos; para que distinga a políticos, banqueros y fantoches de la realeza delincuentes, del personal decente de esos mismos estamentos... si es que queda alguno que verdaderamente lo sea.

Tras la dictadura, nunca pudimos imaginar nosotros los mayores que, por la codicia de unos y la pusilanimidad de otros, este país llegase tan lejos en desvergüenza institucional…

Claro que, si hubiésemos reflexionado un poco sobre los pícaros de toda laya que siempre han sido la marca de este país, no nos hubiésemos atrevido a equipararnos más que con los países del tercer mundo. Pero no con otros europeos donde los verdaderos demócratas aun capitalistas o liberales, llevan mucho tiempo tratando de fraguar la conciencia social extensiva, sin recurrir al derramamiento de sangre...

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