miércoles, 10 de abril de 2013

Capriles Radonski por la privatización de PDVSA

Antonio Guillermo García Danglades (especial para ARGENPRESS.info)

El candidato Capriles Radonski, desde incluso antes de iniciarse la campaña electoral, ya había asumido un discurso agresivo y sumamente violento, lo cual ha significado un giro total de lo que había sido su campaña hasta hace apenas cinco meses atrás, cuando se presentó ante la sociedad venezolana como un muchacho bueno e inocente que no decía malas palabras, esas que ahora inundan su limitado vocabulario.

Esta estrategia, si bien ha logrado mantener el apoyo de los sectores extremistas de la oposición, también ha servido para alienar a buena parte de la clase media que, según los sondeos de opinión, ha venido trasladando su preferencia política hacia el socialismo bolivariano. Precisamente, el candidato opositor ha debido dirigir su campaña a tratar de cautivar el voto chavista, conciente que éste es necesario para cualquier posibilidad de triunfo, como quedó demostrado en la elección del pasado 7 de octubre. Para ello, Capriles Radonski ha confiscado ideas, símbolos y actitudes de la Revolución Bolivariana: ha bautizado su comando de campaña como “bolivariano”; plagió el símbolo del Bicentenario que caracterizó la campaña del gobierno por los 200 años de independencia; ha incorporado el himno nacional y canciones del cantautor revolucionario Ali Primera; y hasta ha imitado manierismos y expresiones corporales propias del Presidente Chávez. Para el candidato opositor, que participó activamente en el golpe de Estado de abril de 2002, en el sabotaje petrolero de 2002 y 2003, en la sublevación militar de Plaza Altamira, en las guarimbas terroristas y en los procesos antidemocráticos que buscaban el desconocimiento del Gobierno Bolivariano, el Comandante Presidente Hugo Chávez Frías es ahora una referencia histórica a la que solo él puede darle continuidad.

Bajo esa premisa, Capriles Radonski ha diseñado un muy breve “programa de gobierno”, publicado en los medios opositores y su página web, que promete mantener las Misiones Sociales, asegurar las pensiones para personas de la tercera edad, garantizar que la industria petrolera (PDVSA) siga siendo del Estado y continuar el plan estatal de construcción de viviendas, entre otras iniciativas emprendidas por el Comandante Presidente Chávez y la Revolución Bolivariana, y que el propio candidato opositor había criticado duramente cuando no ocultaba su ideología neoliberal.

Efectivamente, en entrevista para el portal Analitica.com, publicada el sábado, 01 de enero de 2000 (http://www.analitica.com/va/entrevistas/8106846.asp) Capriles Radonski cuestiona el carácter “estatista” de la Constitución de 1999 por reservarle al Estado las actividades económicas estratégicas del país, como el petróleo, y distribuir la riqueza de la nación entre los las necesitados. Para Capriles Radonski el Estado solo debe promover la empresa privada y abocarse a la privatización, incluso de PDVSA, la que ahora promete para los venezolanos.

"[La Constitución] es estatista, leámosla, ¿no se sigue reservando el estado las principales actividades económicas? ¿No se sigue con aquello de empresas estratégicas? Aquí lo que hay es que promover la iniciativa privada, promover el desarrollo de los ciudadanos del sector privado. Allí es donde está el futuro del país,” sentencia Capriles Radonski.

“¿Incluso Pdvsa?”, pregunta el entrevistador, quizás sorprendido por tanta franqueza.

“Pdvsa no debía ir constitucionalmente ahí establecido. Si al cabo de 5 años el presupuesto se lo está comiendo la deuda externa o lo que fuera, y tenemos que vender un pedazo de Pdvsa, oye, no creamos que por eso vamos a ser menos nacionalistas, por Dios, es simplemente una cuestión de madurez del país..."

Más adelante, el candidato opositor insiste,

"Yo no veo al estado distribuyendo la riqueza, ese no es el papel del estado. La riqueza se distribuye de abajo hacia arriba, no del estado que está arriba hacia abajo."

Dentro de la misma lógica neoliberal, Capriles Radonski también rechaza que el Estado determine la jornada laboral de los trabajadores venezolanos, señalando su preferencia a no tener límite de horas, o en su defecto mantener la constitución puntofijista en beneficio del sector capitalista.

"¿Por qué se establece una jornada laboral de 45 horas semanales? ¿Qué pasa si aquí queremos ser como los japoneses y queremos trabajar 7 días a la semana? No podemos ¿Por qué no se deja esta decisión en manos de los trabajadores o por qué no se dejó como la del ´61, 48 horas salvo las excepciones que contemple la ley pero no rigidizarlo?"

Aun con este pensamiento claramente neoliberal, y su historial más bien ultraconservador y reaccionario, el candidato de la derecha y extrema derecha pretende erguirse como “progresista”. Tamaña ofensa a la inteligencia del pueblo venezolano solo puede augurar una gran victoria para el Presidente Nicolás Maduro.

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