jueves, 8 de agosto de 2013

La economía del BigMac

Bruno Dobrusin (ACTA)

Estados Unidos está convulsionado estos días. Además de los debates sobre geopolítica, sus políticas de intervención en el resto del mundo, y la persecución a el topo Edward Snowden, el debate interno sobre la creciente desigualdad se magnifica a medida que no mejoran los números de empleo y sí lo hacen los números de los grandes bancos de Wall Street.

Hace dos semanas se produjo la manifestación más importante de trabajadores de locales de comida rápida. En más de 7 ciudades de Estados Unidos, miles de trabajadores protagonizaron una huelga en las puertas de cada local donde trabajan, exigiendo un aumento del salario mínimo a 15 dólares, casi el doble de los 7,25 que cobran por hora en la actualidad; y derecho a sindicalizarse. La industria de las comidas rápidas es una de las que más ha crecido en la historia reciente de Estados Unidos, empleando a más de 5 millones de personas en la actualidad. Algunas de las claves de la industria son los bajos salarios, la prohibición de organización sindical y la proliferación de contratos de tiempo parcial. El reclamo organizado por trabajadores de base de estas ciudades sorprendió a la opinión pública, así como también a organizaciones políticas y sindicales, ya que se organizó de forma independiente de éstas.

A quien no parece haber sorprendido es a una de las compañías centrales de la industria, la globalmente conocida McDonald’s, quien quizás haya logrado mejorar la capacidad de movilización de las protestas a partir de su nueva iniciativa para “ayudar a los trabajadores”.

Mientras estas protestas se llevan a cabo, con esta compañía en el centro de los debates, McDonald’s, en conjunto con la empresa de tarjetas de crédito Visa, publicó y distribuyó entre sus empleados un manual denominado “Su Dinero: Destrezas Prácticas”, el cual se presenta como una ayuda a los empleados para que “logren el éxito financiero”. El manual detalla los mecanismos que debería usar el empleado promedio de McDonald’s para llegar mejor a fin de mes. Además de explicar cómo ahorrar y hacer mejor las cuentas, el manual ejemplifica tomando el presupuesto mensual de un empleado de la empresa. El primer dato es que el presupuesto incluye un segundo trabajo, ya que claramente con el salario mínimo que ofrece la industria (7,25 dólares x 40 horas semanales x 4 semanas al mes: 1100 dólares) no alcanza para sobrevivir. El manual indica que a ese ingreso hay que sumarle un “segundo ingreso”, de similar cantidad (o sea, cada trabajador debería hacer dos trabajos tiempo completo para sobrevivir). A la hora de calcular los gastos, hay datos que son insólitos. Por un lado toma el alquiler promedio real (600 dólares), pero expresa cifras insólitas en otros gastos: 20 dólares por mes en seguro de salud (el promedio en EEUU es de 215 dólares por plan individual); 50 dólares para calefacción (30 dólares si leemos la versión en español del manual, con lo cual deberíamos asumir que un latino en Nueva York gasta menos en calefaccionar su hogar, será por la sangre caliente?); 250 dólares en el auto (no incluye nafta); y otros 200 en electricidad y teléfono. La cuenta total da que a un trabajador promedio de McDonald’s, con otro ingreso además del propio, le quedaría 25 dólares por día para alimentarse. El problema es que esta cuenta no incluye cuestiones claves como el valor real del seguro médico, los gastos en nafta del auto, ni que hablar de los gastos en educación y cuidado de hijos en caso de tenerlos.

En lugar de ayudar, este manual generó indignación generalizada entre los trabajadores de la industria, y terminó siendo un factor importante empujando la protesta. La propia empresa reconoce que no se puede vivir no sólo con un salario mínimo, pero ni siquiera con dos. Un estimativo presentado en el New York Times indica que una familia tipo de 4 personas necesita unos 90,000 dólares anuales para sobrevivir. Es decir, necesitarían 9 trabajos tiempo completo dividido entre cuatro personas, incluyendo los dos hijos.

Esta situación social de EEUU rompe con el mito de la recuperación económica expresada por economistas de diferente matriz ideológica y presentada por el gobierno de Obama. No es que el país no esté creciendo, sino que ese crecimiento se da en los sectores que llevaron a la crisis (especialmente el financiero). En el segundo trimestre de este año, los seis bancos más importantes de Wall Street declararon ganancias históricas, en torno a los 23 mil millones de dólares. La mitad de los bienes totales en EEUU están en la actualidad en manos de sólo 400 personas. Mientras tanto, más ciudadanos caen en la pobreza y el salario real promedio está en su nivel más bajo de los últimos 40 años.

No hay mejor imagen que represente esta situación que la bancarrota declarada por la ciudad de Detroit hace poco más de un mes. Detroit fue el ejemplo de la industrialización en EEUU y de la organización de la clase trabajadora. El centro de la ciudad es hoy prácticamente una ciudad fantasma. Entre el 2000 y el 2010, perdió un cuarto de su población, quedando en la ciudad la mayoría desocupada y viviendo del seguro de desempleo, mientras las grandes empresas se mudaron a otros destinos. Tal como lo anunció el cineasta Michael Moore en su twitter el día de la bancarrota: “Detroit (1701-2013). No llores por nosotros América. El próximo sos vos”.

Bruno Dobrusin es colaborador de la Secretaría de Relaciones Internacionales de la CTA.

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