jueves, 5 de septiembre de 2013

Las vicisitudes de Obama en sus planes contra Siria

Roberto García Hernández (PL)

Los planes del presidente Barack Obama de ejecutar una acción militar contra Siria enfrentan dificultades que obstaculizan, al menos temporalmente, la realización de esa acción bélica.

A pesar de la ofensiva política en el Capitolio y con sus principales aliados europeos y de Oriente Medio, la idea de propinar un golpe contra el país árabe continúa con un bajo nivel de aceptación, aunque el jefe de la Oficina Oval pudiera llevar a cabo la acción sin apoyo legislativo.

En el plano interno, una encuesta reciente del diario The Washington Post y la cadena ABC mostró que 59 por ciento de los estadounidenses están en contra de los planes de Obama contra el país del Levante, mientras 36 por ciento los apoyan.

Los principales líderes del Comité de Relaciones Exteriores del Senado aprobaron, en la noche del 3 de septiembre, un borrador de la resolución que sustenta la estrategia de la Casa Blanca contra el país del Levante.

El presidente de dicha comisión senatorial, Robert Menéndez, y la figura principal de los republicanos en esa instancia, Bob Corker, pusieron como condición que no se utilizaran fuerzas terrestres estadounidenses en las operaciones militares.

Además, Obama debe presentar en un término de 30 días posteriores a la aprobación del texto, un plan para la solución pacífica del conflicto en Siria, añade el documento.

La propuesta legislativa establece también que la operación militar estaría limitada a 60 días, aunque pudiera extenderse a otros 30 si el Ejecutivo argumenta la necesidad de esa ampliación.

Obama sostuvo reuniones en los últimos días con los principales líderes del Congreso, incluyendo el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner y la congresista Nancy Pelosi, líder de la minoría demócrata en ese cuerpo legislativo.

Ambos expresaron su apoyo irrestricto a la decisión de realizar la operación bélica.

En la Cámara de Representantes, de mayoría republicana y con un total de 435 miembros, hasta la fecha solo 16 legisladores -de 200 consultados- expresaron su apoyo abierto a los planes de Obama y otros 60 se inclinan por el no, señaló el diario The Washington Post.

Según la publicación, 32 representantes se manifiestan contra la opción bélica y otros 90 se mantienen indecisos, lo que constituye una muestra del trabajo que todavía tiene pendiente el Ejecutivo para convencer a los miembros del Capitolio, estima el Post.

En el Senado, tres legisladores son contrarios a un ataque militar contra Siria y otros 17 manifestaron que pudieran votar también de forma negativa, mientras alrededor de 60 aseguraron que todavía están indecisos y una veintena apoya la operación bélica.

El Congreso reinicia sus sesiones el próximo 9 de septiembre y se espera que durante la semana valore la resolución de apoyo presentada por la Casa Blanca, que pudiera enfrentar maniobras obstruccionistas si no tiene inicialmente los 60 sufragios que necesita en el Senado para autorizar un voto final en el plenario.

En toda esta discusión tendrá un impacto significativo el llamado loby judío, cuya organización insigne, el Comité Americano Israelí de Asuntos Públicos (AIPAC), anunció el 3 de septiembre pasado su apoyo a la intervención militar de Washington en Siria.

La presencia constante de miembros de la administración en el legislativo es muestra de la incertidumbre por la falta de apoyo a las intenciones del mandatario de castigar al Gobierno de Damasco, al que acusa del supuesto uso de armas químicas, alegación rechazada por las autoridades sirias.

El secretario de Estado, John Kerry, el jefe del Pentágono, Charles Hagel y el presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor de Estados Unidos, general Martin Dempsey, defendieron los argumentos de Obama y sus asesores para la realización de la eventual acción de fuerza contra el país árabe.

Algunos congresistas habían presionado para que todos los integrantes del Capitolio regresen a Washington de forma inmediata, pero los líderes de los partidos y el propio Obama se opusieron a dicha medida y dijeron que no existe mucha urgencia, según el diario The Washington Times.

En medio de esta incertidumbre, Obama emprendió una gira de tres días que incluye una visita a Suecia y su participación en la Cumbre del Grupo de los 20 en Rusia.

Sin embargo, horas antes de partir se reunió con los máximos dirigentes de los comités senatoriales de Servicios Armados, Relaciones Exteriores, Inteligencia y las comisiones homólogas en la Cámara de Representantes.

En el plano militar, Washington continuó la preparación del teatro de operaciones para cumplir sus objetivos.

El buque de transporte anfibio de Estados Unidos USS San Antonio, con centenares de infantes de marina a bordo, se encuentra en las cercanías de las costas de Siria.

Los marines forman parte de la 26 Unidad Expedicionaria (MEU), integrada por más de dos mil 200 militares, que disponen de capacidades de operaciones terrestres y aéreas, para intervenir en áreas de conflicto en plazos relativamente breves.

La MEU está conformada además por el buque de asalto anfibio Kearsarge, actualmente en el golfo Pérsico, y el de desembarco Carter Hall que se mantiene en el océano Índico.

Sin embargo, el Pentágono aclaró que estas fuerzas no forman parte de los planes para una eventual operación contra Siria, que se prevé realizar solo con cohetes crucero Tomahawk, de largo alcance, a bordo de buques norteamericanos en áreas aledañas a territorio sirio.

En los últimos días, la Armada estadounidense reforzó su presencia en la región del golfo Pérsico con el arribo del portaaviones Harry S. Truman, con dos cruceros coheteriles e igual número de destructores como buques escoltas.

Esta agrupación relevará a su similar, del USS Nimitz, pero este a su vez permanecerá en la región hasta nuevo aviso, pues su presencia sería vital en la eventualidad de un golpe militar contra Siria.

Entretanto, militares estadounidenses en activo han expresado serias dudas acerca de las ventajas de un ataque militar contra Siria, debido a las restricciones impuestas al Pentágono por la actual crisis fiscal y el desgaste de los servicios armados en otros conflictos recientes.

Según el diario The Washington Post, más de una docena de oficiales estadounidenses, con rangos desde capitanes hasta generales, mostraron su preocupación acerca de las probables consecuencias de un ataque con cohetes crucero contra objetivos en Siria.

Algunos señalaron que la Casa Blanca carece de una estrategia coherente contra el Gobierno de Damasco, por lo que una eventual operación contra objetivos militares sirios resulta al menos ambigua.

Otros estiman que las proyecciones políticas de los líderes de las bandas armadas que intentan derrocar por la fuerza al Gobierno de Damasco constituyen un peligro para los intereses de Estados Unidos, añade el Post.

Entretanto, Estados Unidos e Israel realizaron el 3 de septiembre una prueba conjunta de lanzamiento de cohetes balísticos desde el centro del mar Mediterráneo hacia la parte oriental y sobre una base militar israelí, información confirmada por fuentes del Ministerio de Defensa de Rusia.

Para algunos especialistas, tal acción tuvo como objetivo realizar una demostración de fuerza, comprobar los sistemas defensivos de las tropas de Tel Aviv y a la vez monitorear la reacción de los medios de defensa antiaéreos sirios y de otros países hostiles a Occidente en la zona.

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