viernes, 28 de febrero de 2014

Estados Unidos no es un juez de los derechos humanos con un historial intachable

Zhu Dongyang (XINHUA)

Pese a ser censurado por falta de introspección y por entrometimiento en los asuntos internos de otros países, el Departamento de Estado norteamericano publicó el jueves su informe anual sobre los derechos humanos.

En los Informes por Países sobre las Prácticas de los Derechos Humanos en 2013, Estados Unidos atacó a casi 200 países, entre los cuales se incluyen China y Rusia.

La publicación de dicho documento, tan elocuente como parece, no es más que una farsa política pues Estados Unidos, con su propio historial imperfecto sobre derechos humanos, no puede considerarse a sí mismo la instancia moral suprema para juzgar a los demás.

El año pasado, el ex contratista de la Agencia de Seguridad Nacional Edward Snowden reveló que el gobierno estadounidense, que durante mucho tiempo se ha autodefinido como defensor de los derechos humanos, ha accedido ilegalmente a los mensajes de correo electrónico y llamadas telefónicas de los ciudadanos norteamericanos y líderes de otros países, incluidos sus aliados tradicionales.

Entre otras violaciones de los derechos humanos se incluyen los numerosos tiroteos en el país y los incesantes ataques con aviones no tripulados en suelo extranjero, causando la muerte de muchos civiles.

Irónicamente, el jactancioso predicador de los derechos humanos no ha accedido a las importantes convenciones de los derechos humanos de la ONU sobre los derechos de los niños, las mujeres y los discapacitados físicos.

Con su inagotable lista, Estados Unidos han hecho la vista gorda sobre sus propias faltas durante mucho tiempo y, en su lugar, critica a otros países.

Haciendo acusaciones morales hacia otros países, Washington pretende disipar la atención del público de sus propios problemas económicos, con una fe ciega en su decreciente glamour de honradez.

Además, la credibilidad e imparcialidad del informe ya han sido puestas bajo duda, dado que las acusaciones están basadas en su mayoría en pruebas fraudulentas o parciales.

No es sensato que el Tío Sam juzgue la actuación sobre derechos humanos de otros países con diferentes condiciones nacionales.

Como país en vías de desarrollo, China ha estado en el camino de mejorar sus prácticas de derechos humanos, incluida la promoción del nivel de vida de las personas y la inversión en proyectos culturales y económicos en áreas habitadas por minorías étnicas, entre otros.

Incluso el propio Washington lo admite en su informe.

China también está dispuesta a discutir sobre cuestiones relacionadas con los derechos humanos con Estados Unidos, y ambos países han establecido mecanismos de diálogo para el intercambio de ideas y la solución de diferencias.

Es recomendable que Washington evite hacer acusaciones erróneas contra China sobre cuestiones de derechos humanos, ya que son perjudiciales para sus esfuerzos por construir un nuevo tipo de relaciones entre grandes potencias.

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