viernes, 14 de marzo de 2014

Los desvaríos de Mario Vargas Llosa

Carlos Angulo Rivas (especial para ARGENPRESS.info)

En estricto cumplimiento con el mandato de los mentores ideológicos de la Fundación Internacional para la Libertad - FIL, Mario Vargas Llosa demoró cuatro semanas para manifestarse a favor de un presunto movimiento estudiantil en Venezuela que, agitado irresponsablemente desde afuera por los grandes emporios monopólicos de la comunicación masiva, lleva la consigna de derrocar a través de la violencia callejera al gobierno constitucional del presidente Nicolás Maduro.

La FIL es presidida por este insólito Nóbel de la Literatura dedicado a la agitación política de corte fascista en América Latina y el Caribe; y sus acompañantes en los eventos de esta organización son conspicuos miembros de la avanzada ultramontana neoliberal, donde se agrupa un zoológico de elementos prehistóricos de la política como por ejemplo José María Aznar, líder del falangismo español heredero del sanguinario dictador Francisco Franco; Álvaro Uribe, ex presidente colombiano vinculado a la corrupción, los carteles del narcotráfico y el paramilitarismo; Carlos Alberto Montaner, prominente miembro de la “gusanera” cubana de Miami, periodista asalariado por la inteligencia norteamericana; Enrique Krauze, historiador mexicano de ultraderecha, defensor del statu quo de la inmensa corrupción en su país; Antonio Ledezma, abogado alcalde de Caracas, ex miembro de Acción Democrática, el partido más inmoral y corrupto de Venezuela, político destacado durante el gobierno del “Caracazo” de Carlos Andrés Pérez.

Por supuesto, Mario Vargas Llosa tiene todo el derecho de asociarse con esta clase de sujetos y otros parecidos en su institución FIL, pero ni él ni sus amistades tienen el derecho de mentir, calumniar y promover la violencia en nuestro continente como lo vienen haciendo en Venezuela y por añadidura en Bolivia, Ecuador, Argentina, Honduras, Paraguay, Colombia, etc. todo aquello sin contar la furia enfermiza contra la revolución cubana y sus enormes logros educativos y sociales. Vargas Llosa coloca el título “La libertad en las calles” a su último artículo sobre Venezuela, y tocaría hacerle una sola pregunta sobre esa “libertad” incoherente de crear el caos. Durante cuatro semanas hemos observado en la TV internacional y por fotos en los periódicos un despliegue minoritario de los llamados estudiantes, escasos contingentes de pobladores enmascarados lanzando cócteles molotov y bombas incendiarias contra los custodios del orden público; hemos observado la construcción de barricadas aisladas protegidas por francotiradores; hemos observado la quema de automóviles públicos y privados; hemos observado ataques armados a los edificios públicos, las quemas de las casetas de boletaje del Metropolitano, también sabotajes a los servicios públicos, etc. ¿A todo este vandalismo liderado por los golpistas contra el presidente Hugo Chávez en el 2002, Henrique Capriles y Leopoldo López, el exaltado escritor llama “La libertad en las calles?”

Se habrá preguntado como simple reflexión, Mario Vargas Llosa, ¿qué pasaría si estas acciones de vandalismo callejero incendiario se ejecutaran en ciudades como New York, Los Ángeles, Madrid, Toronto, Paris, etc. ¿Pensaría que toda esta barbarie bandolera de destrucción es una acción legal de lo que él llama “la libertad en las calles” y que los policías de esas grandes ciudades respetarían esta franquicia libertaria promovida por el exaltado escritor y sus amistades? La historia no es nueva. A Vargas Llosa y sus amigos les importa un comino los muertos y los heridos, igualmente la destrucción de la propiedad pública y privada, pues ellos tienen el auspicio millonario imperial de socavar la democracia participativa de Venezuela y de otros países progresistas de la región a los que sin ton ni son llaman “populistas” por no encasillarse en la horma del neoliberalismo responsable de la crisis económica mundial en Europa y Estados Unidos; y por consiguiente de la falta de empleo y la hambruna en el mundo. En un comentario anterior, referente a este extraño premio Nóbel de literatura manifesté que la decadencia en un escritor es algo difícil de entender, pues algunos sin atenerse a las reservas morales de la humanidad llegan a los desvaríos, no propios de la edad, sino del pensamiento retrógrado contumaz y prehistórico.

Mario Vargas Llosa perdió hace mucho tiempo la noción de justicia social, democracia, equidad y soberanía; y hoy en su diatriba contra el presidente Nicolás Maduro y la revolución bolivariana, agrega a su oscurantismo recurrente el desconocimiento a la institucionalidad del Estado y a las autoridades elegidas de conformidad con la Constitución. En su locura verbal extremista desconoce la legitimidad de un gobierno como el venezolano, surgido de 19 consultas populares nacionales en 15 años, de las cuales sólo una ha perdido por mínima diferencia; desconoce guiado por el aborrecimiento a los pobres la institucionalidad democrática del continente que ha brindado a través MERCOSUR, UNASUR, ALBA, CELAC y la OEA (29 países contra 3) su apoyo al gobierno constitucional del presidente Nicolás Maduro. Con esta apuesta inequívoca por el caos, los desvaríos de Vargas Llosa son más graves de lo que pensamos puesto que él por sí solo quiere llevarse de encuentro a todos los gobiernos de Nuestra América, a los que en un exceso de imprudencia los cataloga en la práctica de débiles mentales con estas palabras: “Lo que es triste, aunque no sorprendente, es la soledad en que los valientes venezolanos ( léase los bandoleros de las “guarimbas”) que ocupan las “Trincheras de la libertad” están luchando por salvar a su país, y a toda América Latina, de una satrapía comunista, sin recibir el apoyo que merecen de los países democráticos o de esa inútil y apolillada OEA (Organización de Estados Americanos).

Como se observa, Mario Vargas Llosa sigue creyendo todavía en los estados monárquicos europeos y en la natural dominación de los ricos sobre los pobres bajo el liderazgo de la “protección” imperial de Estados Unidos; y se equivoca tanto el pobre que niega el derecho a la autodeterminación de los pueblos del mundo y por consiguiente a la paz social y el bienestar general. Para vergüenza de América Latina y el Caribe, Vargas Llosa y sus prontuariados amigos, creen sólo en la democracia y en la libertad cuando ganan ellos las elecciones presidenciales porque cuando las pierden los gobiernos elegidos se convierten automáticamente en “autoritarios” cuando no en “dictaduras” insoportables. Para estos mercenarios de la pluma, excelentemente remunerados, sólo los ricos son los llamados a gobernar un país, ya que todos los demás son incapaces, torpes y borricos, y sus gobiernos son “populistas,” en consecuencia, inaceptables. Bajo esta verdad absoluta e inamovible de las corruptas oligarquías latinoamericanas y sus escribidores, las mayorías nacionales no tienen derecho a pensar, no tienen derecho a aprender, no tienen derecho a desarrollarse, no tienen derecho a decidir, no tienen derecho a escoger, no tienen derecho a gobernar.

En Venezuela la situación es muy clara, a pesar de los deseos apocalípticos de Mario Vargas Llosa y sus proscritos amigos de la FIL, el respaldo popular a la revolución bolivariana llega a un 60 % contra 40% de la oposición; y es cierto, el país está polarizado pero la derecha ha perdido en todas las instancias democráticas llevadas a cabo y no quiere respetar la institucionalidad del país, ni el diálogo ni la paz. Los partidos de la derecha coaligados en la MUD derrotados electoralmente iniciaron campañas permanentes de desestabilización mediante sabotajes a la producción, desabastecimiento de productos básicos, especulación con los precios y guerra económica, además de asaltos a mano armada y crímenes clandestinos. Ahora, inútiles e inefectivos todos estos atentados de la MUD contra la paz social debido a la solidez del proceso bolivariano, sólo apuestan por el derrocamiento violento del gobierno constitucional del presidente Nicolás Maduro, además de cualquier manera incluida la intervención extranjera.

Y Vargas Llosa y sus amigos, junto a los medios de comunicación masiva de los monopolios empresariales y el gobierno norteamericano en pos de recuperar presencia en América Latina y apoderarse del petróleo venezolano, apoyan la subversión caótica de las llamadas “guarimbas” una estrategia violenta y sistemática de agresión a la población pacífica, a la propiedad pública y privada y a las entidades del estado, con el fin de provocar la actuación de las fuerzas policiales del estado para luego acusar al gobierno de violación de los Derechos Humanos y de la represión, atribuyéndole los muertos, los heridos y los presos, a las autoridades del gobierno. Esa es “la libertad en las calles” que de forma insensata, embrutecida y criminal, promueve Mario Vargas Llosa guiado por su odio a los pobres y a la construcción del socialismo del siglo XXI. El escritor inventa una “trágica decadencia social” contra la cual se han levantado los “estudiantes” sin anotar, por supuesto, que la rebelión es sólo de los “pitucos” de los barrios residenciales como los del opulento municipio de Chacao al este de Caracas, acompañados de sicarios y francotiradores asalariados, situación repetida en otras varias localidades del país. La agitación de corte fascista no es por reivindicaciones laborales, por hambre extrema o necesidades sociales, ni por nada que justifique destrozos e incendios, ya que Venezuela es un país altamente calificado (entre los tres primeros de América Latina) por los organismos de la Naciones Unidas (FAO, OMS, UNESCO) en cuanto a alimentación, salud y educación.

Venezuela, gracias al proceso bolivariano, es el quinto país con mayor matrícula universitaria del mundo, siendo el 78 por ciento educación superior pública a cuenta del estado. Hoy con más de dos millones y medio de estudiantes de educación superior, las manifestaciones “estudiantiles” de algunos hijos de papá son más bien grupúsculos de agitadores profesionales de decenas de individuos y como máximo focos de apenas unos cientos de personas exigiendo “papel higiénico” y “cosméticos” para sus mamás, lo cual indica la frivolidad de sus demandas. Vargas Llosa denuncia la falta de libertad de expresión cuando más del sesenta por ciento de los medios de comunicación en Venezuela son monopolios privados dedicados al libertinaje, la maledicencia y la indecencia de mentir con descaro; y que con el mismo descaro la CNN ha propalado imágenes falsas de asesinatos y vejaciones manipulando fotos de la represión de las dictaduras militares de Chile, Uruguay, Argentina, y de las recientes manifestaciones en Europa (Atenas, Madrid, Barcelona) por la falta de empleo. Qué significa la democracia y la libertad para este escritor de fábulas ¿acaso los gobiernos de la plutocracia corrupta latinoamericana como los de Carlos Menen, Salinas de Gortari, Alan García, Álvaro Uribe, Carlos Andrés Pérez, y un largo etc. etc.?

La verdad es que Mario Vargas Llosa no quiere reconocer el derecho del pueblo a gobernarse sin la intervención extranjera colonialista. El gobierno bolivariano ha ganado las elecciones presidenciales del 2012 y 2013; además las elecciones municipales y regionales de diciembre último con 55% de los votos a favor de Maduro mientras los partidos de la derecha participantes de la MUD anticipaban que esta última votación sería un plebiscito contra el gobierno, referéndum que perdieron, ya que 76 % de las alcaldías pertenecen al oficialismo. La gran prensa extranjera invoca al diálogo de manera cínica porque a diario están alentando el caos de las “guarimbas” asesinas contando el número de muertos con la finalidad de “justificar” la intervención del gobierno de Estados Unidos derrotado masivamente en la OEA. Gobierno que haciendo caso omiso al consenso latinoamericano de no-intervención aprueba sanciones contra Venezuela en el senado y quince millones de dólares para defender supuestamente los derechos humanos. El repudiable acuerdo del senado norteamericano atenta contra la legislación internacional, es ilegal por todos sus contornos, pues se trata de una intervención directa de apoyo a las protestas callejeras de elementos asalariados y provocadores profesionales de desmanes y asesinatos, las que Mario Vargas Llosa llama “la libertad en las calles.” La coincidencia del escritor con la postura norteamericana no es de extrañar, pues de ese lado nadie quiere ni el diálogo ni la paz sino la “salida de Nicolás Maduro” del gobierno; en otras palabras se trata del moderno golpe de estado “suave” ya aplicado en Honduras, Paraguay, Ucrania, etc.    

En Venezuela cerca del 45% del presupuesto nacional se aplica a las inversiones sociales. Las estadísticas de la ONU no mienten. Más de cinco millones de ciudadanos han salido de la pobreza, ya no existe el analfabetismo, la salud está cubierta, los servicios públicos han mejorado notablemente, la educación alcanza a la totalidad de los niños, jóvenes y adultos y las escuelas públicas llegan a 350 mil cuando antes de la revolución bolivariana apenas llegaban a 65 mil. No en vano Nicolás Maduro acusa de coordinaciones desestabilizadoras de corte fascista y de violencia premeditada, menos cuando se observa que la ola destructiva va mucho más allá del simple descontento o de la falta de “libertad” entendida por Vargas Llosa y sus amigos de la FIL. El odio de estos sujetos por los pobres es enorme y la rabia contenida se ha desbordado por el éxito total de la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños – CELAC realizada en La Habana, donde los principales jefes de estado con sus visitas personales a Fidel Castro reconocieron la grandeza del líder histórico de la revolución cubana, con el abrazo de no sólo “la historia me absolverá” sino con el más importante aún “la historia le dio la razón” casi sesenta años después.

Carlos Angulo Rivas es poeta y escritor peruano.

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