jueves, 18 de septiembre de 2014

El drama de los menores que emigran solos a España

Virginia Uzal (RIA NÓVOSTI)

Hace tan sólo unas semanas llegaba Fátima a España, una recién nacida que viajó sola en una lancha de juguete desde Marruecos a Tarifa. Al llegar, sin documentación, fue bautizada con el nombre de Princesa por el personal de Cruz Roja y de la Junta de Andalucía. Su caso conmovió a medio mundo. Un destino marcado con tan pocos meses de vida. Hoy, Fátima ya ha recuperado a sus padres, que decidieron embarcarla tras tener un problema con la policía marroquí que les impidió subir a la embarcación. Una decisión rápida, en segundos, podía cambiar el destino de la pequeña.

Este caso es casi excepcional, es muy raro ver a niños de tan temprana edad que viajan sin sus padres. Sin embargo, no es la única menor que ha cruzado sola el estrecho.

La policía española rescataba hace unos días a tres niños en Tarifa de tan sólo ocho y nueve años. Dos de ellos intentaban entrar a España ocultos en los bajos de una autocaravana y el otro, escondido en la turbina de un barco que procedía de Marruecos.



Según las cifras de la Junta de Andalucía, la comunidad que más inmigrantes recibe, en torno a 210 menores llegaron en 2013 sin sus progenitores y pasaron por un acogimiento familiar de urgencia. En 2014, la cifra supera ya los 130.

Según el Gobierno andaluz, en el 80% de los casos suelen ser varones, en el 60% proceden de Marruecos y casi la mitad, tienen entre 16 y 18 años. Según explica Ángel Madero, educador social en los centros de acogida de estos niños, a Novosti "a pesar de que el perfil mayoritario sigue siendo el marroquí, empiezan a llegar más subsaharianos y cada vez más jóvenes".

"Esto cambió en el momento que cambió la legislación, que endureció las condiciones para poder acceder a la documentación. Requerían de más tiempo en los centros de acogida, por eso la edad empezó a bajar hasta situarse en una media de 15 y 16 años, incluso casos de niños de apenas 11 y 12 años que se metían debajo de un camión o un autobús para llegar a España", explica el educador social a Nóvosti.

Madero asegura que a la llegada pasan por un "proceso de duelo", un "momento individual", aunque afirma que depende de cada persona. "Hay una fase muy frecuente, sobre todo al principio, que suele darse en niños marroquíes. Se trata de la idealización de la travesía que han pasado. Cuentan cosas que son mentira pero ellos creen que es verdad, se organizan su realidad de forma que lo que te dicen, se lo creen realmente. En este caso, lo que suele pasar en las primeras fases es que se quieren poner medallas que no son, no reconocen que han pasado miedo o las penalidades que han sufrido. Poco a poco, según van ganando confianza, empiezan a decir la verdad, aunque muchos optan por olvidarlo y vivir en la fantasía porque realmente es muy duro todo lo vivido, pasan mucho riesgo", explica a Nóvosti.

Cuenta como por su centro han pasado desde el año 2000 "cerca de 400 niños y son 400 historias diferentes". "Uno de los chicos, que era de una zona rural de Marruecos, no tenía ni padre ni madre. Sólo tenía un hermano mayor que cuidaba un rebaño. Él decidió cambiar de vida y emigrar a España. Aquí nos encontramos con que el niño no tenía documentación en Marruecos, sus padres no lo habían inscrito en ningún registro. Le ayudamos a sacar documentación y tras mucho tiempo y muchos papeles nos comunican que el hermano menor acabó siendo el mayor. Pasó de tener 14 años a 16, una noticia que él tomó con alegría porque podía trabajar, pero con tristeza cuando llegaron los 18 años y tuvo que abandonar el centro".

Lа forma de entrar a España

Según el educador social la forma más habitual para entrar en España son los camiones. "Ocupan cualquier espacio en los camiones, autobuses o en ferries para poder llegar. Sin embargo, esto depende de la zona de Marruecos. Los chicos del sur, a pesar de ser a priori más pobres, utilizan vías de pago, como suelen ser las pateras".

"Las dos formas de entrar son horrorosas. Hemos tenido conocimiento de chicos que han muerto aplastados por los ejes de un camión, otros que han fallecido asfixiados en cajas porque se han metido en productos que no conocían o se ha movido la carga y lo ha aplastado. En las pateras pasa exactamente igual, un chico del campo de Marruecos que jamás ha visto el mar y su primer contacto es meterse en una barquita y con olas de tres metros. Las consecuencias, muchas veces, son devastadoras", señala Madero.

Los motivos para llegar a España

El motivo que empuja a los pequeños a emprender este difícil viaje es siempre el mismo: buscar un futuro mejor, para ellos y sus familias. "Es también digno de elogio que el beneficio no es personal, siempre piensan en su familia", asegura Madero, a pesar de que muchas veces "emigran en contra de la opinión de sus progenitores".

"Tienen una imagen de España idealizada y cuando llegan se encuentran con la realidad. Además, aunque los avisen de que no es como piensan, no se lo creen, quieren vivirlo, es un sentimiento propio de las migraciones", explica el experto.

Los recortes en España, empeoran la situación

Los niños se quedan en un centro de acogida hasta que cumplen la mayoría de edad. Una vez que tengan 18 años la administración debe velar por la correcta integración del menor y durante tres años más estar pendiente y apoyarlo con programas formativos y para encontrar vivienda. "Estos programas son totalmente deficitarios por los recortes, no existen plazas suficientes y el seguimiento no se hace como se debería", destaca el educador.

"El Gobierno lo podría hacer mucho mejor. Simplemente cumpliendo una máxima que dice la ley: velar por el bien superior del menor. Que todas las acciones que desarrollen sean tratando a los menores como menores y no como inmigrantes. Con eso, ya es suficiente", asegura Madero.

"Los últimos recortes están cambiado los pequeños centros residenciales para seis u ocho niños, que trataban de hacer de la vida lo más familiar posible, en macrocentros donde es imposible hacer una intervención de calidad", explica.

Otro de los problemas con los que se encuentran los emigrantes al salir del centro de acogida, es que tienen un permiso de residencia pero no de trabajo. "Realmente le están diciendo a los jóvenes: "vive pero no comas", afirma el educador. "Para que te den un permiso de trabajo necesitan una oferta de trabajo. Aún así necesitan tramitar el permiso y eso puede tardar meses, por lo que tienen que encontrar un empresario que esté dispuesto a esperar tanto tiempo, algo que no suele ocurrir y terminan buscándose la vida en la calle", explica. "La administración española no facilita la integración, aunque muchos funcionarios intentan hacer lo posible para agilizar los procesos, se encuentran con muchas barreras y el perjudicado siempre es el niño".

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