jueves, 25 de septiembre de 2014

España: Una Marea Roja de Ciencia en La Noche de los Investigadores

David García Aristegui (LA MAREA)

Una de las últimas Mareas en crearse después de la explosión del 15M fue la Marea Roja de Ciencia. Lo tardío de la aparición de la Marea Roja podría atribuirse a que el sector científico adolece de un persistente elitismo, que históricamente le ha impedido poder trascender las luchas meramente corporativas (el poco seguimiento de las huelgas generales en el sector es un ejemplo), además de no lograr movilizar a una parte fundamental de los trabajadores del sector: personal de mantenimiento, limpieza, administración, cantina, etc.

Muchas veces en los medios de comunicación queda la imagen de que el problema de la ciencia es únicamente la falta de financiación de los científicos titulares (normalmente funcionarios con plaza) y que la precariedad de la carrera científica y todas las externalizaciones y EREs que se producen en los centros de investigación son algo secundario. Otro aspecto mediático de los problemas en el sector es la llamada fuga de cerebros, que en realidad está relacionada con un problema mucho más profundo que la simple falta de financiación: esa fuga es uno de los efectos más visibles de un modelo que comienza a estar agotado.

Afortunadamente, la autopercepción de los científicos parece ir cambiando. En su texto La ciencia vendida, el Doctor en Ingeniería Telemática Víctor González Barbone planteó una visión de la ciencia alejada de los clichés habituales, no enfocada como si existiera al margen del resto de la sociedad: “El científico es hoy un nuevo proletario, más sutilmente manejado pero igualmente presionado por la producción, el despido y la presencia de un ejército profesional de reserva”. González Barbone incide en que “convertidos los científicos en asalariados compitiendo entre sí por la conservación de su puesto, limitados sus ámbitos de trabajo por una financiación de objetivos preeminentemente lucrativos, la ciencia deja de existir como interpretación, explicación del mundo y modelo de conducta moral”.

Antes aludíamos a un modelo de ciencia agotado en España, y como alerta el físico y sociólogo Brian Martin, “para desarrollar una visión alternativa de la ciencia es necesario, en primer lugar, tener una visión alternativa de la sociedad”. En la actualidad sufrimos los explosivos efectos de la aplicación de los dogmas liberales en todos los ámbitos de lo público. Por ejemplo, la educación no tiene por qué ser rentable, lo importante es que debe formar al máximo número de personas y ser de calidad. La sanidad tampoco tiene que ser rentable, tiene que ser universal y curar o al menos paliar el dolor de las personas. Finalmente, la ciencia nunca ha sido rentable y esto era algo ampliamente asumido. La investigación científica, si realmente quiere seguir cumpliendo el papel que ha jugado hasta ahora, no debe estar regida por criterios comerciales y mercantilistas. Una ciencia mercantilizada es una ciencia sin futuro.

Por tanto, el día 26 de septiembre y coincidiendo con La Noche de los Investigadores todo el personal de mantenimiento, limpieza, administración, cantina y resto de trabajadores del sector científico (doctores, doctorandos, técnicos y becarios), al igual que los trabajadores del sector en paro, están convocados para defender un modelo de ciencia pública, que se desarrolle en unas condiciones laborales dignas y cuyos resultados estén al servicio de la sociedad y no de intereses corporativos. Una ciencia por y para el pueblo, no una investigación orientada a cuadrar las cuentas de las grandes farmacéuticas o las necesidades del complejo militar-industrial. Una Marea Roja de Ciencia en el escaparate electoral llamado La Noche de los Investigadores.

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